## I. IntroduCCión
a profesionalización de los ejércitos argentino y mexicano, suscitada a mediados de los siglos XIX y parte del XX, se ha estudiado ampliamente desde la perspectiva política.'[^1] La formación de oficiales dedicados a la carrera de las armas también se caracterizó por el impulso de múltiples actividades intelectuales, cuyas huellas las encontramos reflejadas en revistas, libros, manuales, normativas y otros ejemplos de cultura escrita,2 que los oficiales de ambos países dieron a las prensas, con el fin de que sus reflexiones o los esfuerzos de sus investigaciones circularan entre sus contemporáneos. De esta forma, pensaban contribuir en la mejora de sus respectivas instituciones.
Dicho con otras palabras, varios de los estudios vertidos a la letra impresa se enfocaban en incidir sobre la cultura organizacional de las mencionadas fuerzas armadas. De acuerdo con Leonard Wong y Stephen J. Gerras, la expresada cultura analiza patrones de suposiciones compartidas, que las agrupaciones castrenses aprenden y sistematizan mientras resuelven problemas.[^3] Las soluciones con un funcionamiento positivo se validan, una vez verificadas se enseñan a los miembros nuevos o veteranos de la institución como la forma correcta de afrontar una determinada situación.3 La alusión a dificultades por superar no implica una condición negativa; más bien se trata de comprender un entorno dinámico, en constante transformación que requiere de innovaciones teóricas, técnicas y tecnológicas; es necesario tener en cuenta que los ejércitos, con todas las subculturas que engloban, son instituciones, donde se generan innumerables experiencias y muchas, por su relevancia, se comunican a la mayor cantidad posible de sus miembros.
Para ilustrar cómo contribuían los oficiales profesionales de Argentina y México a la consolidación y mejoramiento de lo organizacional en sus respectivos ejércitos, aquí explicamos la formulación y la publicación de los trabajos sobre inteligencia militar, escritos por José E. Rodríguez, quien formaba parte del ejército argentino, y las reflexiones alrededor de estrategia e historia militar, realizados por Miguel Ruelas, integrante del ejército mexicano. Tanto Rodríguez como Ruelas eran colaboradores de las revistas militares que circulaban en su época; el primero escribía para la Revista del Círculo Militar (en adelante RCM) y Ruelas, para la Revista del Ejército y la Marina (REM). Sus trabajos publicados estaban sustentados en actividades que realizaban en sus respectivos planteles: Rodríguez dio a las prensas parte de sus notas que realizó durante su curso de oficial de Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra y Ruelas sacó a la luz pública algunas de las lecciones que impartía como profesor en el Colegio Militar y en la Escuela Militar de Aspirantes, institución donde fue director. Parte de los artículos de Rodríguez y Ruelas, incluso, se transformaron en libros. De esta manera, el conocimiento que se generaba con el objetivo de modernizar a los ejércitos argenino y mexicano circulaba en un complejo circuito comunicativo.[^14][^4]4
Así, en la presente propuesta abarcamos tres aspectos: comenzamos con un panorama sobre los impresos castrenses argentinos y mexicanos de principios del siglo XX, subrayando el contexto de las revistas donde colaboraban Rodríguez y Ruelas; después describimos los aportes de Rodrígues sobre inteligencia militar que el oficial argentino formuló, a raíz de sus recorridos por la cordillera de los Andes, en la provincia de Mendoza; y, finalmente, nos enfocamos en los trabajos de historia militar y estrategia, escritos por Ruelas cuando se desempeñó como profesor.
## II. Semblanza Sobre Los Impresos Militares
La década de 1900 fue de cambios profundos para los ejércitos latinoamericanos. Las fuerzas armadas de Argentina y México experimentaban un proceso de modernización, cuyos principales artífices eran los titulares de las carteras de Guerra: Pablo Riccheri, en el país sudamericano, y Bernardo Reyes, por parte de México.o Lo educativo también se transformó; por ejemplo, en la república rioplatense surgió la Escuela Superior de Guerra, inaugurada en 1900. Su creación atendía a la necesidad de que el ejército contara con un plantel para formar a sus oficiales de Estado Mayor; es decir, a sus propios especialistas en estrategia y conducción de tropas, pues hasta entonces los oficiales argentinos debían estudiar esta clase de cursos en academias europeas. La Escuela Superior de Guerra tuvo un impacto fundamental, pues ampliaba los mecanismos de superación para quienes no podían viajar a Europa y, al mismo tiempo, el ejército tenía la posibilidad de profecionalizar a más oficiales para su Estado Mayor y a menor costo.
Asimismo, en el año de 1900 hubo transformaciones significativas en el ejército mexicano. Bernardo Reyes impulsó algunos cambios en los planes de estudio del Colegio Militar; pretendía que los oficiales de armas y los facultativos (denominados así los que realizaban estudios en Estado Mayor, artilleros e ingenieros) adquirieran una educación técnica, que les permitiera resolver los problemas más acuciantes de la
- 5 Una parte importante del presente apartado se retomó de Salazar, "Revistas e impresos", 2023, pp. 179-186, versión digital en: https:// bitly.ws/36coo
- 6 El entonces coronel Pablo Riccheri (1859-1936) estudió en el Colegio Militar, ubicado en ese tiempo en Palermo, se especializó en la Escuela de Guerra de Bélgica y realizó distintas comisiones en Alemania, Francia y Suiza. A su regreso a Argentina, en 1900, se le designó ministro de Guerra. Martínez, Riccheri, 1995, pp. 35 y 42-43. Por su parte Bernardo Reyes (1850-1913), inició la carrera de las armas en 1864, cuando se enlistó para luchar contra la Intervención francesa. Con el tiempo, adquirió prestigio militar mediante su participación en la pacificación de varias regiones del país y mostró dotes de político, incluso se ganó la confianza de Porfirio Díaz, quien lo impulsó como gobernador de Nuevo León. En 1900 su carrera estaba en su apogeo y se le nombró secretario de Guerra, ya en esta posición tuvo conflictos con José Yves Limantour, lo cual, en parte, propició su renuncia de dicha Secretaría. Guerra, México, I, 2010, p. 91.
- Picciuolo, Historia, 2000, pp. 3638 y 65.
institución.o Poco tiempo después, se fundó la Escuela Militar de Aspirantes, un establecimiento dedicado a la formación de oficiales tácticos, aquellos encargados de conducir tropas, con el fin de subsanar la carencia de estos especialistas, puesto que gran parte de los egresados del Colegio no desempeñaban sus servicios en filas.
La presencia cada vez mayor de oficiales de carrera y el surgimiento de planteles educativos representaron catalizadores de la actividad intelectual en ambos ejércitos. Como profesionales requerían medios de expresión específicos: las revistas se constituyeron en ese espacio que aglutinó el pensamiento de los sectores militares ilustrados de la época. En Argentina, se comenzó a editar hacia el 1900 la RCM, una publicación costeada por el Club del Círculo Militar, organización que no formaba parte de la orgánica del ejército argentino; era una asociación conformada por militares de distinta jerarquía, fundada sobre las bases del Club Naval y Militar, institución creada en 1881 por el general Nicolás Levalle (1840- 1902).o Este Club se proponía fomentar la actividad intelectual entre los miembros del ejército, ya fuese con la difusión de información en torno a innovaciones castrenses y temas que debían revisar, para presentar sus exámenes, los aspirantes a ingresar a la Escuela Superior de Guerra.1o De esta manera, en su inicio, la RCM era un medio informativo y una especie de guía de repaso.
La REM de México surgió en 1906, como un impreso oficial de la Secretaría de Guerra y Marina, cuya edición quedó a cargo de los Talleres del Estado Mayor.11 La REM, en contraste con la RCM, se planteó como un órgano informativo, el cual difundiría las reflexiones escritas por los oficiales mexicanos; asimismo, dedicaría un espacio a textos extraídos de periódicos extranjeros; así, se consideró dividir al impreso en cuatro secciones: Artículos originales y traducciones, Noticias Militares, Bibliografía y Correspondencia con los oficiales.12 Los apartados se mantuvieron sin modificaciones hasta que en 1914 se agregó uno nuevo, se le denominaba sección amena, cuyo fin consistía en divulgar cuentos, fragmentos de novelas y poemas de temáticas castrenses.1 Aunque el plan original de la REM no aludía a una vinculación con las instituciones educativas, en la realidad tenían una estrecha relación, pues la mayoría\_ de sus colaboradores impartían clases en algún plantel castrense y sus escritos estaban basados en sus notas de clase.
