I. INTRODUCCIΓN
Como hablar de democracia es hablar al mismo tiempo de polΓtica (Castoriadis 1998), este manuscrito tiene por objetivo principal, analizar la manera cΓ³mo la participaciΓ³n polΓtica ha sido cooptada en la regiΓ³n del Magdalena Medio , por las prΓ‘cticas clientelistas de un amplio sector de la clase dirigente que se rehΓΊsa a dejar el poder polΓtico, y tambiΓ©n, por las acciones directas que han realizado grupos al margen de la ley como los narcotraficantes, las Fuerzas Armadas Revolucionarias EjΓ©rcito del Pueblo (FARC-EP), las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) o paramilitares , el EjΓ©rcito de LiberaciΓ³n Nacional (ELN) y los Grupos Armados Organizados (GAO).
Este anΓ‘lisis se hace a partir de tres categorΓas: 1) de la democracia participativa a la cooptaciΓ³n de la democracia, en la que se describe la forma cΓ³mo los grupos armados extralegales han cooptado la democracia y sometido las instituciones del Estado colombiano. 2) riesgo electoral por factores de violencia en el Magdalena Medio (2007-2019), con las subcategorΓas: presencia de grupos armados ilegales en la regiΓ³n del Magdalena Medio riesgo por desplazamiento forzado y riesgo por violencia polΓtica, en la que se analiza mediante la geografΓa descriptiva los riesgos electorales presentados en las dos dΓ©cadas del siglo XXI en la regiΓ³n objeto de estudio; y 3) violencia y desigualdad polΓtica y social, con la subcategorΓa Γndice de Pobreza Multidimensional y abstencionismo electoral, la cual se centra en identificar el nΓΊmero de homicidios registrados en varios periodos, producto de la violencia polΓtica y la relaciΓ³n entre Γndice de pobreza y abstencionismo.
II. METODOLOGΓA
La metodologΓa elegida fue la cartografΓa descriptiva, que permite visualizar la distribuciΓ³n espacial del comportamiento electoral, permitiendo ubicar dΓ³nde ocurre concretamente un fenΓ³meno sociopolΓtico. AdemΓ‘s, se puede utilizar para "comparar las dinΓ‘micas territoriales del voto, y para relacionarlas con otros procesos demogrΓ‘ficos, econΓ³micos y socioculturales" (Sonnleitner 2013,113); y desde luego, para explorar la incidencia de los procesos socioculturales en la decisiΓ³n de voto. Es asΓ como la cartografΓa electoral permite "combinar mΓ©todos tradicionales de la estadΓstica y de la econometrΓa con las herramientas de anΓ‘lisis de datos espaciales" (Sonnleitner 2013,113). Como instrumentos se utilizaron: el anΓ‘lisis documental (mapas de riesgos electorales, bases de datos electorales del Movimiento de ObservaciΓ³n Electoral (MOE) y de la Registradora Nacional, asΓ como la prensa escrita).
Los mapas de riesgos electorales, se usaron para ubicar geo-espacialmente el nivel de riesgo electoral por cada uno de los municipios de la regiΓ³n del Magdalena Medio, durante las elecciones locales y nacionales del periodo 2007-2019, Teniendo en cuenta la importancia de la variable del conflicto armado, en esta investigaciΓ³n se tuvo en cuenta los factores de riesgo que la MOE define como variables activas, que corresponden al contexto de violencia en el que se llevaron a cabo las elecciones: presencia de grupos armados ilegales, acciones unilaterales de grupos armados ilegales, desplazamiento forzado y vΓctimas de violencia polΓtica. Esto permitiΓ³ evidenciar cΓ³mo variaron los riesgos electorales en cada uno de los periodos electorales, cuΓ‘les fueron los municipios mΓ‘s afectados, asΓ como cuΓ‘l grupo armado generΓ³ mayor grado de riesgo electoral, segΓΊn el tipo de elecciones (locales o nacionales).
Para obtener los mapas de riesgo electoral, se utilizaron dos mΓ©todos: en primer lugar, se organizΓ³ la informaciΓ³n en bases de datos segΓΊn la categorΓa de estudio (riesgo electoral y resultados electorales por municipio); posteriormente, esta informaciΓ³n se registrΓ³ en el software ArcGIS, herramienta que permite elaborar mapas que integran informaciΓ³n geogrΓ‘fica. A partir de lo anterior, se realizaron dos tipos de mapas, que contienen los riesgos y resultados electorales de elecciones locales, nacionales y del plebiscito en el periodo 2006-2019.
Se tomaron las bases de datos de riesgos electorales durante el periodo 2007-2019, a partir de las cuales se construyeron, por un lado, mapas consolidados que dan cuenta de los municipios que presentaron mayor frecuencia de riesgos por cada una de las variables activas; por otro lado, los periodos electorales que fueron mΓ‘s crΓticos, puesto que tuvieron un mayor nΓΊmero de municipios que presentaron riesgos. En este caso se clasificaron los riesgos como medio, alto y extremo.
III. DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA A LA COOPTACIΓN DE LA DEMOCRACIA
La democracia es un elemento fundamental de la polΓtica. SegΓΊn (Castoriadis 1998), discutir acerca de Γ©sta es hablar de polΓtica. En este sentido (Bobbio 1996, 14) la define como el "conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quiΓ©n estΓ‘ autorizado para tomar las decisiones colectivas y mediante cuΓ‘les procedimientos". A partir de ello, el autor plantea que esta es la regla fundamental de las mayorΓas, es decir, cuando una colectividad aprueba o desaprueba las decisiones a tomar.
Esto concuerda con la teorΓa tradicional de la democracia, la cual plantea que: "mientras mayor participaciΓ³n, mayor democracia y, por lo tanto, mejor gobierno." (Molina PΓ©rez e Ito Sugiyama 2010, 817). El tal sentido (Almagro 2016, 177) seΓ±ala que "la existencia de una verdadera democracia estΓ‘ condicionada a la participaciΓ³n real e influyente del conjunto de los ciudadanos en la formaciΓ³n de la voluntad polΓtica" De esta manera, desde su concepciΓ³n, la participaciΓ³n y la democracia son conceptos simbiΓ³ticos. En concordancia con lo anterior, (Merino 2013) dice que la representaciΓ³n y la participaciΓ³n son un matrimonio indisoluble para la democracia, que se entrelaza de manera constante, principalmente a travΓ©s del voto.
Sin embargo, dice (Pino 2017, 571) que debido al conflicto armado interno en Colombia "la democracia y la violencia polΓtica han sido dos fenΓ³menos que se han desarrollado conjuntamente en los ΓΊltimos sesenta aΓ±os" No obstante, Colombia tiene ha tenido una de las democracias mΓ‘s sΓ³lidas al sortear los golpes militares y repeler la ofensiva insurgente, a pesar de que la violencia polΓtica y la democracia han establecido una simbiosis, con sus efectos y consecuencias (PΓ©caut 2001b).
De ahΓ la pregunta que se hace (Pizarro 2004, 206): "ΒΏcΓ³mo explicar esta anormal convivencia entre estabilidad y violencia?" Porque la democracia puede ser compatible con el disenso y los conflictos en medio de la disputa por el poder polΓtico, pero no justifica todos los actos violentos. Pareciera que se ha naturalizado la violencia en el ejercicio de la participaciΓ³n polΓtica; por eso, para comprender el fenΓ³meno de la cooptaciΓ³n democrΓ‘tica en Colombia, se deben analizar de manera paralela la incidencia que ha tenido la Γ©lite polΓtica y los grupos armados desde mediados del siglo XXβcuando surge la guerrilla, seguida de los paramilitares y narcotraficantesβ que se extendieron por todo el paΓs, teniendo injerencia en las corporaciones pΓΊblicas, control del territorio y capturando la democracia en las regiones; afectado aquello que (Almagro 2016) llama "la existencia de una verdadera democracia", ya que por diversos motivos se limita o restringe la participaciΓ³n polΓtica de los ciudadanos en sus territorios. Esta comprensiΓ³n pasa por dos momentos: en el primero, se aborda la uniΓ³n entre clientelismo y narcotrΓ‘fico que imperΓ³ fuertemente en las dΓ©cadas de los ochenta y los noventa; en el segundo, se analiza la incidencia de los grupos armados (paramilitares y guerrilla) en la democracia colombiana despuΓ©s de 1990.
En este orden de ideas, se puede clasificar el clientelismo y el narcotrΓ‘fico como una primera forma de cooptaciΓ³n de la democracia. Al respecto, (Medina 2010) explica el "matrimonio" que se dio, y aΓΊn permanece entre polΓticos y narcotraficantes para obtener y sostener el poder polΓtico en casi todo el territorio nacional, llegando a afirmar:
Si ya era bastante grave la situaciΓ³n cuando los caciques polΓticos y barones electorales sometΓan los aparatos administrativos del Estado en las respectivas entidades territoriales, disponΓan libremente de los cargos burocrΓ‘ticos, saqueaban y erosionaban los presupuestos, esto se profundiza cuando la capacidad de corrupciΓ³n de la economΓa del narcotrΓ‘fico penetra los territorios, corrompe la mentalidad de las Γ©lites econΓ³micas y polΓticas locales y regionales, infiltra y somete las instituciones del Estado encargadas de combatirlas, las somete a la lΓ³gica de sus intereses y se instala en los imaginarios populares a travΓ©s de iniciativas de bienestar que le proporcionan reconocimiento y adhesiΓ³n moral. (Medina 2010, 44)
En este sentido, es importante diferenciar, como lo hacen (Van Treek, y Yevenes Arevalo 2015), el concepto de "cooptaciΓ³n polΓtica" del de "clientelismo": el primero tiene que ver con el control y el reparto de rentas menores del Estado en cabeza del poder central omnipotente. Es decir, la cooptaciΓ³n polΓtica en este caso es ejercida por la figura del presidencialismo o su gobierno con sus polΓticas pΓΊblicas, donde el poder se centraliza y quita autonomΓa a los territorios de la periferia. El segundo concepto, el clientelismo, se centra en la compra de votos, las prΓ‘cticas populistas o el uso patrimonialista de los beneficios del Estado para los grupos polΓticos y sus bases de apoyo.
En el caso de Colombia el concepto de cooptaciΓ³n polΓtica es mΓ‘s complejo, porque evidentemente hay decisiones, prΓ‘cticas y polΓticas ejercidas desde el gobierno central que muchas veces auspician la cooptaciΓ³n de la autonomΓa de los entes territoriales, pese a que la ConstituciΓ³n Nacional, en su primer artΓculo, sostiene que Colombia es una naciΓ³n participativa, pluralista, descentralizada y con autonomΓa en sus municipios, distritos y departamentos. Por eso, ademΓ‘s de esta forma de cooptaciΓ³n ejercida desde el gobierno central se debe sumar, por un lado, la incidencia que han tenido grupos armados como las FARC-EP, el ELN, los paramilitares y los narcotraficantes, con el apoyo de una amplia clase polΓtica que ha establecido con ellos pactos o alianzas en los territorios perifΓ©ricos y centros urbanos para mantener el poder polΓtico; por otro lado, estΓ‘ el hecho de que estos mismos grupos armados han considerado el poder polΓtico como un factor estratΓ©gico para justificar sus reivindicaciones subversivas y ganar legitimidad social (como en el caso de las guerrillas), o para obtener rentabilidad econΓ³mica y apoyo estatal, polΓtico y civil, como es el caso de los narcotraficantes y paramilitares.
Lo anterior ha hecho que la participaciΓ³n democrΓ‘tica en Colombia sea cooptada por prΓ‘cticas clientelistas de la Γ©lite polΓtica y por el accionar de grupos de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes; se podrΓa decir que, recientemente, tambiΓ©n por parte de los GAO en Γ‘reas metropolitanas y rurales. Por tanto, la diferencia que hacen (Van Treek y Yevenes Arevalo (2015) de las prΓ‘cticas clientelistas de la cooptaciΓ³n polΓtica no es tan clara para la realidad colombiana, pues dadas las caracterΓsticas del paΓs, el clientelismo tambiΓ©n hace parte de la cooptaciΓ³n de la democracia, en la medida en que con sus prΓ‘cticas burocrΓ‘ticas de caciquismo ha incidido en el normal desarrollo de la democracia local, regional y nacional, que muchas veces ha exacerbado la violencia polΓtica, lo que a su vez limita los modelos de participaciΓ³n democrΓ‘tica mencionados por (Almagro 2016): el deliberativo, el directo y el pluralista.
Frente a esta realidad, muchos investigadores internos y externos al contexto colombiano han indicado que, la dinΓ‘mica de los procesos polΓticos en el paΓs se ha caracterizado por ser limitados y restringidos en varios momentos de la historia republicana. Uno de estos momentos fue el dominio que tuvo el Frente Nacional (1958-1974), en el que los partidos Liberal y Conservador se repartieron el gobierno y los poderes durante cuatro periodos gubernamentales, como una forma de resoluciΓ³n pacΓfica de la violencia armada que se venΓa llevando a cabo entre estos dos partidos desde 1946 (PΓ©caut 2001a; Pino 2017). Este dominio, segΓΊn (Pino 2017), es una de las razones del surgimiento de los grupos armados, ya que en este periodo se configuraron nuevas formas de participaciΓ³n democrΓ‘tica excluyentes.
Esta restricciΓ³n en la participaciΓ³n polΓtica que generΓ³ el Frente Nacional en la alternancia del poder polΓtico, ΓΊnicamente entre dos partidos tradicionales, aumentΓ³ el fenΓ³meno del clientelismo burocrΓ‘tico y, con ello, la cooptaciΓ³n del ejercicio democrΓ‘tico de varios sectores de la sociedad. A este clientelismo existente se le aΓ±aden sus relaciones cercanas con grupos armados para seguir asegurando la tenencia del poder.
La incidencia del clientelismo y de los diferentes grupos armados en Colombia es ampliamente abordada por (Medina 2010; Pino 2017; Duque 2013 y Pizarro 2004). Por ejemplo, (Medina 2010) explica que el auge del clientelismo de la clase polΓtica ha mezclado la democracia con la violencia polΓtica, afirmando que esta es una realidad surgida desde su nacimiento como Estado: "el paΓs se moviΓ³ desde los orΓgenes de la repΓΊblica en una Γ³rbita que gira frecuentemente entre la disputa polΓtica partidista, clientelar y corrupta y la confrontaciΓ³n militar sectaria" (Medina 2010, 43). Esta realidad de democracia y violencia polΓtica al profundizarse por dΓ©cadas ha afectado la forma de hacer polΓtica en las regiones, apareciendo asΓ el fenΓ³meno de la cooptaciΓ³n polΓtica.
Que las prΓ‘cticas clientelistas y los narcotraficantes hayan cooptado la democracia en Colombia es muestra de que las instituciones del Estado no han sido eficientes, dado que fueron permeadas por el narcotrΓ‘fico; debido a esto, dice (Medina 2010), que el narcotrΓ‘fico es una de las prΓ‘cticas mΓ‘s corruptas que sobornΓ³ parte de la institucionalidad y que introdujo nuevas dinΓ‘micas al momento de hacer la polΓtica. La uniΓ³n entre polΓticos y narcotraficantes instrumentalizΓ³ el poder pΓΊblico β legislativo, judicial y ejecutivo β mediante amenazas, intimidaciΓ³n, asesinatos y sobornos econΓ³micos, lo que afectΓ³ la participaciΓ³n democrΓ‘tica.
A esto lo llamΓ³ este mismo autor "captura del Estado", ya que los tentΓ‘culos del narcotrΓ‘fico se instalaron y se relacionaron con las Γ©lites polΓticas locales, regionales y nacionales para apoderarse de las alcaldΓas, gobernaciones, el Senado y la presidencia. Un ejemplo de la incidencia del narcotrΓ‘fico en la alta esfera de la polΓtica nacional fue la elecciΓ³n del senador y narcotraficante Pablo Emilio Escobar Gaviria, jefe del Cartel de MedellΓn en los aΓ±os ochenta, asΓ como el sonado escΓ‘ndalo del Proceso 8000, donde narcotraficantes del Cartel de Valle financiaron la campaΓ±a presidencial del expresidente Ernesto Samper Pizano en 1994.