El Círculo Militar no contaba con talleres tipográficos propios, siempre encargó la impresión de sus obras a particulares, incluidos la RCM y los libros de sus distintas colecciones, como la "Biblioteca del Oficial", fundada en 1918 por el entonces teniente coronel Rodolfo Martínez Pita.14 A diferencia de México, donde las Secretarías de Estado contaron con sus imprentas,15 en Argentina las instancias de gobierno se mantuvieron al margen del crecimiento de la industria editorial, que se expandía a pasos agigantados en el país sudamericano, pues en 1914 había 323 imprentas en territorio rioplatense.16 La RCM salía de las prensas bonaerenses y varios libros sobre materias castrenses, escritos por autores argentinos, y de otra índole, solían editarse en casas editoriales de París, Roma y Leipzing.17
La RCM, al igual que la REM, se canjeaba con ejércitos extranjeros, se enviaba a los agregados militares y se distribuía a suscriptores. El tiraje de la revista argentina, durante la década de 1910, alcanzaba los 700 ejemplares mensuales.18 Por su parte, la REM, en 1914, alcanzaba los 2,833 ejemplares mensuales.1o Desde el punto de vista estadístico, la cobertura del impreso mexicano era cuatro veces mayor que su similar sudamericana. Las fuentes disponibles hasta el momento nos impiden explicar si la REM tuvo mayor circulación y más lectores que la RCM, debido a su tiraje mayor; pero este indicio resulta insuficiente, porque no contamos con listados de suscriptores, los cuales permitirían inferir el perfil de los personajes que en realidad eran lectores y, a su vez, se tendría certeza de a quienes se les obsequiaba, solo por ser funcionarios.
Aunque no hemos podido documentar cómo se leyeron la RCM y la REM, sus propósitos estaban orientados a contribuir con la modernización educativa de los ejércitos aludidos; por lo tanto, se abocaron en la difusión de diversos saberes castrenses, se daba cabida tanto a artículos originales escritos por los oficiales locales como a traducciones de distintas informaciones provenientes de libros, revistas, boletines y otros impresos en lenguas extranjeras.2 De esta manera, ambas revistas difundían desde noticias sobre la construcción de un cuartel en los Andes o la inauguración de una fábrica de cartuchos en Tlapan hasta artículos de innovaciones tecnológicas en aeronáutica y submarinos. Aunado a lo anterior, se difundían textos que sistematizaban conocimientos; sobre este aspecto nos centraremos: primero hablaremos sobre los escritos de José E. Rodríguez en torno a la inteligencia y después abarcamos las reflexiones de Miguel Ruelas alrededor de la historia militar y la estrategia.
## III. José E. Rodriguez: Sus Publicaciones Sobre Inteligencia
Los impresos constituyen un factor esencial para la comunicación de ideas entre sectores profesionales, ya esbozamos los objetivos y alcances de la RCM y la REM, publicaciones periódicas que se vincularon con los ámbitos educativo y profesional. Para especificar cómo se establecían estos nexos, nos acercaremos a las contribuciones realizadas por José E. Rodríguez, oficial de infantería del ejército argentino. Los primeros trabajos publicados por Rodríguez en la RCM eran sobre inteligencia militar y táctica. El contenido de sus escritos, tanto libros como artículos, estaban fundamentados en sus experiencias que registró durante sus prácticas de fin de cursos, cuando estudió en la Escuela Superior de Guerra y como oficial en los cuarteles de la provincia de Mendoza.
Rodríguez ingresó al ejército, en calidad de "soldado distinguido", el 5 de abril de 1885; así, iniciaba su trayectoria en el $3 ^ { \circ }$ batallón de infantería, establecido en Posadas, la capital de Misiones.2 El joven Rodríguez, originario de Mburucuyá, localidad de la provincia de Corrientes, poco antes de su ingreso a filas, envió una solicitud para efectuar el examen de ingreso al Colegio Militar de la Nación, en Buenos Aires;22 sin embargo, no hay evidencia en su expediente de que su petición haya obtenido siquiera una respuesta; por lo tanto, desconocemos el motivo por el cual este personaje no estudió en la mencionada institución educativa. Al no acceder a las fuerzas armadas por la vía escolarizada, se presentó a un batallón como voluntario.23
El nombramiento de "soldado distinguido" se otorgaba en los batallones y regimientos a quienes aspiraban a convertirse en oficiales del ejército. Los cuerpos de combate también formaban a los mandos medios. De esta manera, contribuían al reclutamiento de oficiales; eran una alternativa al Colegio Militar, ya que este plantel contaba con cupo insuficiente para dar cabida a todos los aspirantes a estudiar la carrera de las armas. Dicho modelo de reclutamiento funcionó por intervalos a lo largo del siglo XIX y dejó de funcionar en 1902. A los aspirantes a "soldado distinguido", se les solicitaba tener dieciséis años como mínimo y máximo, veinticuatro; aparte debían comprobar que contaban con estudios en un colegio nacional, ya fuesen de bachillerato o de escuela normal; por último, se les exigía una excelente condición física.24 Cuando Rodríguez ingresó al batallón $3 ^ { \circ }$, se especificaba que su oficio era el de empleado; pero no se aludió a su preparación académica.25 Es poco probable que en su localidad de origen haya cursado los estudios de requisito, pues en 1882, momento en que solo contaba con trece años, las escuelas de nivel secundario establecidas en Corrientes apenas tenían inscritos 75 alumnos;26 a su vez, el único bachillerato de la provincia se encontraba en su capital;7 por ende, pensamos que no cumplía con los requerimientos escolarizados de su nombramiento; pero se comprende que fuese "soldado distinguido", porque también escaseaban aquellos con estudios secundarios.
Desde su ingreso a filas, Rodríguez participó en múltiples operaciones. El año en que ingresó marchó a Ituzaingó, a casi 100 kilómetros de Posadas. El motivo del desplazamiento era sofocar la rebelión del coronel Toledo, quien se sublevó contra el gobernador de Corrientes. Para combatir la asonada, también marcharon tropas desde Formosa, capital de la provincia homónima. Los movimientos de los batallones $3 ^ { \circ }$ y $7 ^ { \mathrm { o } }$ fueron suficientes para disuadir a Toledo, el rebelde desistió de continuar con su movimiento y huyó hacia Paraguay; abandonó a sus soldados, los cuales optaron por dispersarse. Después del fallido levantamiento armado, el $3 ^ { \circ }$ batallón de infantería estuvo implicado en varias intervenciones en distintas provincias, ordenadas por el gobierno nacional, de acuerdo con lo establecido en el artículo $6 ^ { \circ }$ constitucional. Se destacaron las de Monte Caseros, Corrientes, Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán; todas efectuadas entre 1886 y 1894.29
Aunado a sus experiencias concernientes a la seguridad interior, Rodríguez también contribuyó con el adiestramiento de conscriptos. En 1895, se promulgó la ley 3318, también conocida como la ley de Organización del Ejército de la República. A grandes rasgos, se proponía que los militares de línea impartieran instrucción de campaña para la guerra a ciudadanos y a las guardias nacionales, pues estaba latente un conflicto armado contra Chile. El fin radicaba en unificar tácticas de combate dentro de las fuerzas armadas. Para lograrlo, a partir de marzo de 1896 se organizaron numerosos campamentos en el país. El primero, que funcionó como prueba piloto, se estableció en Curá-Malal, cerca del poblado de Pigüé, provincia de Buenos Aires; después, se erigieron otros centros de entrenamiento, destacando los de Tucumán, Salta, Catamarca, La Rioja y otros.o Uno de los campamentos se instaló en Dean, Santiago del Estero, donde nuestro personaje fungió como instructor. El centro de entrenamiento de Dean comenzó a funcionar en mayo, fecha cívica que no pasó desapercibida. Rodríguez describió el inicio de las actividades conmemorativas correspondientes al aniversario del inicio de la lucha por la Independencia:
[...] levantose en el campamento un altar de campaña para oficiar la misa y cantar el Te-Deum; la cátedra sagrada estaba a cargo del eminente padre Becco, los padrinos de la ceremonia debían ser el gobernador de la provincia y el jefe de la brigada.
Al toque de diana la brigada formó en línea desplegando frente al naciente; la primera luz del día fue saludada por tres descargas de fusilería por batallón, la banda del $3 ^ { \circ }$ de línea entonó el Himno Nacional mientras los regimientos presentaban las armas en homenaje al grandioso recuerdo.31
El campamento funcionó a lo largo de 60 días y los reclutas tuvieron oportunidad de mostrar el resultado de su adiestramiento al ministro de Guerra, el ingeniero Guillermo Villanueva. Con motivo de la visita del mencionado funcionario de Estado, el comandante de la brigada, el coronel Rosendo Fraga, ordenó que se realizara un simulacro de combate ante el visitante. El ejercicio consistió en que se representara el avance de una pequeña fuerza en territorio enemigo, la cual antecedía la marcha de un cuerpo de combate mucho más numeroso; el objetivo de los combatientes de vanguardia consistía en "efectuar un reconocimiento ofensivo". Para cumplir con su misión, primero debían burlar a un grupo de vigilantes y, después, debían transitar por un puente, defendido por una compañía enemiga. Las maniobras resultaron satisfactorias tanto para el ministro como para el coronel Fraga.32
Todavía en el marco de las tensiones con Chile, para 1898, ya con el grado de capitán, Rodríguez efectuó una breve estancia en el Colegio Militar. Su expediente no contiene información precisa sobre qué comisión desempeñó en el plantel educativo;33 pensamos que, probablemente, estudió algunas asignaturas, con el fin de perfeccionarse como oficial. Dos años más tarde se le presentó la oportunidad de mejorar sus habilidades profesionales, puesto que en 1900 se fundó la Escuela Superior de Guerra, la cual ofertaba estudios de especialización para oficiales de las armas, que estuvieran encuadrados en las unidades de combate o en los institutos educativos. La Escuela tenía como prioridad captar a capitanes y tenientes primeros; aunque, también podían acceder a sus cursos, a manera de "oyentes", oficiales con rangos superiores. Los requisitos solicitados a los aspirantes eran haber alcanzado las jerarquías mencionadas, experiencia de al menos dos años en unidades de tropa, contar con un buen concepto de sus superiores y aprobar el examen de selección.34
Los programas de la Escuela tenían una duración de dos años. De manera oficial, iniciaban en abril de 1900 y concluían en noviembre de 1901. Rodríguez formó parte de la primera generación de militares que estudió en dicho plantel; sin embargo, su nombre no apareció entre los egresados.35 Desconocemos el porqué no figuraba en esa lista, ya que en 1904 el director de la institución, el entonces teniente coronel Ángel P. Alleria, a la postre ministro de Guerra, firmó su certificado; especificaba que el oficial había exentado de manera satisfactoria sus asignaturas; además, refirió su notable desempeño en las "campañas de instrucción práctica que se llevaron a cabo en el mes de diciembre de 1900 en la Provincia de Entre Ríos y en Diciembre de 1901 en la Provincia de Mendoza".36 Cabe subrayar que los oficiales en instrucción debían realizar ejercicios de reconocimiento en zonas del interior y elaboraban informes escritos a manera de evaluación final; de esta manera, Rodríguez aprobó el programa al explorar las provincias mencionadas. Una vez terminada su estancia en la Escuela, se le incorporó al Estado Mayor General del ejército, donde permaneció hasta 1904. Durante su servicio en este organismo técnico, continuó con sus recorridos por la cordillera de los Andes, bajo la dirección del general Ignacio Garmendia.37
Los apuntes que Rodríguez realizó no se limitaban a la descripción de los accidentes geográficos que observaba; transformó sus notas en un método para obtener información en campo; es decir, sus trabajos se orientaban en el desarrollo de técnicas de Inteligencia. Los expertos en esta disciplina debían considerar dos principios: las condiciones generales de un lugar y sus recursos naturales. El primer aspecto implicaba reunir información tanto del entorno geográfico como de las sociedades que lo habitaban; así, los informes referían desde los accidentes del terreno más notorios hasta aspectos socioeconómicos y políticos; esto concernía a la "Inteligencia estratégica".38 El segundo princicpio consistía en identificar las líneas de comunicación (caminos, puertos, etc.) y los recursos naturales disponibles en un territorio determinado, como agua, forrajes, leña, etc. Dicha información se empleaba para planear movimientos de ataque, defensa y retirada de una fuerza en campaña. Debido a que estos datos orientaban las acciones de un grupo armado sobre el terreno, se le denominaba "Inteligencia táctica".39
Si bien el entonces capitán Rodríguez, quien recorrió la cordillera de los Andes en 1901, tenía la intención de aprobar sus cursos de la Superior de Guerra; al mismo tiempo, contribuía con la elaboración de un plan de defensa para Argentina, ante la posibilidad de un conflicto contra Chile. El director de la escuela, el general Adolfo Arent, comisionó a Rodríguez para que formulara un plan de defensa, en caso de que el ejército chileno incursionara por la región andina. Rodríguez debía presentar una solución ante el siguiente escenario:
La guerra contra Chile está declarada.
Un dest[acamento] Chileno compuesto de 2 R[egimientos] de C[aballería], 1 B[atallón] de I[nfantería] montada y dos piezas de a[rtillería] se ha encontrado el 2 XII, con una fuerza argentina en el Paramillo de las Cuevas que se retiró con dirección de Uspallata.
El 3 XII recibe el J[efe] del dest[acamento] argentino ocupa una posición muy fuerte en el Paramillo de las Vacas y resuelve envolver a esta posición. El J[efe] da la orden a los capitanes Rodríguez y Vacarezza de reconocer el camino que conduce desde punta de Vacas al paso de los Patos.40
Como se aprecia, el escenario indicaba las posiciones de ambas fuerzas en conflicto y señalaba la intención del comandante argentino de defender el terreno ocupado, "el Paramillo de las Vacas". Para determinar la factibilidad del plan, los dos capitanes mencionados deben identificar cómo las fuerzas del enemigo pueden atacar el punto fortificado por las tropas argentinas. Debido a que el ejercicio requería de una respuesta rápida y concreta, ya que se simulaba una situación de guerra, Rodríguez refirió en la solución del problema que no había sido posible concretar la totalidad del recorrido de exploración, porque había rutas obstruidas por la nieve. Agregaba que el sitio defendido se encontraba bien resguardado y la única vía por donde las fuerzas chilenas los podía sorprender era por un corredor conocido como Quebrada Fiera; pero Rodríguez aseguraba que las operaciones de ataque eran dificultosas en ese lugar, porque la nieve también obstruía los pasos importantes, así proponía enviar un destacamento a dicho punto, para detener el avance del enemigo; además precisaba cómo colocar a los efectivos, con el fin de aprovechar las ventajas del terreno.41
La exposición escrita del oficial estaba acompañada de un croquis, dibujado a una escala de 1 a 100,000. El documento precisaba los lugares tácticos relevantes para la defensa, que se localizaban entre Punta de Vacas y Paso de Patos, una zona aledaña a los Andes. A su vez, Rodríguez apuntaba que los mapas empleados por el Estado Mayor para efectuar ejercicios similares tenían un grave error, porque representaban hacia el Este una senda transversal que distaba 32 kilómetros de Punta de Vacas y desembocaba en este sitio; el oficial verificó que dicho camino no existía; se trataba de Quebrada Fiera, la cual se encontraba a una distancia mucho menor de lo que indicaban los registros anteriores; esto es a 12 kilómetros. El yerro fue subsanado.42
Para Rodríguez era fundamental que un informe de reconocimiento contara con un buen croquis, ya que "por ese medio el que recibe un parte le bastará para orientarse una mirada sobre el diseño, en vez de leer primero el informe y recurrir después a la carta que posea para hallar los puntos indicados".43 Claro está que un croquis en forma, como el que elaboró para resolver su ejercicio de táctica en la Escuela Superior de Guerra, sí concentraba la información geográfica necesaria; por lo tanto, el escrito explicativo de la imagen se podía consultar aparte.