TambiΓ©n la cooptaciΓ³n del narcotrΓ‘fico se observa mediante el soborno, la intimidaciΓ³n, la amenaza y el asesinato de funcionarios pΓΊblicos, con la finalidad de obtener favores conforme a sus intereses. Ello llevΓ³ incluso a decidir en algunos casos resultados electorales a favor de un determinado candidato; tambiΓ©n encareciΓ³ la forma de hacer polΓtica, al limitar la participaciΓ³n para aquellos que no tuvieran suficiente mΓΊsculo econΓ³mico. En consecuencia, es posible afirmar que el narcotrΓ‘fico impuso formas alternativas de participaciΓ³n democrΓ‘tica que aΓΊn hoy se mantienen vigentes.
En tal sentido, afirma (Medina 2010, 48), "la capacidad de los recursos del narcotrΓ‘fico ha permeado el conjunto de la sociedad colombiana en sectores estratΓ©gicos para el desarrollo de la vida social, econΓ³mica y polΓtica". Por su parte, (Duque 2013) dice que esta permeabilidad de la democracia se observa en la forma como estos actores extralegales interfirieron en los procesos electorales, mediante acciones coactivas de inducciΓ³n del voto y de constreΓ±imiento a la competencia que "afectaron las libertades de expresiΓ³n, organizaciΓ³n, asociaciΓ³n; la correcciΓ³n en los procesos con prΓ‘cticas de manipulaciΓ³n y fraude en los procedimientos de conteo y escrutinio" (Duque 2013, 26).
Lo grave es que este proceso de cooptaciΓ³n por las prΓ‘cticas que utiliza, socava la legitimidad de las instituciones doblegando al mismo Estado, como pasΓ³ en la dΓ©cada de 1980 cuando grupos de narcotraficantes con poder visible en la rama legislativa y judicial, trataron de someter al Estado colombiano a su voluntad, interΓ©s y caprichos, asesinando a polΓticos opositores, como es el caso del ex Ministro de Justicia de la Γ©poca, Rodrigo Lara Bonilla (1984), a periodistas y policΓas. Al respecto, afirma (Medina 2010, 49):
El narcotrΓ‘fico recurre a la corrupciΓ³n blanda a travΓ©s de un fluido amplio de dΓ‘divas econΓ³micas a funcionarios y empleados pΓΊblicos, pero igualmente, no tiene ninguna dificultad para colocar en marcha mecanismos de intimidaciΓ³n y acciΓ³n violenta como los utilizados por el Cartel de MedellΓn para doblegar al Estado a finales de la dΓ©cada de los 80.
Debido a ello, se comprende que la cooptaciΓ³n del sistema democrΓ‘tico colombiano es producto tambiΓ©n de la debilidad de sus instituciones, puesto que se han dejado corromper no solo las tres ramas del poder pΓΊblico, sino tambiΓ©n los organismos de control, la fuerza pΓΊblica y los partidos polΓticos. Esto llevΓ³ a Duque (2013) a decir que lo que se ha presentado en el paΓs es una deficiencia estatal:
En Colombia las deficiencias estatales se observan con la captura parcial por parte de actores ilegales y las caracterΓsticas de los partidos polΓticos (la deformaciΓ³n de su tradicional funciΓ³n de representaciΓ³n, asΓ como los vΓnculos establecidos por algunos de ellos y por congresistas y dirigentes locales entre otros, con organizaciones criminales) constituyen las variables que generan las limitaciones y los dΓ©ficits centrales de la democracia, dΓ‘ndole el carΓ‘cter de una democracia de submΓnimos, de subpoliarquΓa que, en la perspectiva de una democracia sin ley, se trata de una situaciΓ³n en la cual se combinan condiciones de ilegalidad con institucionalidad precaria. (Duque 2013, 28-29).
La uniΓ³n entre la polΓtica y el narcotrΓ‘fico en las dΓ©cadas de los ochenta y los noventa a causa de la debilidad estatal permitiΓ³ que la democracia se viera asediada (Pizarro, 2004; Pino, 2017), afectando no solo al rΓ©gimen polΓtico sino tambiΓ©n la participaciΓ³n polΓtica en las zonas perifΓ©ricas y centros urbanos de Colombia. Por eso sostiene (Medina 2010, 48).
El poder corruptor de la mafia del narcotrΓ‘fico que penetrΓ³ toda la institucionalidad colombiana, transformΓ³ significativamente importantes procesos productivos y generΓ³ adhesiones sociales a travΓ©s de sofisticados y burdos procesos de sometimiento de funcionarios e instituciones, dejΓ³ las intermediaciones para comprometer directamente Γ©lites tradicionales en inteligentes y planeados procesos de captura de dinΓ‘micos sectores de la economΓa y la polΓtica, haciΓ©ndolos partΓcipes directos de la industria del narcotrΓ‘fico.
De esta relaciΓ³n entre la Γ©lite polΓtica y los narcotraficantes, surge desde 1990 hacia adelante una relaciΓ³n mΓ‘s estrecha entre lΓderes polΓticos y grupos armados como los paramilitares (Camacho Guizado, 1999; DΓ‘vila 2002), que viene a configurar el segundo momento de este apartado. En este sentido, (Medina 2010) recuerda que el origen de los paramilitares estΓ‘ ligado con el surgimiento de grupos de narcotraficantes, lo que significΓ³ que las antiguas relaciones entre polΓticos con narcotraficantes pasaran a ser ahora mΓ‘s cercanas con estructuras paramilitares. Esta nueva relaciΓ³n entre la Γ©lite polΓtica y los paramilitares se da en plena apertura democrΓ‘tica; (Pino 2017) afirma que la apertura democrΓ‘tica que se viviΓ³ a finales de dΓ©cada de los ochenta y a comienzos de los noventa, dados los procesos de paz firmados con varios grupos armados, dio origen a procesos de descentralizaciΓ³n y autonomΓa a las entidades territoriales: los gobernadores no eran elegidos por el ejecutivo nacional, y estos tampoco elegΓan a los alcaldes de su preferencia; lo anterior se daba mediante la participaciΓ³n del voto popular, lo que despertΓ³ celos en las diferentes castas polΓticas tradicionales.
Este celo de la Γ©lite polΓtica, movido por el marco de inclusiΓ³n democrΓ‘tica que posibilitΓ³ la ConstituciΓ³n PolΓtica de 1991, al insertar mecanismos de participaciΓ³n con la finalidad de superar las restricciones que surgieron en la Γ©poca de la Violencia y el Frente Nacional, condujo a que percibieran este proceso de apertura como algo que afectaba sus intereses en el mantenimiento del poder polΓtico, porque facilitΓ³ que sectores tradicionalmente excluidos propusieran candidatos o se presentaran a las corporaciones administrativas del Estado para elegir o ser elegidos. Esto desencadenΓ³ una alianza criminal que profundizΓ³ no solo la cooptaciΓ³n de la participaciΓ³n polΓtica y la institucional, sino que aumentΓ³ tambiΓ©n la violencia polΓtica; en consecuencia, afirma (Pino Uribe 2017, 375):
La apertura polΓtica y las reformas de descentralizaciΓ³n no terminaron con la violencia polΓtica, sino que esta se incrementΓ³ y el impacto de este tipo de violencia en el sistema polΓtico comenzΓ³ a ser visto como una amenaza central para el funcionamiento de la democracia.