Parte de la información que Rodríguez obtuvo a lo largo de sus trabajos de exploración, la publicó en una serie de artículos difundidos en la RCM, aparecieron con el título de "A través de la Cordillera".44 Sin duda, sus apreciaciones expuestas en el impreso militar se inspiraron en sus apuntes de campo e, incluso, en los mismos informes que entregó a la Escuela Superior de Guerra y al Estado Mayor. Su expediente, en la actualidad, no contiene los manuscritos de los recorridos realizados, simplemente se conservan los croquis que acompañaban a los textos, uno de ellos ya lo mencionamos líneas atrás, correspondía al problema hipotético planteado por Arent; además de este, existía otro dibujo: se trataba de un itinerario que describe la región de Neuquén. Esta última ilustración apareció con los artículos en la RCM. Los dos croquis estaban antecedidos por un breve índice, el cual indicaba siete temas: los primeros cinco referían los lugares estudiados por el capitán Rodríguez, aledaños al lago Nahuel-Huapí; los últimos dos se titulaban "Temas dictados sobre el terreno", eran posibles soluciones a problemas tácticos, como el que mencionamos.45
En torno a una exploración que realizó por los Andes en 1901, Rodríguez mencionaba: "Expedicioné a los boquetes de Perihuérico e Ipela, levantando un itinerario de marcha. Regresé a la Escuela S[uperior] de Guerra presentando a la Dirección los croquis y memorias del reconocimiento efectuado, siendo felicitado y elevado al Estado Mayor".46 Las observaciones derivadas de este viaje, al menos en parte, aparecieron en la RCM; sin embargo, no hizo referencia en el mismo impreso sus apreciaciones que tuvo durante un segundo viaje a la misma región, ya que, a diferencia del anterior, el carácter de la misión implicaba la seguridad nacional. El oficial refería:
Acompañando al Sr. Jefe de Estado Mayor [general Ignacio Garmendia] hice un viaje de reconocimiento a la zona central de la Cordillera [de los Andes] redactando una memoria elevada al Ministro. Estando en la Secretaría de Estado Mayor me ha sido encomendada por el Sr. Jefe un plan laborioso de defensa de la zona central de la Cordillera siendo elevado el trabajo al Ministerio como bueno.47
Así, debido a que se le encomendó formular un plan de defensa con base en la información recabada, era evidente que la confidencialidad de la situación le impedía publicar cualquier dato en algún medio impreso. En contraste, parte de sus trabajos que llevó a cabo, como parte del programa de formación de la Escuela Superior de Guerra, sí los sacó a la luz pública; los artículos de "A través de la Cordillera" presentan un detallado análisis sobre los accidentes geográficos, la ubicación de los cuarteles militares y las actividades humanas locales. El autor comenzó por explicar las características generales del río Neuquén y resaltaba su confluencia con el río Negro. Aparte, fue cuidadoso al mencionar el mal estado de las comunicaciones terrestres, ya que tuvo grandes dificultades para transitar de un poblado llamado Fuerte Roca, donde se encontraba el límite del ramal ferroviario del occidente argentino, hasta otro poblado denominado San Martín de los Andes, pues su trayecto duró trece días a caballo.48
La capacidad de observación demostrada por Rodríguez se reflejaba en el meticuloso registro de múltiples poblados, las principales características de los afluentes, las irregularidades del terreno; los caminos de herradura y otros factores significativos para la táctica militar. Su mirada experta, incluso, no pasó por alto la inadecuada ubicación de las instalaciones del 3er regimiento de caballería, unidad establecida en San Martín de los Andes. Desde su perspectiva, este cuartel se colocó en un área que solo resguardaba a las tropas "contra los vientos glaciares de invierno", pues se hallaba en una pequeña depresión; por lo tanto, al estar por debajo del relieve, las maniobras de los soldados se dificultaban, si se les requería para afrontar alguna eventualidad.49
Las actividades productivas también formaron parte de sus escritos. Mencionó, a grandes rasgos, las labores agrícolas, realizadas por colonos militares; al mismo tiempo, resaltaba la convivencia pacífica que los nuevos agricultores mantenían con la etnia indígena curuhuinca, cuyo poblado se encontraba cerca de San Martín. Rodríguez recibió una invitación para visitarlos; realizó unas breves notas en torno a sus cultivos y a su práctica ganadera; pero amplió su testimonio cuando fue el momento de compartir los alimentos:
Alli [norte del lago Lacar] tuve ocasión de conocer de visu algunas costumbres de los indios, ya civilizados y laboriosos a la sazón: un almuerzo compuesto de un cordero, tortas, papas asadas al rescoldo, queso, vino y ensalada de lechuga, servido por dos bellezas indias de 15 y 16 años vestidas con una túnica tejida con lana de guanaco y cinturón con broche de plata, sobre la que ostenta con gallardía un chamal de percal, especie de capa con cuello a lo Luis XV que les cae desde los hombros hasta los pies, sostenida sobre el pecho con un largo alfiler con gran cabeza de plata, que le sirve de puñal en caso necesario, grandes aros en las orejas y sortijas del mismo metal en los dedos.50
El fragmento resaltaba el comportamiento civilizado de los indígenas, expresado en su manera de vivir y trabajar, la variedad de sus alimentos (producidos mediante la agricultura y la ganadería) y la vestimenta de las adolescentes. Como hombre de su época, José E. Rodríguez manejaba la dicotomía conceptual de barbarie y civilización, conocía los trabajos de Faustino Sarmiento, el autor del Facundo, un autor incluso citado por José Ingenieros en su Sociología argentina, obra donde se sostenía la tesis que la civilización europea avanzaría en aras del progreso; se impondría sobre sociedades menos desarrolladas, destinadas a desaparecer.51
Si en la serie de artículos mencionada, apreciamos esbozos de "Inteligencia estratégica", Rodríguez profundizó sus reflexiones en torno al ámbito táctico. En 1903, publicó Manual del Oficial de reconocimiento, un texto metódico, que escribió por propia iniciativa mientras se desempeñaba como parte del Estado Mayor General del ejército. A diferencia de otros de sus trabajos, este libro no lo dio a conocer por partes en la RCM; pero se relacionaba con otros artículos que escribió después para el impreso. La obra tuvo buen recibimiento, el ministro de Guerra, coronel
Pablo Riccheri, adquirió 200 ejemplares para distribuirlo en las bibliotecas de los diferentes cuerpos del instituto armado.52 En la parte final de la obra, el autor incluyó tres ejercicios tácticos; todos planteaban situaciones hipotéticas de exploración en la provincia de Corrientes, una región bien conocida por Rodríguez, pues la recorrió cuando estaba incorporado al 3er batallón de infantería; asimismo, comentaba que los temas incluidos fueron "solucionados en parte en la Escuela Superior de Guerra cuyos borradores han quedado en nuestro poder, aunque con ligeras variantes que no afectan sin embargo el fondo del asunto".53
Rodríguez pensaba que el explorador tenía una gran responsabilidad. Si exponía un dato erróneo en sus informes, podía provocar una catástrofe; por lo tanto, enfatizaba que los oficiales encargados de esa función debían centrar toda su energía en obtener información fidedigna y evitar casi a cualquier costo combatir, porque el retraso de noticias afectaba las operaciones de la fuerza a la que pertenecía.54 El autor, a su vez, especificaba cómo un oficial de reconocimiento tenía que escoger a su personal de apoyo; hablaba acerca de los terrenos propicios para las exploraciones a caballo y a pie; asimismo, enlistaba todos los factores que se debían registrar, considerando varios escenarios, ya fuesen boscosos, cercanos a los ríos, montañosos, etc. Dicho de otra forma, Rodríguez se especializó en formular un modelo para los exploradores que realizaran operaciones en zonas rurales, no abarcó los ámbitos urbanos; resultaba extraño, porque las principales rebeliones en Argentina, a finales del siglo XIX y principios del XX, se suscitaron en las ciudades.