A este hecho lo llamΓ³ (Medina 2010) coerciΓ³n criminal del narco-paramilitarismo, pues a travΓ©s de sus distintas estructuras sometiΓ³ el poder local y regional por medio de la intimidaciΓ³n, el asesinato de polΓticos opositores, la inyecciΓ³n de grandes flujos de dinero a las campaΓ±as polΓticas, constriΓ±endo a electores para elegir a sus propios candidatos; para asegurar reconocimiento y asΓ mantener el dominio territorial. Por eso apostilla este mismo autor:
La capacidad de coercion criminal del paramilitarismo a travΓ©s de sus distintas estructuras fue sometiendo el poder local y regional, posesionΓ‘ndose a travΓ©s de los funcionarios pΓΊblicos y de elecciΓ³n popular, en el control de las instituciones, los planes y programas y los presupuestos pΓΊblicos para colocarlos al servicio de sus propΓ³sitos de guerra, control territorial y enriquecimiento privado de sus comandantes. Las Γ©lites locales y los partidos polΓticos tradicionales y regionales les sirvieron para avanzar y consolidar el control de la instituciΓ³n estatal. Desde allΓ, comenzaron a distribuir puestos, adjudicar contratos y a canalizar los recursos pΓΊblicos para el beneficio personal. Su poder se extendiΓ³ hasta consolidar mediante la intimidaciΓ³n armada fortines electorales homogeneizados por los mecanismos de violencia que fueron puestos al servicio de la clase polΓtica convertida en representante informal del paramilitarismo." (Medina 2010, 49-50)
Esto generΓ³, segΓΊn (GutiΓ©rrez 2007), ademΓ‘s de la violencia, un incremento de incertidumbre en las recientes fuerzas polΓticas excluidas que nacieron en medio de la apertura democrΓ‘tica, ya que percibieron amenazada su participaciΓ³n polΓtica y limitado el ejercicio de sus derechos civiles y polΓticos (Bejarano y Pizarro 1995), porque no tenΓan las garantΓas necesarias para hacer polΓtica. En este sentido, demuestra (SΓ‘nchez 1991) que la dΓ©cada de los noventa fue demasiado violenta: se asesinaron 72 candidatos que aspiraban a alcaldΓas; 92 concejales perdieron la vida junto a otros 14 funcionarios pΓΊblicos; secuestraron a 100 personas, y 369 candidatos se vieron obligados a renunciar a sus aspiraciones polΓticas por intimidaciones por parte de los grupos armados.
Analizando estos hechos, (Bejarano 1996) afirman que la captura de la democracia por parte de los grupos paramilitares entorpeciΓ³ el funcionamiento y el desarrollo natural del sistema electoral colombiano, ya que los ΓΊnicos beneficiados fueron parte de la Γ©lite polΓtica y los paramilitares. Por esta razΓ³n (GarcΓa 2007) al estudiar las relaciones entre polΓticos y paramilitares en algunas regiones llegΓ³ a concluir que los territorios con presencia paramilitar eran proclives a tener un aumento significativo de votaciΓ³n hacia los partidos tradicionales del agrado de este grupo armado. Por su parte, dice (Medina 2010) que los paramilitares utilizaron las alianzas polΓticas como una estrategia para ganar reconocimiento y legitimidad en el imaginario social colombiano, capturando las instituciones del Estado para asegurar impunidad frente a las actividades ilegales y, de esta manera, modificar el rΓ©gimen polΓtico segΓΊn sus intereses:
El narcoparamilitarismo comenzΓ³ a pensarse en el marco de una estrategia de captura del Estado como la ΓΊnica forma de asegurar los mΓ‘rgenes de impunidad para el desarrollo de sus actividades criminales y legales. Un modelo de sistema polΓtico mafioso capaz de permitirles moverse en los umbrales de lo legal y lo ilegal. Para ello era necesario infiltrar la institucionalidad hasta capturarla completamente, modificar el rΓ©gimen polΓtico, garantizar su propio reconocimiento social e institucional como actor polΓtico incorporado "legalmente" a la sociedad. Los pactos de SantafΓ© de Ralito, ChivolΓ³ y Pivijay constituyen parte de ese proyecto de captura estratΓ©gica del Estado dirigido en lo esencial a hacer viable la idea de refundar la Patria, construir un nuevo pacto social, fundar un nuevo Estado (Medina 2010, 50).
Se observa que la estrategia paramilitar que cooptΓ³ la democracia en Colombia y sus instituciones no solo obedecΓa a fines rentistas sino de control territorial, contemplando incluso la idea, segΓΊn este mismo autor, de establecer un nuevo status quo del sistema electoral y polΓtico en el paΓs; por eso los pactos de SantafΓ© de Ralito, ChivolΓ³ y Pivijay, entre congresistas, alcaldes, diputados y funcionarios pΓΊblicos con paramilitares, para establecer distritos electorales y asΓ asegurar el poder polΓtico y refundar el paΓs, hacen parte de esa estrategia que restringiΓ³ la participaciΓ³n polΓtica de muchos colombianos.
De modo similar las FARC-EP y el ELN, al igual que lo hicieron los narcotraficantes y los paramilitares, fueron actores armados que cooptaron la participaciΓ³n democrΓ‘tica en Colombia. Cuando (Pizarro2004, 229) afirma que "en decenas y decenas de municipios estos grupos armados solo permiten que puedan presentarse para cargo de elecciΓ³n popular quienes adhieran a sus proyectos polΓticos", estΓ‘ haciendo referencia tambiΓ©n a las FARC-EP y al ELN, que desde su expansiΓ³n territorial desde mediados de los ochenta y con la apertura para la elecciΓ³n popular de gobernadores en la misma Γ©poca, han incido de forma directa en la dinΓ‘mica polΓtica del paΓs, puesto que, por un lado, "en las guerras de carΓ‘cter revolucionario el interΓ©s estratΓ©gico del actor armado se centra en la posibilidad de controlar el poder polΓtico y el territorio con el fin ΓΊltimo transformar el Estado y la sociedad" (Medina 2010, 50).
Por otro lado, no se puede olvidar que las FARC-EP y el ELN han sido actores armados cuyo nacimiento se debe a motivaciones polΓticas, por lo que se puede decir que su cercanΓa con la participaciΓ³n polΓtica es de vieja data, de ahΓ que sostenga el Centro Nacional de Memoria HistΓ³rica-CNMH (2013) que para el caso de las FARC-EP, parte de su actividad ha influido en los poderes de la polΓtica local, en especial desde 1991 con la expediciΓ³n de la ConstituciΓ³n PolΓtica que permitiΓ³ la apertura democrΓ‘tica y descentralizΓ³ recursos directos para las administraciones locales y regionales, viendo esto las FARC-EP como una oportunidad estratΓ©gica para influir en las corporaciones pΓΊblicas.
La actividad polΓtica de las FARC se mantuvo y cobrΓ³ un nuevo impulso al tratar de influir en los poderes locales y regionales, buscando ademΓ‘s responder a los desarrollos de la nueva ConstituciΓ³n, que introducΓa nuevos mecanismos para la participaciΓ³n en la polΓtica local y colocaba importantes recursos en los fiscos municipales. (CNMH 2013, 257)
La injerencia de las FARC-EP en las corporaciones pΓΊblicas locales y regionales es una forma evidente de cooptaciΓ³n de la democracia, porque secuestraron, asesinaron, amedrentaron a polΓticos y funcionarios pΓΊblicos y sabotearon procesos electorales (GarcΓa, 2007). Esto demuestra que los intereses de las FARC-EP en los territorios no se redujo solamente a operaciones tΓ‘cticas guerreristas sino que:
SimultΓ‘neamente [las combinΓ³ con el] desarrollo de un modelo de control que les permitiΓ³ cumplir con funciones de Estado. En algo mΓ‘s de quinientos municipios del paΓs, las guerrillas lograron establecer unas relaciones de poder que les posibilitΓ³ controlar directa o indirectamente a los alcaldes (gobernadores), negociar con ellos los planes de desarrollo, el orden de prioridades de la inversiΓ³n y los regΓmenes de contrataciΓ³n. (Medina 2010, 49)
Lo anterior le abriΓ³ la posibilidad a las FARC-EP para, en primer lugar, dejaran de estar confinadas en zonas de colonizaciΓ³n donde inicialmente se desplazaron para disputar con fuerza el dominio territorial frente a la avanzada de los grupos paramilitares; en segundo lugar, cooptar las instituciones democrΓ‘ticas, mediante el saboteo electoral, las amenazas y el apoyo a candidatos de su preferencia conforme a su proyecto revolucionario. En este sentido, dice (Medina 2010) que organizaron redes de personas que respondieran a sus orientaciones e instalaron en los espacios decisorios de las administraciones pΓΊblicas a contratistas, funcionarios y empleados pΓΊblicos para obtener mayor poder polΓtico y control. No en vano dijo en su momento el mΓ‘ximo jefe de las FARC-EP, Manuel Marulanda en una entrevista retomada por (Aguilera 2013, 96):
Nosotros somos la autoridad en una gran parte del territorio nacional. Usted lo puede presenciar visualmente en todos los frentes nuestros. Usted va a una inspecciΓ³n de policΓa, llegan dos guerrilleros y el inspector les dice: tengo un problema y necesito que me lo ayuden a arreglar. La autoridad en estos territorios es de la guerrilla. Los alcaldes no pueden trabajar mientras no hablen con la guerrilla de cΓ³mo hacer un buen gobierno. En la prΓ‘ctica somos otro gobierno dentro del gobierno por eso estamos buscando el reconocimiento como fuerza beligerante.