El Manual, del mismo modo que "A través de los Andes", Rodríguez lo redactó con base en sus experiencias y datos obtenidos como funcionario del Estado Mayor. Tenemos conocimiento de que lo leyeron varios especialistas, ya desde el momento de su aparición se le percibió como una obra didáctica. Por ejemplo, J. E. Niklison, en el diario La República, señalaba: "Colocado a una altura que le permite abarcar y dominar el asunto tratado, empieza por definirlo y explicarlo; luego en capítulos ordenados de acuerdo al precepto de lógica y retórica que establece la escala ascendente en la exposición, esto es, que ha de irse paso a paso de lo conocido a lo desconocido [...]".55 En el plano de la lectura, sabemos qué se pensaba sobre el libro; no obstante, desconocemos su impacto en las unidades de combate.
## IV. Miguel Ruelas: Su Perspectiva De la Historia Militar y la Estrategia
Miguel Ruelas, originario de la ciudad de Zacatecas, ingresó al Colegio Militar en 1883, donde realizó sus estudios para oficial de Estado Mayor. Su estancia en el plantel concluyó en noviembre de 1890; así, se graduó como un "oficial facultativo", denominación que se les daba también a los artilleros y a los ingenieros. A su egreso, el novel teniente de Estado Mayor formó parte de la Comisión Geográfico Exploradora (1891-1892); un año más tarde, el Ayuntamiento de Xalapa, Veracruz, le encomendó la labor de inspeccionar una planta de electricidad recién instalada. A finales de 1893, se le envió a Guerrero, para integrarse al Estado Mayor del General José B. Cueto, quien tenía el mando de 6,000 soldados. Su propósito consistía en sofocar la rebelión del comandante militar de la entidad, el general Canuto Neri.56
Ruelas, durante las operaciones en Guerrero, participó en un tiroteo a orillas del río Mexcala, una de las ramificaciones del Balsas. Al quedar controlada la situación, el 16 de noviembre de 1893_concluyó sus servicios al mando del general Cueto.57 Después de esta breve experiencia en combate, hasta 1911, Ruelas realizó diversas comisiones para el Estado Mayor del ejército y fungió como docente de materias como historia militar, geografía, fortificación, ferrocarriles militares y otras. Las notas de algunas de sus cátedras se difundieron en la Revista del Ejército y Marina y en libros. A lo largo de su estancia en el Estado Mayor, se le encomendó la redacción de reglamentos, uno de los primeros que concretó fue para los batallones de infantería, el cual se aprobó en 1900; asimismo, Bernardo Reyes, cuando ocupó el cargo de secretario de Guerra, le solicitó reglamentos para las escuelas de compañía y una Cartilla de Servicios Militares. El contenido de este libelo se impartió en las escuelas primarias.58
Miguel Ruelas tuvo una amplia trayectoria docente. Impartió clases de historia militar en el Colegio; fortificación a los alumnos de la Escuela de Tiro y en la Escuela Militar de Aspirantes; ley penal militar y reglamentos de campaña en la Escuela Práctica Médico-Militar.5o Ya desde finales del siglo XIX se caracterizó por escribir sus propias obras didácticas;
en 1899 apareció sus Estudios de Historia Militar® y sus Rudimentos de Topografía Militar, impreso que se integró al Manual del Oficial Subalterno, una obra empleada para impartir cursos a los oficiales encuadrados en las unidades de tropas.61 De esta forma, Ruelas contribuía al incremento de la literatura militar mexicana e incidía en el mejoramiento educativo de los mandos medios del ejército.
Su papel en la formación de oficiales aún fue más relevante, cuando el 30 de junio de 1904 colaboró con una comisión encabezada por el general Ignacio Salamanca. El objetivo consistía en crear una escuela apropiada para la instrucción de los mandos que dirigían tropas directamente. La Escuela de Aspirantes existió por un lapso de ocho años (1905-1913). Ruelas estableció que su objetivo consistía en "formar oficiales subalternos para los cuerpos de Infantería, Caballería y Artillería; en ella los jóvenes a quienes se admita en calidad de aspirantes a oficiales, harán solamente los estudios necesarios para el servicio del arma a que pretenda ingresar, de modo práctico, y terminando éste pasarán a servir a un Batallón o Regimiento por un periodo determinado [....]". Cuando concluían su estancia en filas y si el aspirante demostraba aptitud para la carrera de las armas, a partir de entonces podía desempeñarse como subteniente.
La redacción final del proyecto para la conformación del nuevo plantel se presentó ante la Secretaría de Guerra y ante el Congreso el 16 de noviembre de 1904. A su vez, el documento formó parte de la Memoria de la Secretaría, que el general Manuel González Cosío expuso ante el Congreso de la Unión en 1906. En la versión expositiva que se presentó ante las Cámaras, se mencionaba, de manera general, que en el plantel se formarían suboficiales de las armas; pero, más importante aún, se especificaba que la Escuela se erigió porque "los procedimientos que antes se habían seguido para el reclutamiento de Oficiales en nuestro Ejército, eran deficientes [...]".64
Se enlistaban cinco problemas al respecto. El primero era la incorporación de los facultativos del Colegio Militar a los batallones; el segundo consistía en que los cadetes de dicho plantel, que no continuaban con estudios avanzados, se les enviaba a filas, a manera de castigo. Después mencionaba que se otorgaban grados de suboficiales a sargentos, mediante exámenes orales muy sencillos. En cuarto lugar, se les expedían despachos de subtenientes a los interantes de la extinguida segunda reserva paisanos que se sujetaban a un examen". Por último, se otorgaban grados a civiles que realizaran trabajos especiales para el ejército.66
Los puntos expresados se encontraban en el proyecto original de Ruelas; además, los explicó con cierto detalle. Al identificar como un problema que los oficiales facultativos del Colegio fueran enviados a los batallones, tenía un sólido fundamento. Indicaba que los egresados de dicho plantel debían recibir una educación más práctica y con una orientación militar, "ya que se nota en ellos una gran tendencia a abandonar la carrera de las armas para explotar, como ingenieros civiles, los conocimientos técnicos adquiridos en el Colegio".67
Con respecto a quienes egresaban del Colegio para incorporarse a un batallón, Ruelas también consideraba inapropiada la forma en que se les asignaba ese destino, debido a que se trataba de cadetes con bajas calificaciones; por lo tanto, "el hecho de salir a filas constituye una especie de humillación que el alumno de que se trata no puede recibir bien". Las objeciones de nuestro personaje en torno a los oficiales del plantel de Chapultepec para servir entre tropas estribaban en la formación demasiado especializada de los facultativos (ingenieros, artilleros y Estado Mayor) y, como ya se mencionó, en el método de descarte que calificó de "humillante".
Ahora, desde su perspectiva, era necesario eliminar a las demás posibilidades de reclutamiento, puesto que el examen que presentaban los sargentos, los suboficiales auxiliares, civiles comisionados y miembros de la desaparecida segunda reserva para obtener el grado de subteniente resultaba un mecanismo poco fiable, porque su formación militar era insuficiente; por consiguiente, adiestraban de manera inadecuada a las tropas. De esta manera, Ruelas se proponía "abolir para siempre tal irregularidad en el reclutamiento de Oficiales, remediando al mismo tiempo los inconvenientes que resultan del poco número que de ella proporciona el Colegio Militar".68 Aunado a lo anterior, la fundación de la Escuela significaba, al mismo tiempo, la anulación del marco legal que permitía a los miembros de la segunda reserva obtener el grado de subteniente.6 La fundación de la Escuela de Aspirantes impactó en dos sentidos: impulsó la educación táctica-militar y regularizó el reclutamiento y formación de los oficiales al ejército.
Ruelas formó parte de una comisión que diseñó un programa de estudios orientado al aprendizaje técnico. Algunas de las asignaturas contempladas para impartirse eran reglamentos de las tres armas (artillería, caballería e infantería); tiro de guerra, tiro de pistola, hipología, gimnasia; dibujo topográfico, matemáticas, aún se incluyeron clases de baile.7o Mediante lo práctico los alumnos adquirían múltiples habilidades que se podían aplicar al combate; aparte, se les preparaba en lo físico y en lo intelectual. Al finalizar sus cursos en las aulas, el plan de estudios señalaba que el aspirante a oficial debía incorporarse un año a filas, donde completaría su formación. En teoría, se planteaba que quienes culminaran con éxito el programa podrían descubrir su vocación militar y, por ende, podían determinar si eran aptos para la carrera de las armas.