Estas acciones de la guerrilla, que ellos justifican vΓ‘lida dentro de su proyecto revolucionario, generΓ³ resultados negativos para la participaciΓ³n democrΓ‘tica; al igual que lo hicieron los narcotraficantes y paramilitares, las FARC-EP limitaron la participaciΓ³n polΓtica de muchos ciudadanos en todo el territorio nacional donde ellos tenΓan presencia, ya que segΓΊn Pino (2017) y Duque (2013) la intervenciΓ³n guerrillera cooptΓ³ varios niveles del rΓ©gimen polΓtico donde el soborno y la corrupciΓ³n se hizo evidente por parte de algunos funcionarios. Sostiene Medina (2010) al respecto:
La injerencia de las guerrillas en la gestiΓ³n pΓΊblica municipal y departamental fue adquiriendo nefastos resultados cuando detrΓ‘s de los avales para ocupar cargos, gobernar o ejecutar contratos, se generaron procesos de enriquecimiento personal a travΓ©s de prΓ‘cticas corruptas de funcionarios, contratistas y trabajadores de la administraciΓ³n pΓΊblica (amigos de la guerrilla) y, cuando la misma guerrilla, Γ‘vida de recursos para su sostenimiento, fue socavando los presupuestos municipales, las transferencias y las regalΓas a travΓ©s de contratistas cooptados que se consumΓan los recursos de obras que quedaron a mitad de camino o nunca fueron iniciadas. (Medina 2010, 51)
De lo anterior se infiere que, aunque en ocasiones las guerrillas asumieron el papel de Γ³rgano de control del Estado en algunas regiones perifΓ©ricas, al pedir cuentas de las gestiones de los funcionarios pΓΊblicos y contratistas, no se distancia mucho de las prΓ‘cticas burocrΓ‘ticas y corruptas que emplearon otros actores armados que saquearon las finanzas pΓΊblicas y restringieron la participaciΓ³n polΓtica.
IV. RIESGO ELECTORAL POR FACTORES DE VIOLENCIA EN EL MAGDALENA MEDIO (2007-2019)
La forma como algunas prΓ‘cticas de las Γ©lites polΓticas y el accionar de grupos armados han cooptado la participaciΓ³n polΓtica en Colombia, permiten analizar este fenΓ³meno tambiΓ©n desde los mapas de riesgos electorales, pues, como se ha seΓ±alado, el surgimiento y expansiΓ³n de estos grupos elevΓ³ los Γndices mΓ‘s altos de violencia que se han sentido tambiΓ©n en las dos primeras dΓ©cadas del siglo XXI.
SegΓΊn la (MisiΓ³n de Observatorio Electoral-MOE 2018, 31) por mucho tiempo "las instituciones estatales sufrieron niveles preocupantes de debilidad e incapacidad, a la vez que las agrupaciones guerrilleras y paramilitares obtuvieron un poder insΓ³lito". En este contexto, en 2006 se creΓ³ la MOE, la cual ha venido desarrollando mapas de riesgo electoral con el fin de identificar, prevenir y reaccionar ante los problemas que puedan afectar la normalidad de las elecciones.
A partir de ello, el Grupo TΓ©cnico de Mapas de Riesgo Electoral de la MOE, distinguiΓ³ dos variables: activas y pasivas (ver figura 1). Las primeras, corresponden al contexto de violencia en el que se llevaron a cabo las elecciones, las cuales implican el efecto directo de los grupos armados ilegales, como el desplazamiento forzado y la violencia en contra de lΓderes sociales y periodistas. Las segundas, se refieren a las anomalΓas que se presentaron durante las elecciones que, por su atipicidad y su recurrencia, permiten inferir que se cometieron fraude electoral; de esta manera, "una afluencia exagerada de votantes puede deberse a formas de constreΓ±imiento (presiones y amenazas sobre los electores) o de corrupciΓ³n sobre los su fragantes (como la famosa compra de votos)" (MOE 2018,32).

Tomando como base la metodologΓa usada por la (MOE 2018), respecto a los riesgos de mapas electorales, en esta secciΓ³n se analizΓ³ las variables activas relacionadas con las elecciones locales y nacionales entre 2007 y 2019. A partir de ello, se tomaron las bases de datos de riesgos electorales durante ese periodo, para construir por un lado, mapas consolidados que dan cuenta de los municipios, que presentaron mayor frecuencia de riesgos por cada una de las variables activas; por otro lado, para establecer los periodos electorales que fueron mΓ‘s crΓticos segΓΊn la presencia de actores armados, puesto que tuvieron un mayor nΓΊmero de municipios que presentaron riesgos, que se clasificaron como medio, alto y extremo.
a) Presencia de grupos armados ilegales en la regiΓ³n del Magdalena Medio
Las elecciones locales y nacionales entre 2007 y 2019 en la regiΓ³n del Magdalena, se han caracterizaron por tener presencia de grupos armados ilegales: FARC-EP, el ELN y los GAO, los cuales han realizado acciones violentas unilaterales o de combate en el marco de las elecciones.
El mayor riesgo electoral por presencia de las FARC-EP en la regiΓ³n del Magdalena Medio se dio en las elecciones locales de 2007 y las nacionales de 2010, en las que el 50% (15) y el 70% (21) de los municipios de la regiΓ³n, respectivamente, presentaron algΓΊn tipo de riesgo, mientras que se evidenciΓ³ una disminuciΓ³n significativa en los posteriores procesos electorales. El municipio que presentΓ³ mayor riesgo consolidado durante este periodo fue San Pablo, ubicado al sur del departamento de BolΓvar, seguido de los municipios de SimitΓ y Arenal; en Antioquia, YondΓ³; en Santander, Barrancabermeja, y en el Cesar, Aguachica (Ver mapa 6). SegΓΊn la (MOE 2011) la estrategia de este grupo armado ha apuntado mΓ‘s al saboteo de las elecciones, bien sea por la realizaciΓ³n de acciones armadas, la generaciΓ³n de problemas de orden pΓΊblico o la declaraciΓ³n de paros armados.
La disminuciΓ³n significativa de riesgo electoral a partir de las elecciones locales de 2011 estΓ‘ relacionada con el inicio de los diΓ‘logos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y el grupo guerrillero FARC-EP. Esto generΓ³ el fenΓ³meno que la (MOE 2018) denominΓ³ "riesgos por vacΓos de poder" dejados por este grupo armado guerrillero, a partir de su desmovilizaciΓ³n en 2016, los cuales fueron llenados por el ELN (ver mapa 1) y los GAO en lugar del Estado.




En concordancia con lo anterior, se identificΓ³ un aumento considerable de riesgos electorales por presencia del ELN en los municipios del Magdalena Medio, en especial durante el plebiscito. Los municipios del sur de BolΓvar fueron los que presentaron mayor frecuencia de ocurrencia de este tipo de riesgo durante las elecciones 2007-2019, en particular: Morales, SimitΓ, Santa Rosa del Sur, San Pablo y Cantagallo. En este territorio ha hecho presencia histΓ³rica el Frente de Guerra DarΓo de JesΓΊs RamΓrez Castro del ELN, el cual se caracterizΓ³ por dinamizar y promover la participaciΓ³n de las comunidades en los asuntos pΓΊblicos, buscando "copar y penetrar las entidades administrativas y de gobierno regional y municipal para condicionarlo y bloquearlo" (Rangel 1999, 38). El ELN se ha caracterizado por llamar al abstencionismo; sin embargo, en las elecciones de 2010 manifestΓ³ sus intenciones de hacer proselitismo.