Los Aspirantes y Sargentos que terminen con éxito los estudios y prácticas que el Reglamento de la Escuela determina, obtendrán despachos de Subtenientes de la arma que les corresponda en la milicia auxiliares del Ejército; en el concepto de que si después de un año de servicios en este empleo, comprobaren poseer espíritu militar y las demás cualidades indispensables en un buen oficial se les expedirá despacho de Subteniente de su arma en el Ejército permanente, con la antigüedad con que se les hubiere expedido el despacho en la milicia de auxiliares.71
Con la Escuela de Aspirantes, aparte de fundarse un plantel, se iniciaba una profunda reforma educativa, la cual era una política de la Secretaría de Guerra, que se expresaba en los programas de estudio, en los contenidos de la REM y en la edición de libros. Además de la propuesta en torno a la mejora de los mecanismos de reclutamiento de oficiales, la Escuela de Aspirantes se inspiró en algunos elementos de los programas que se impartían en prestigiosos planteles alemanes, franceses y estadounidenses. Ruelas era asiduo lector de periódicos militares norteamericanos y con frecuencia analizaba las instituciones. Por ejemplo, a principios de 1908 publicó un comentario en la REM sobre las "Órdenes Generales" emitidas por el Departamento de Guerra estadounidense, donde se establecían el cambio de orientación educativa de los fuertes Riley y Leavenworth, ambos ubicados en Kansas.
Ruelas explicaba que Riley se convirtió en la escuela de equitación del ejército norteamericano; anteriormente, fungía como un centro para perfeccionar la aplicación de las armas de artillería y caballería. Por su parte, Leavenworth, cuya denominación primigenia era Escuela de Caballería e Infantería, se convirtió en un establecimiento que preparaba a los artilleros, ingenieros, infantes y oficiales de caballería para que en un futuro ingresaran a estudios superiores de Estado Mayor. El autor cerraba su escrito con el comentario de que el artículo $3 ^ { \circ }$ de las "Órdenes Generales" referidas señalaban que la instrucción en Riley sería de carácter práctico; subrayaba que la exposición de temas teóricos se limitaba a lo indispensable.72
A la par de su impronta en el sistema educativo militar, Miguel Ruelas tuvo una intensa labor docente, una parte considerable de sus actividades se reflejaron en la REM. Este personaje impartió clases en el Colegio Militar, la Escuela Militar de Aspirantes y otros establecimientos educativos del ejército. Su etapa como profesor mejor documentada es cuando dirigió la Escuela de Aspirantes; además, fue su etapa en que se relacionó estrechamente con la revista, medio donde difundió escritos sobre historia militar, estrategia, táctica, logística; fortificación; informes en torno a su gestión como director; traducciones de artículos que abarcaban la innovación de armamento, fragmentos de testimonios de militares estadounidenses que participaron en la guerra contra México, entre 1846 y 1848, etc. Aquí sólo nos enfocaremos en sus escritos que impartió en clase.
Sabemos que en el Colegio se impartía historia desde los años de su reapertura. Por ejemplo, en los programas de estudio de 1873 ya figuraba la materia de geografía e historia.73 Al mismo tiempo, podemos constatar que antes de 1905 se expedían nombramientos especiales de profesores de historia, el mismo Ruelas en 1901 fue comisionado para ocupar la citada cátedra74 y al capitán $1 ^ { \circ }$ Gabriel Aguillón se le expidió en 1904 "Despacho de Profesor de Historia Universal y de México, del Colegio Militar".75 De esta forma, la asignatura ya estaba institucionalizada desde el último cuarto del siglo XIX.
Además de Ruelas, hubo otros profesores que enseñaron estrategia y táctica con base en la historia militar. Era el caso del experimentado general Francisco de Paula Troncoso. Desde finales de la década de 1870 y principios de la de 1890, se desempeñó como profesor del Colegio Militar,76 plantel en que impartía las materias aludidas. En 1908, Troncoso publicó en la REM un artículo sobre las batallas suscitadas durante 1847 entre las fuerzas mexicanas y el ejército norteamericano, en la ciudad de México. Al final de su texto, enumeró una serie de recomendaciones que los profesores debían subrayar a sus respectivos estudiantes. Señalaba:
- $1 ^ { \circ }$ El ejército mexicano fue siempre batido en Detall.
- $2 ^ { \circ }$ La caballería no fue empleada convenientemente, y la única vez que pudo serlo se negó a cargar.
- $3 ^ { \circ }$ Las reservas nunca fueron aprovechadas, pues unas veces se las negaron a los jefes y otras llegaron tarde.
- $4 ^ { \circ }$ Nunca se tomó la ofensiva, aun cuando indicada muchas veces.
- $5 ^ { \circ }$ El enemigo pudo haber sido batido en Detall varias ocasiones.
- $6 ^ { \circ }$ Armisticio y abastecimiento del ejército enemigo, en la misma Capital.77
Troncoso ponía énfasis en aspectos logísticos y tácticos. Su punto inicial refería las dificultades de los cuerpos de combate mexicano para mantener en funcionamiento su archivo y su aparato administrativo, o sea el Detall. Era fundamental mantenerlos en funcionamiento para controlar el número de las tropas, registrar los méritos de campaña y coordinar los movimientos de la fuerza con el mando central. Se hacía hincapié en que las fuerzas mexicanas desaprovecharon diversas ocasiones para obstruir las labores administrativas de los norteamericanos, lo cual hubiera entorpecido la comunicación a través de la cadena de mando. Esta observación quedaba de manifiesto en el quinto punto.
El último aspecto del listado refería que las tropas estadounidenses tuvieron la posibilidad de abastecerse en plena ciudad de México, no se les cortaron los suministros. Los puntos señalados enfatizaban lo logístico, cuya relevancia es indiscutible, porque sin su existencia las operaciones militares serían imposibles, ya que comprende varios factores: el abastecimiento de todo lo material para las tropas; los transportes para trasladar a los soldados a cualquier sitio; el mantenimiento de vehículos, materiales, etc.; las líneas de comunicación. Así, apreciamos cómo Troncoso tenía en claro que los componentes de una batalla no se reducían a la confrontación entre tropas, por consiguiente, exponía una perspectiva estratégica, que abarcaba el esencial factor logístico.
El resto de las fallas identificadas se relacionaban con las acciones del ejército mexicano. Troncoso consideró erróneo que la caballería comandada por Juan Álvarez no hubiera cargado contra el enemigo durante los combates de Molino del Rey y Casa Mata;7o también mencionó el mal empleo de las reservas, lo cual era una alusión a la batalla de Padierna. Por último, criticó la postura defensiva de la estrategia, un esquema que impidió la movilidad de las fuerzas nacionales y lo volvió predecible, ya que los norteamericanos podían concentrarse en atacar puntos concretos, sin temor a ser sorprendidos. El texto finalizaba con un ejercicio estratégico que los estudiantes debían resolver. Escribía: "Los alumnos estudiarán las marchas, los combates, etc., de ambas fuerzas, y expresarán las faltas cometidas por uno y otro. El profesor dará los detalles necesarios de los diferentes combates y hará las explicaciones de los casos"80
La historia militar escrita por los oficiales mexicanos tenía diversos matices; sin embargo, Ruelas dedicó una parte de sus reflexiones al estudio de la guerra y se centró, como dijimos, en la estrategia y la táctica. En una conferencia que impartió en 1909, la cual se recuperó en la REM, especificaba que la estrategia se dividía en dos categorías; por un lado, estaban el conjunto de acciones políticas, diplomáticas y del Estado Mayor que permitían a un gobierno prever la posibilidad de un conflicto con un país extranjero, le atribuía rasgos geopolíticos; su perspectiva parecía inspirarse en Clausewitz.o1 Por el otro, se refería a la planeación total de una campaña militar sobre un territorio, pues el marco físico era el escenario, donde se efectuarían los múltiples combates de una guerra. Por añadidura, mencionaba que la táctica comprendía los actos específicos, ejecutados en batalla. Indicaba: "Vistas así las cosas pueden decirse para distinguir teóricamente la Estrategia de la Táctica: que la primera es el arte de hacer mover los Ejércitos en los teatros de operaciones y la segunda el de hacer mover las tropas en el campo de batalla [...]".82
Ruelas citó al célebre Helmuth von Moltke, quien describía la estrategia como la operación militar en conjunto "y la Táctica quien la ejecuta; esto es así porque en realidad, ninguna operación de guerra puede considerarse aisladamente [.....] por lo mismo al dictar las órdenes para una batalla, se tengan en cuenta las condiciones estratégicas del momento y se prevean las consecuencias del mismo orden a que el combate dará lugar".3 Dicho de otra forma, en la realidad las dos categorías se imbricaban: todo movimiento ejecutado en lo particular formaba parte de un plan mucho mayor. Así, quedaba de manifiesto que lo particular dependía de lo general y viceversa.