Por su parte, los GAO tuvieron su mayor incidencia en las elecciones nacionales de 2010, aun cuando se habΓa logrado la desmovilizaciΓ³n de las Auto Defensas Unidas de Colombia- AUC (paramilitares) en 2006, por lo cual se presentΓ³ riesgo en el 63% (19) de los municipios de la regiΓ³n; de estos Barrancabermeja fue el que tuvo mayor recurrencia de presentarse riesgos que afectarΓan las elecciones en el periodo 2007-2019 (ver mapa 3). SegΓΊn la (MOE 2010, 113):
A partir de 2006, los nuevos grupos armados derivados del paramilitarismo se empezaron a constituir bajo diversos nombres a lo largo del territorio nacional, aΓΊn desarrollan ciertas actividades similares a las de sus antecesores en materia de violaciΓ³n de derechos humanos (homicidios, amenazas a lΓderes sociales, reclutamiento de menores, etc.), pero no en la misma escala que las autodefensas, bΓ‘sicamente porque la poblaciΓ³n ya se encuentra amedrentada con el control territorial que lograron obtener sus antecesores.

Por otro lado, llama la atenciΓ³n que mientras que el riesgo por presencia de GAO disminuyΓ³ de manera sustancial en el paΓs, aumentΓ³ en los municipios de Santander y sur de BolΓvar. SegΓΊn la (MOE 2010, 113) "la mayor expresiΓ³n de la interferencia electoral de las AUC fue la llamada parapolΓtica, que concentrΓ³ su mayor expresiΓ³n a partir del aΓ±o 2000". Cabe mencionar que los GAO se ubicaron en los municipios en los que tenΓan mayor presencia los grupos paramilitares, lo que facilitΓ³ que pudieran coaptar las elecciones, a partir del temor y miedo que se habΓa generado hacia estos grupos. Es importante mencionar que, en un principio, estos grupos realizaron acciones armadas con el fin de presionar a los electores para que votaran por un grupo determinado; sin embargo, en las elecciones nacionales de 2010 su accionar se basΓ³ en la financiaciΓ³n de campaΓ±as y la coacciΓ³n econΓ³mica del votante. Lo anterior teniendo en cuenta los altos recursos obtenidos por parte del narcotrΓ‘fico.
SegΓΊn la (MOE 2010) existen tres razones por las que el riesgo por presencia de los GAO no ha sido tan explΓcito: primero, estΓ‘n ubicados en territorios en los que tienen una fuerte presencia; segundo, existe un grado de aceptaciΓ³n de la parapolΓtica; tercero, no ha sido fΓ‘cil comprobar su financiaciΓ³n a las campaΓ±as polΓticas. Esto sumado al hecho de que no cuentan con una estructura formal que permita conocer, mediante un comunicado formal, sus intenciones polΓticas como sΓ lo hacen los grupos guerrilleros, por lo cual se considera que "el peligro estΓ‘ en que de alguna manera logren cooptar las instituciones mediante un bajo perfil armado, pero [con una] alta influencia econΓ³mica" (MOE 2010,116).

b) Riesgo Por Desplazamiento Forzado
Uno de los mayores indicadores de cooptaciΓ³n polΓtica es el desplazamiento forzado. SegΓΊn la (MOE 2010, 130): "los desplazados no tienen garantΓas para ejercer el derecho al voto en las zonas de las cuales fueron expulsados por hechos de violencia asociados al conflicto armado interno, y no tienen facilidades para votar en las ciudades en las que se refugian". Esto es preocupante porque en la regiΓ³n del Magdalena Medio, en el periodo 1994-2006, fueron expulsadas 103.564 personas por parte de los grupos armados (DΓ‘vila 2007).
Lo anterior motivΓ³ a que se revisaron los datos de desplazamiento forzado en las elecciones durante el periodo 2007-2019 con base en dos Γndices, el de intensidad y de presiΓ³n, estos permiten medir el impacto que ejerce el desplazamiento sobre los municipios: el primero mide el nΓΊmero de personas expulsadas sobre el total de la poblaciΓ³n del municipio por cada mil habitantes; el segundo mide el nΓΊmero de personas que llegan a un municipio sobre la poblaciΓ³n por cada mil habitantes.
En ese sentido, se hallΓ³ que las elecciones de 2007 fueron las que presentaron el mayor nΓΊmero de personas expulsadas en la regiΓ³n del Magdalena Medio, con mayor intensidad en el municipio Cantagallo (199), seguido de San Pablo (165), YondΓ³ (105) y SimitΓ (87) (ver figura 2). En este periodo tambiΓ©n se registrΓ³ el mayor nΓΊmero de recepciΓ³n de personas desplazadas, principalmente en el municipio de San Pablo (118), seguido de Santa Rosa del Sur (44), Puerto Parra (41) y Barrancabermeja (40) (ver figura 3).
Sin embargo, llama la atenciΓ³n que los municipios de San Pablo y LandΓ‘zuri fueron los ΓΊnicos que registraron un riesgo electoral por desplazamiento forzado en 2007, mientras que en las elecciones de 2015 fue mΓ‘s notorio el riesgo electoral por esta problemΓ‘tica. Por otro lado, se identificΓ³ que no hay una relaciΓ³n directa entre esta problemΓ‘tica y el porcentaje de abstencionismo en las elecciones locales de 2007, puesto que hubo una mayor abstenciΓ³n en los municipios en los que se evidenciaron menores Γndices de desplazamiento forzado, como es el caso de San Vicente de ChucurΓ, RΓo Viejo y Puerto BerrΓo, los cuales presentaron un porcentaje de abstenciΓ³n del 55%, el 54% y el 53%, respectivamente.


Estos resultados permiten identificar la presencia de los grupos armados ilegales en los municipios de la regiΓ³n del Magdalena Medio, lo cual se evidencia en los altos Γndices de desplazamiento forzado; sin embargo esto no fue Γ³bice para limitar la participaciΓ³n de la poblaciΓ³n en las urnas. Esto se puede verificar en mayor medida en el municipio de Cantagallo, el cual en 2007 tuvo un Γndice de intensidad de desplazamiento forzado de 199 y un porcentaje de abstencionismo del 26% (Ver figura 4).

Figura 4: Γndice de intensidad y presiΓ³n de desplazamiento forzado vs porcentaje de abstenciΓ³n elecciones locales (2007)
San Pablo fue el municipio que registrΓ³ mayor frecuencia de ocurrencia de riesgos electorales en el periodo 2007-2019, al mismo tiempo que fue el municipio que recibiΓ³ el mayor nΓΊmero de personas desplazadas y el segundo que expulsΓ³ la mayor cantidad. Esto estΓ‘ relacionado con la disputa territorial entre los grupos armados en este territorio. Los periodos electorales que presentaron mayor cantidad de municipios en riesgo por desplazamiento forzado fueron las elecciones locales de 2015 y 2019, lo cual coincide con los riesgos electorales por la presencia del ELN en este territorio (Ver mapa 4).


c) Riesgo Por Violencia PolΓtica
Esta variable da cuenta de los hechos de violencia cometidos contra los candidatos polΓticos, servidores pΓΊblicos y poblaciΓ³n civil por parte de los grupos armados ilegales. En este caso, se considera como riesgo extremo las acciones cometidas contra los candidatos polΓticos evidenciados en amenazas, secuestros, asesinatos o atentados contra sedes de campaΓ±a, asΓ como los hechos violentos contra la poblaciΓ³n civil. Como riesgo alto se incluyen los hechos cometidos contra servidores pΓΊblicos y a mandatarios pΓΊblicos (alcaldes y gobernadores). En riesgo medio se ubicaron aquellas acciones violentas dirigidas contra la fuerza pΓΊblica.
Se identificΓ³ que, aunque fueron pocos los municipios que registraron riesgos de violencia polΓtica, estos se caracterizaron por tener un riesgo extremo, es decir, se registraron acciones violentas contra los candidatos polΓticos. En este caso se detectΓ³ que las elecciones de 2007, 2016, 2018 y 2019 fueron las que presentaron la mayor cantidad de municipios con este tipo de riesgo. Los municipios que tuvieron mayor frecuencia de riesgos en las elecciones 2007-2019 fueron Barrancabermeja y Aguachica (mapa 5).

Cantidad municipios del Magdalena Medio con riesgo de violencia polΓtica Elecciones locales-nacionales 2007-2019

SegΓΊn la (MOE 2019) en el periodo comprendido entre el 27 de octubre de 2018 al 25 de octubre de 2019 se registrΓ³ que 532 lΓderes polΓticos, sociales y comunales fueron vΓctimas de algΓΊn tipo de violencia. El 44% (233) de los lΓderes polΓticos fueron vΓctimas de violencia de polΓtica, la mayorΓa del partido de derecha Centro DemocrΓ‘tico, el cual registrΓ³ 28 amenazas, cinco atentados y un asesinato, seguido del partido de izquierda Colombia Humana-UP, quienes recibieron 30 amenazas. Sin embargo,
[...] los partidos polΓticos mΓ‘s afectados con hechos letales son el Partido de la U (4 asesinatos y 3 atentados), el partido FARC (3 asesinatos y 3 atentados), partido Liberal (4 asesinatos y 1 atentado), el partido Cambio Radical (2 asesinatos y 3 atentados) y el partido Conservador (2 asesinatos y 2 atentados). (MOE 2019, 9)
Estos datos son relevantes porque muestra como a pesar de firmado el acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP, donde se constata que la violencia y el desplazamiento forzado ha disminuido, aΓΊn se observa hechos de violencia polΓtica. TambiΓ©n.
V. VIOLENCIA Y DESIGUALDAD POLΓTICA Y SOCIAL
SegΓΊn datos del Registro Nacional de InformaciΓ³n (RNI), que permite consultar la poblaciΓ³n incluida en el Registro Γnico de VΓctimas del conflicto armado colombiano, en el periodo 2007-2019 se registraron 1938 homicidios en la regiΓ³n del Magdalena Medio; el 50% de estos ocurriΓ³ en 2007 y, a partir de este aΓ±o, se evidenciΓ³ una disminuciΓ³n significativa en el nΓΊmero de homicidios registrados, de manera que en 2019 solo se registraron 6 casos. Por su parte, los municipios de Barrancabermeja (344), Aguachica (265), Puerto BerrΓo (214), San Pablo (133) y Santa Rosa del Sur (116) fueron los que presentaron mayor nΓΊmero de homicidios registrados (figura 5).

Con el fin de identificar el grado de incidencia del conflicto armado en la participaciΓ³n polΓtica se comparΓ³ el nΓΊmero de homicidios registrados en las elecciones de 2007 con el porcentaje de abstencionismo (Ver figura 6). Al respecto, no se hallΓ³ una correlaciΓ³n positiva entre estas dos variables, puesto que municipios como el Carmen de ChucurΓ registraron un abstencionismo del 55%, aunque presentaron cero casos de vΓctimas de conflicto armado. Sin embargo, se evidenciΓ³ que esto no aplica para todos los municipios; se identificΓ³ una correlaciΓ³n directa entre homicidios y porcentaje de abstencionismo en los municipios de Barrancabermeja y Aguachica, los cuales en ese periodo registraron un riesgo electoral medio por presencia de las FARC-EP.

Los efectos de la relaciΓ³n violencia polΓtica-violencia criminal limita la participaciΓ³n democrΓ‘tica, lo que a su vez aumenta la desigualdad polΓtica, hecho preocupante ya que los regΓmenes democrΓ‘ticos fundamentan sus ideales en principios como la libertad, la justicia y la igualdad. Por tanto, la (OrganizaciΓ³n de los Estados Americanos -OEA 2015) considera que la democracia estΓ‘ fundamentada en un principio reforzado de la igualdad para posibilitar, entre otros aspectos, el ejercicio de los derechos polΓticos y para romper con las grandes concentraciones de poder reservadas en ocasiones para una Γ©lite polΓtica que es mezquina frente a las condiciones sociales de muchas personas en condiciones de pobreza y exclusiΓ³n social.
Cuando a los ciudadanos se les garantiza el ejercicio de sus derechos polΓticos en los sistemas democrΓ‘ticos, es una puerta abierta para crear condiciones reales en las que la ciudadanΓa puede entrar en la disputa por el poder polΓtico y aumentar su calidad de vida, ya que con la recompensa monetaria derivada de su trabajo puede suplir sus necesidades bΓ‘sicas. Esto implica que la participaciΓ³n polΓtica no se centra ΓΊnicamente en mirar si los ciudadanos votan o no en una determinada campaΓ±a electoral; tambiΓ©n tiene que ver con las formas de exclusiΓ³n que crean desigualdad polΓtica, producto de la violencia.
Esto permite inferir que la existencia de fenΓ³menos como la violencia, ademΓ‘s de limitar la participaciΓ³n polΓtica como es evidente en muchos paΓses en LatinoamΓ©rica, tambiΓ©n aumenta los niveles de pobreza y exclusiΓ³n social. Al respecto, la (OEA 2015), por un lado, refiere que la falta de equidad en la participaciΓ³n electoral perjudica los principios bΓ‘sicos de igualdad polΓtica y de representaciΓ³n; por otro lado, afirma que
Si una democracia coexiste con altos niveles de pobreza y exclusiΓ³n, lo que se estΓ‘ diciendo en realidad, es que los derechos fundamentales de una parte importante de la poblaciΓ³n no estΓ‘n siendo respetados. Ello, para empezar, crea obstΓ‘culos muy gravosos para la participaciΓ³n, movilizaciΓ³n y representaciΓ³n polΓtica de los afectados [...] la falta de vigencia de derechos bΓ‘sicos de la ciudadanΓa es sugerente de que el proceso democrΓ‘tico no estΓ‘ representando adecuadamente los intereses de los diferentes grupos. (OEA 2015, 12)
Y es que, al observar la violencia polΓtica en Colombia, se puede inferir que desde hace dΓ©cadas atrΓ‘s los derechos polΓticos de algunos ciudadanos no han sido respetados, ya que muchos son asesinados, intimidados, y peor aΓΊn, obligados a exiliarse a paΓses como Estados Unidos, MΓ©xico y naciones europeas. La tabla NΒ° 1 que toma como corte histΓ³rico los asesinatos polΓticos entre 1986 y 2002, da cuenta tambiΓ©n de esta realidad.
| Actividad polΓtica | Sin afiliaciΓ³n registrada | Partido Liberal | Partido UP | Partido Conservador | Otra afiliaciΓ³n | Partido PolΓtico de Esperanza, Paz y Libertad | M-19 |
| Alcalde | 100 | 31 | 8 | 16 | 4 | 0 | 0 |
| Concejales | 277 | 208 | 50 | 120 | 22 | 7 | 5 |
| Militantes y activistas | 20 | 6 | 159 | 3 | 77 | 114 | 13 |
| Dirigentes polΓticos locales | 144 | 87 | 53 | 38 | 9 | 4 | 2 |
| Otros funcionarios del Estado | 199 | 11 | 4 | 6 | 2 | 0 | 0 |
| Candidatos a Concejo | 52 | 18 | 5 | 9 | 6 | 0 | 2 |
| Dirigentes polΓticos departamentales | 32 | 34 | 10 | 10 | 3 | 0 | 1 |
| Candidatos a alcaldΓas | 38 | 14 | 5 | 11 | 7 | 0 | 1 |
| Diputados, concejales | 7 | 19 | 8 | 8 | 4 | 0 | 0 |
| Congresistas | 1 | 8 | 7 | 7 | 0 | 0 | 0 |
| Dirigentes polΓticos nacionales | 2 | 6 | 6 | 6 | 0 | 0 | 1 |
| Otros | 5 | 8 | 1 | 2 | 0 | 0 | 0 |
| Total | 877 | 450 | 316 | 236 | 134 | 125 | 25 |
| Porcentaje | 38,0 | 15,7 | 10,5 | 8,0 | 4,5 | 4,1 | 0,8 |
Esto es una evidente muestra de desigualdad polΓtica y de debilidad institucional, pues pareciese que la violencia es en ocasiones superior a los principios de libertad, justicia e igualdad, fundamentos de los regΓmenes democrΓ‘ticos.