Desde 1899, Ruelas desarrollaba ambos temas. En sus clases de historia militar, expresaba a sus alumnos que el estudio de las fuerzas beligerantes a lo largo del tiempo permitía obtener enseñanzas, ya que la evaluación de los resultados de una batalla mostraba los medios empleados por los combatientes y era factible analizar las decisiones que los mandos tomaron en los momentos cruciales que definieron el rumbo de una batalla. Asimismo, ponía de relieve que los acontecimientos históricos constituían una veta de datos, por medio de los cuales se deducían "reglas y métodos para el mando de las tropas. El conjunto de estas reglas constituye el Arte Militar, o la Ciencia de la Guerra". Afirmaba que con estas bases era posible "crear, organizar y hacer mover los ejércitos".84
Convencido de la relevancia de la historia militar para el estudio de la estrategia y la táctica, Ruelas analizó las batallas de la Invasión norteamericana, incluso escenificó la batalla de Padierna en agosto de 1907. A manera de conmemoración por los 60 años del enfrentamiento entre tropas mexicanas y estadounidenses en las inmediaciones de Tlalpan, el director de la Escuela de Aspirantes organizó la representación del acontecimiento, cuyo fin era didáctico. Con alumnos y profesores de su plantel formó dos equipos, denominados azules (representaban a los norteamericanos) y rojos (el ejército mexicano); los distribuyó en los sitios, donde se posicionaron las tropas del general Gabriel Valencia y las norteamericanas; además, de acuerdo con las crónicas de la batalla, los estudiantes efectuaron los movimientos de los combatientes. Cuando concluyeron su ejercicio, el director Ruelas se dirigió a los aspirantes con las siguientes palabras: "Acaban ustedes de ocupar las posiciones y verificar los movimientos que hicieron nuestras propias tropas y las del enemigo, voy ahora a darles una ligera explicación de la batalla que han simulado y de las operaciones estratégicas anteriores a ella".85
En efecto, sobre el terreno que seis décadas antes fue el escenario de la confrontación, Miguel Ruelas dio un panorama general sobre la Guerra entre México y Estados Unidos. Describió las batallas que se libraron en el norte; destacó la de Angostura, posteriormente habló de las operaciones de los estadounidenses en Veracruz, focalizándose en la batalla de Cerro Gordo, y refirió de manera detallada los acontecimientos en Tlalpan entre el 19 y el 20 de agosto de 1847. Su exposición estaba basada en dos obras: La invasión americana de Manuel Balbontin, publicada en 1883; de este libro retomó la formulación del croquis de la batalla;86 asimismo, se apoyaba en Recuerdos de la invasión norteamericana 1846-1848 de José María Roa Bárcena, también impresa en el mismo año que la de Balbontin.o7
Se trataba de testimonios escritos por dos autores que vivieron la guerra; Balbontin no sólo fue testigo, sino que se desempeñó como actor en diversos frentes, combatió contra los norteamericanos en Monterrey, Padierna y otros escenarios. En aquel tiempo, ambos libros gozaban de prestigio como fuentes confiables. Cabe mencionar que los autores del cuarto tomo de México a través de los siglos también los citaron, para relatar los episodios de la guerra. De este modo, Ruelas trabajaba, dentro de sus posibilidades, con algunos métodos utilizados por los eruditos, como la consulta de fuentes primarias, lo cual representaba un gran mérito para su tiempo, dado que aún la historia no se institucionalizaba como una profesión.
No hay evidencia de que nuestro personaje se adentrara en los archivos, con el objeto de estudiar los acontecimientos bélicos; sin embargo, solía informarse y comentar los testimonios estadounidenses sobre la guerra. Por ejemplo, en 1908 el periódico Journal of the Military Service Institution difundió un fragmento del diario de un voluntario de Nueva York, cuyo nombre era Guillermo Sweeny. Ruelas lo tradujo al español y lo incorporó a la REM. El autor del relato se enfocó en los aspectos cotidianos de la guerra: solía describir las dificultades que se vivían en el campo de batalla, el entorno de los hospitales de campaña, etc. Si bien no refería detalles técnicos sobre los movimientos de tropas, tema que al traductor más le interesaba, Ruelas admitía que se trataba de un valioso testimonio que mostraba el impacto de la guerra en la cotidianidad de los hombres.o9
Miguel Ruelas estudió episodios de la Intervención francesa, la Guerra México-Estados Unidos y el periodo colonial. Sus textos fueron publicados por separado, los cuales, quizá, estaban inspirados en las notas para sus cátedras, como su relato de la batalla de Padierna. A pesar de que no formuló un esquema sobre la historia de la guerra en México, mediante sus investigaciones comenzaba a esbozar una perspectiva original, que no se apegaba a las narraciones evolucionistas de las dos grandes obras del Porfiriato, México a través de los siglos y México su evolución social, las cuales mostraban a la nación mexicana como una realidad, en la cual confluían la antigüedad mesoamericana, el virreinato, la Independencia y el siglo XIX. Por ejemplo, Bernardo Reyes, en su capítulo dedicado al ejército, se remontó al Imperio mexica, porque, desde su visión, en ese momento surgió el instituto armado. Afirmaba: "Vamos a presentar al Ejército mexicano, y tenemos que hablar de sus orígenes, de las razas que formaron sus contingentes, de la sangre y los nervios que concurrieron a dar vida al protoplasma, de los ideales que lo iluminaron, de la escuela de sus dolorosas experiencias, y de las enseñanzas que se ilustrara".90
En contraste, Ruelas no identificaba conexión alguna entre los mexicas y el ejército de su tiempo, pues enfatizaba que de "los antiguos guerreros mexica, ningún hábito ni tradición militar quedó a la nueva raza: los virreyes españoles habían apartado sistemáticamente a los indios del uso y ejercicio de las armas [...]".o1 La tradición militar prehispánica era una realidad ajena a los ejércitos que se constituyeron en la época virreinal, pues Ruelas especificaba que a raíz del encuentro entre mesoamericanos y europeos surgió una nueva cultura. Desde su perspectiva, los antiguos indígenas constituían una civilización distinta. En 1906, publicó un artículo, donde mencionaba las prácticas guerreras durante las denominadas etapas de piedra, bronce y hierro, hoy objeto de estudio de la gran historia, sostenía: "En América, esta segunda edad de la piedra [neolítica] se prolonga hasta la llegada de los europeos, pero durante ella se desarrolla una civilización relativamente avanzada". Por consiguiente, este oficial no compartía la explicación que Reyes atribuía al origen del ejército.
Si bien Ruelas se alejaba de la tendencia indigenista, dejó de manifiesto su nacionalismo, cuando explicó el origen del ejército de línea en Nueva España; es decir, la primera fuerza armada de carácter permanente, adscrita a la administración central del Imperio. Su propuesta era rigurosa, ya que como causas de la instauración de dicha institución castrense aludió a la Guerra de los siete años (1756-1763) y, por ende, a la ocupación inglesa de La Habana. Aunque consideraba, como efecto de la guerra, que los Borbones iniciaron un amplio programa de defensa colonial, Ruelas pensaba que los mandos, aparte de un número considerable de tropas, del novel ejército eran inadecuados, por su falta de lealtad a las autoridades del virreinato. Escribió:
Es éste un hecho capital y de la más grave trascendencia en la Historia de nuestro país: el primer Ejército permanente que existió en la Nueva España, fue organizado por militares profesionales extranjeros, con soldados mercenarios; los Jefes de este Ejército no tenían razón alguna para amar al país en que iban a servir, su comisión los puso pronto en pugna con la autoridad civil y sus hábitos, adquiridos en las guerras de Europa, los inclinaba a mirar con menosprecio las leyes y autoridades civiles, en un país que sólo veían como una colonia, que les era de hecho extraño y para el cual no podían en consecuencia tener la abnegación y el amor patrio [...].94
Su sutil toque anacrónico, que refería un sentido de lealtad hacia la patria mexicana, no a la española que era a la cual se pertenecía, no demeritaba su perspectiva sobre el proceso histórico: el surgimiento del ejército permanente, el cual con el tiempo formó parte del Estado-nacional. También sobresalía su noción de civilización, desvinculaba lo mesoamericano de lo occidental. Para ese momento,
- Rulas, "Los rígnes, 1..