a) El Γndice de Pobreza Multidimensional y abstencionismo electoral
El Γndice de Pobreza Multidimensional (IPM) es una forma de medir los niveles de desigualdad y pobreza. Este indicador mide cinco dimensiones: condiciones educativas del hogar, condiciones de la niΓ±ez y de la juventud, salud, trabajo y condiciones de vivienda y acceso a servicios pΓΊblicos. En 2005 el IPM nacional fue del 49%, mientras que el promedio de los municipios del Magdalena Medio fue del 76%, es decir un 27% mΓ‘s alto. Analizando la participaciΓ³n en relaciΓ³n con el IPM, de los 30 municipios de la regiΓ³n, aquellos del sur de departamento de BolΓvar fueron los que presentaron porcentajes mΓ‘s altos niveles de abstencionismo, en particular, Tiquisio (95%), Regidor (88%) y Arenal (88%). De estos municipios, Tiquisio (73%) y Arenal (66%).

Figura 7: ComparaciΓ³n IPM 2005 y 2018 con porcentaje de abstencionismo 2005 y 2018
Por otra parte, en 2018 el IPM en el Γ‘mbito nacional fue del 19,62%, lo que evidenciΓ³ una mejorΓa significativa de las condiciones de vida de la poblaciΓ³n, puesto que disminuyΓ³ en un 29,38% con respecto a 2015. En el Magdalena Medio tambiΓ©n se presentΓ³ una disminuciΓ³n considerable, al pasar del 76% al 45%, lo que representa una disminuciΓ³n del 31%. En este aΓ±o los municipios que presentaron mayores porcentajes de hogares con privaciones fueron Tiquisio (73%) y Arenal (62%) en BolΓvar, y El Carmen de ChucurΓ (59%) en Santander. De la misma manera que en las elecciones nacionales de 2016, en las de 2018 los municipios que presentaron mayores porcentajes de abstencionismo fueron Tiquisio (61%) y Arenal (58%).
AdemΓ‘s del IPM es importante seΓ±alar que el Departamento Nacional de PlaneaciΓ³n (DNP) (2017) ha categorizado los municipios con el fin de identificar sus niveles de desarrollo, a partir de seis componentes: funcionalidad urbana, condiciones de vida, econΓ³mico, ambiental, institucional y seguridad. A partir de estos se establecieron tres tipologΓas: los municipios con desarrollo robusto, intermedio e incipiente. De esta manera, el 67% (20) de los municipios tuvieron un desarrollo intermedio, el 30% (10) incipiente y solo el 3% (1) un desarrollo robusto, lo cual corresponde al municipio de Barrancabermeja.
Al respecto, es de destacar que hay una coincidencia en que los municipios que tienen desarrollo intermedio e incipiente se caracterizan porque mΓ‘s del 50% de su poblaciΓ³n es rural, siendo los municipios de BolΓvar (89%), el PeΓ±Γ³n (83%), Betulia (78%), LandΓ‘zuri (76%), Rionegro (75%), Tiquisio (73%) y Arenal (73%) los de mayor concentraciΓ³n de la poblaciΓ³n rural, mientras que Barrancabermeja (10%), Puerto BerrΓo (10%) y San Pablo (12%) los de menor concentraciΓ³n.
De esta manera, a diferencia de las cifras de desplazamiento forzado y homicidios se registrΓ³ una relaciΓ³n positiva entre pobreza y abstencionismo. En consecuencia, en los municipios del Magdalena Medio durante el periodo 2007-2019 se evidenciΓ³ una reducciΓ³n significativa en los IPM; asimismo se aprecia que existe una relaciΓ³n entre el Γndice de pobreza y la abstenciΓ³n a votar en las elecciones presidenciales. Los municipios con menores IPM, en promedio, tienden a participar de manera mΓ‘s activa en las jornadas democrΓ‘ticas del paΓs.
Al respecto, es importante seΓ±alar que, si bien se evidenciΓ³ una disminuciΓ³n significativa de los indicadores de pobreza, los municipios del Magdalena Medio se caracterizan por tener bajos ingresos, ademΓ‘s de que una gran parte de la poblaciΓ³n vive en el Γ‘rea rural, lo cual estΓ‘ relacionado con las dificultades de acceso para llegar a los lugares de votaciΓ³n, asΓ como con los altos costos en los que puede incurrir el desplazamiento para acceder a las urnas. Esto se puede explicar mediante la teorΓa de elecciΓ³n racional, la cual considera al voto como un cΓ‘lculo entre costos y beneficios; en esta lΓ³gica se interpreta que los electores consideran que es mayor el costo que desplazarse a las urnas que el beneficio que se podrΓa obtener de ello, en especial en el hecho de que su voto sea determinante para los resultados de la elecciΓ³n.
VI. CONCLUSIONES
La regiΓ³n del Magdalena Medio dada su ubicaciΓ³n estratΓ©gica ha sido de gran interΓ©s para los grupos armados al margen de la ley: narcotraficantes, FARC-EP, ELN, paramilitares y GAO, quienes han realizado procesos de cooptaciΓ³n de la democracia, limitando de este modo la participaciΓ³n polΓtica y debilitando las instituciones del Estado. AdemΓ‘s, han generado riesgos electorales visibles en el desplazamiento forzado, la violencia polΓtica y la intimidaciΓ³n constante debido a la presencia de estos mismos grupos; sin embargo, estos riesgos no son homogΓ©neos para todos los municipios. Por ejemplo, en 2007, Morales, SimitΓ, Santa Rosa del Sur, San Pablo y Cantagallo (departamento de BolΓvar) presentaron fuertes desplazamientos forzados, no aconteciendo este mismo hecho en otros entes territoriales de la misma regiΓ³n.
El anΓ‘lisis de los riesgos electorales entre 2007-2019 permiten identificar, que el Acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP, generΓ³ una disminuciΓ³n significativa de los riesgos por presencia de este grupo armado; empero, esto permitiΓ³ que se aumentara el riesgo por presencia del ELN y de los GAO para llenar el vacΓo de poder dejado por las FARC-EP.
Si bien es cierto que la regiΓ³n del Magdalena Medio, tuvo el mayor riesgo electoral en 2007 por las acciones de las FARC-EP, se evidencia actualmente una disminuciΓ³n a pesar del dominio territorial que ejercen otros actores armados.
Se constata que los municipios de la regiΓ³n del Magdalena Medio, respecto al resto del paΓs tienen caracterΓsticas muy particulares, porque, primero, las acciones de los GAO en 2010 disminuyeron en todo el territorio nacional, excepto para esta regiΓ³n; en este aΓ±o se comprobΓ³ que los GAO financiaron varias campaΓ±as electorales y realizaron coacciΓ³n econΓ³mica del votante. Segundo, se identificΓ³ que entre 2007-2019 no existiΓ³ siempre una relaciΓ³n directa entre abstencionismo y presencia de grupos armados, porque hay municipios donde no se registrΓ³ un elevado nΓΊmero de acciones violentas y su participaciΓ³n electoral en comicios fue baja. Tercero, hubo municipios que no registrΓ³ homicidios en intervalos de tiempos, y su abstencionismo fue alto como pasΓ³ con el municipio de Carmen de ChucurΓ, que para el 2007 los niveles de abstencionismo llegaron al 55%. Cuarto, se encontrΓ³ una relaciΓ³n entre el Γndice de pobreza y altos nivel de abstenciΓ³n a la hora de votar para elecciones presidenciales.