- Ruelas, "La guerra antes de la historia", 190, p. 367.
- Rulas, Ls rígns, 1.
su planteamiento resultaba muy innovador, porque se alejaba del modelo implementado por la historiografía oficial, un modelo que se caracterizó por construir una explicación lineal sobre los acontecimientos de la "nación mexicana", que abarcaba desde la antigüedad prehispánica hasta el Porfiriato.
## V. CONClusioNES
Los oficiales argentinos y mexicanos de principios del siglo XX expresaban su pensamiento mediante la letra impresa, que se publicaba a manera de artículos en las revistas militares de ambos países o en libros. Lo sobresaliente consiste en que, en los casos aquí analizados, hay una estrecha relación entre ámbito educativo, sector profesional y publicaciones. Con José E. Rodríguez apreciamos que sus recorridos por los Andes, ya fuese en su calidad de estudiante de la Escuela Superior de Guerra o como parte del Estado Mayor del ejército, constituyeron la base para formular informes que se integrarían en un plan de defensa, en caso de que estallara un conflicto entre Argentina y Chile; además, sus trabajos se aprovecharon para reflexionar sobre las Inteligencias estratégica y táctica, las cuales expresó en una serie de artículos difundidos en la RCM y un manual de reconocimiento para oficiales.
Dentro de su ámbito, el caso de Miguel Ruelas, oficial mexicano, era similar. Como parte del Estado Mayor y con base en su experiencia docente, contribuyó a la reforma educativa militar suscitada en 1905; el objetivo de dicha transformación consistía en la formación de oficiales tácticos, que se insertaran de manera eficiente en filas. A su vez, observamos que su labor docente la enfocó en el fomento de esta educación práctica; por ejemplo, sus clases sobre táctica se realizaban sobre el terreno y se representaban episodios de batallas históricas.
En concreto, hubo oficiales argentinos y mexicanos que desarrollaron conocimientos locales y los difundieron. Esto representaba un gran paso, ya que en aquella época se solía imprimir en los órganos informativos, sobre todo en el sudamericano, traducciones de artículos y libros de avanzada. Desde luego, era fundamental mantenerse al día con las innovaciones generadas al interior de los ejércitos europeos y estadounidense; pero también era relevante cultivar un pensamiento original.
[^17]: 1Mantovani, "Libros escolares, 20, p. 9 _(p.3)_
[^20]: La Redacción, "Nuestro Programa, 1La Redacción, _(p.3)_
[^22]: AGE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 2. _(p.3)_
[^23]: E, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 1126400002. _(p.3)_
[^24]: 24Rodríguez, Reseña histórica, 194, pp. 6. _(p.4)_
[^25]: Exdien Gena Divsión JRodríg doc. 26400032. _(p.4)_
[^26]: Di Tella, "Raícs, 1,.. _(p.4)_
[^27]: SanMartino, Intendencias 1 p.888. _(p.4)_
[^29]: Expdient General d División JosRodríguz doc. 51. _(p.4)_
[^30]: Guembe, "Dela ciudadanía”, _(p.4)_
[^31]: RígEanería. _(p.4)_
[^32]: Rodríguz Ednfanteía, _(p.4)_
[^33]: Eedien Genl División JoRodríg doc. 1126400003. _(p.4)_
[^34]: t _(p.5)_
[^36]: AGE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 26400029. _(p.5)_
[^37]: E, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 1126400003. _(p.5)_
[^38]: Keegan, Intelligence, _(p.5)_
[^39]: Keegan, Intelligence, p. 9. _(p.5)_
[^40]: GE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 80. _(p.5)_
[^41]: AGE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 80. _(p.5)_
[^42]: Exdient Gen Divisón Jo Rodí doc. 80. _(p.6)_
[^44]: Rodríguz además la ser deartículos, tambin sacó z pública un libro titulado de igual forma, A través de la Cordillera. Conocemos su existencia, porque lo anunció en A través de Bolivia, obra que imprimió en la década de 1920. Durante nuestra estancia en Buenos Aires, de septiembre a noviembre de 2018, no pudimos localizar dicha obra; por lo tanto, desconocemos si incluyó escritos o mapas distintos a los que dio a conocer en la revista. _(p.6)_
[^45]: Exdin Gen Divsón Jo Rod doc. 80. _(p.6)_
[^46]: 46AGE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264. _(p.6)_
[^47]: AGE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264. _(p.6)_
[^48]: 4Rodríguez, "A través de la Cordilera", 191, p. 538. _(p.6)_
[^49]: odrígz avés Coler _(p.7)_
[^50]: Rríg Aravés aCoer,a vs están en el original. _(p.7)_
[^51]: Exdient Gen Divsón Jo Rodí doc. 24. _(p.7)_
[^52]: Rodríguez, Manual, 19, p 57. _(p.7)_
[^53]: 5Rodríguez, Manual, 1 5 _(p.7)_
[^54]: AE, Expediente del General de División José E. Rodríguez, 11264, doc. 18. _(p.7)_
[^55]: Achivo Histórico de a Scretaríadla Defensa Nacional (ASDN) Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI//2-666, T. I, f. 15. _(p.8)_
[^56]: 57AHSDN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/II/2-666, T. II, f. 227. _(p.8)_
[^57]: 58ÁHSDN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/II/2-666, T.I, f. 26. _(p.8)_
[^58]: ADN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/II/2-666, T.I, fs. 23-23v. y 26. _(p.8)_
[^60]: Ruelas, Estudios de Historia Militar, México, 1899. _(p.8)_
[^61]: 1AHSDN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/II/2-666, T.I, f. 26. _(p.8)_
[^62]: ÁHSDN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/I/2-666, T.I, f. 23. _(p.8)_
[^63]: Ruelas, "Motivo, 1,p.1 _(p.8)_
[^65]: La segunda reserva era una organización de civiles que recibió adiestramiento militar; la fundó en 1901 el general Bernardo Reyes cuando fue secretario de Guerra. El proyecto funcionaba bajo mecanismos similares al servicio militar obligatorio. Porfirio Díaz ordenó la desintegración de la segunda reserva, ya que la consideraba un importante respaldo político para Reyes y, con ello, le podía disputar el poder. Sánchez, La segunda reserva, 2016, versión digital en htps://bitly.ws/36cyj _(p.9)_
[^67]: Rulas, niciativ, Las cursivas están enlorignl. _(p.9)_
[^68]: SBoReihttp://bitly.ws/CmwQ _(p.9)_
[^69]: Briseño, Nuestra Escuela, s.. _(p.9)_
[^70]: Deeto ceación a scul, 1 _(p.9)_
[^73]: AHSDN, Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Eduardo Paz, XI/III/2-832, T. I, f. 2v. _(p.10)_
[^74]: Cancelados, Expediente personal del General de Brigada Miguel Ruelas, XI/III/2-666, T. I, f. 23. _(p.10)_
[^75]: AHSDN, Cancelados, Expediente personal del General Brigadier Gabriel F. Aguillón, XI/I/3-, T. II, f. 581. _(p.10)_
[^76]: mírz, jcio o Gr 1 _(p.10)_
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Víctor Salazar Velázquez. 2026. \u201cApproaches to the Professional Reflections of Argentine and Mexican soldiers (1896-1911). The cases of José E. Rodríguez and Miguel Ruelas\u201d. Global Journal of Human-Social Science - D: History, Archaeology & Anthropology GJHSS-D Volume 23 (GJHSS Volume 23 Issue D6).
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