I. INTRODUCCIÓN
El presente artículo se concibe a partir de un análisis histórico sobre la Iniciativa Yasuní-ITT para el período 2007-2013 [denominada 'la Iniciativa', en adelante] que consiste en no extraer 846 millones de barriles de petróleo del campo petrolero IshpingoTambococha y Tiputini (ITT), ubicado dentro del Parque Nacional Yasuní -uno de los sitios con mayor biodiversidad del Ecuador y el mundo-evitando la emisión de millones de toneladas métricas de CO2, a cambio de una compensación económica parcial (Fierro L.G, 2016, 2017). La Iniciativa se considera como política pública en el 2007 y se vincula directamente a la necesidad de compensación económica (Fierro L.G, 2016, 2017). Para la administración de las contribuciones internacionales, el gobierno nacional del Ecuador, en el 2010, autoriza a Naciones Unidas la administración del fondo fiduciario Yasuní-TT.
La Iniciativa nace como una respuesta innovadora a la gobernanza del cambio climático, a partir de la cual, un país con reducciones marginales de carbono, propone que los países con mayores emisiones de carbono, compensen los esfuerzos de no emisión de países ricos en biodiversidad como Ecuador (Fierro L. G, 2017). Además, es un mecanismo concreto de acción climática, que genera un ingreso sustentable (Fierro L. G, 2016) o no dependiente de la renta petrolera, para los países extractivistas y ricos en biodiversidad.
En sus inicios, el gobierno nacional ecuatoriano coloca la Iniciativa en el campo económico, insistiendo que el aspecto más importante de la misma es la sustitución del ingreso petrolero, por uno sostenible que provenga de la comunidad internacional (Fierro L. G, 2016). El ex presidente Rafael Correa [Correa, en adelante] presenta la Iniciativa como "un extraordinario ejemplo de acción colectiva mundial (...) que inaugura una nueva lógicaeconómica para el siglo XXI, donde se compense la generación de valor de uso y no solamente la generación de mercancías" (Correa, 2007. cit. Fierro L. G 2017). Este llamado supone varios niveles integración, tal como lo explica Ribeiro (2011), cuando interpreta a los 'niveles de integración sociocultural' del antropólogoJulianSteward (1972 [1951]), para quien, dichos niveles son "un espectro formado por los niveles local, regional, nacional, internacional y transnacional; lo local entendido como como ese lugar donde una persona o grupo conduce sus actividades cotidianas regulares; el nivel regional que corresponde a la definición cultural/política de una región dentro de una nación; los niveles nacional, internacional y transnacional, que se refieren a la existencia del Estado - Nación y sus relaciones internas y externas" (Ribeiro, 2011).
La Iniciativa, por ser una respuesta concreta al cambio climático y sus efectos nocivos multinivel tiene una pretensión global: se trata de organizar alianzas entre los Estados, apoyados en el criterio de justicia ambiental y de visibilizar el esfuerzo económico que representa para los países ricos en biodiversidad, pero con economías extractivistas, el evitar emisiones de carbono. Este mecanismo fue llamado 'emisiones netas evitadas' (ENE): "las emisiones que, pudiendo ser realizadas en la economía de cada país no son emitidas; o las emisiones que, existiendo dentro de la economía de cada país, son reducidas", por lo que se compensa, el balance neto de emisiones (Correa, 2011 cit.,
Gallardo 2016). Asimismo, Correa lleva la Iniciativa a varias cumbres y foros internacionales como: la III Cumbre América del Sur-Países Árabes (ASPA) y Rio+20 en México en el 2012. Sin embargo, estos foros no toman en consideración la necesidad de una transición energética en los países con economías extractivistasy ricos en biodiversidad. Adicionalmente, la respuesta de la comunidad internacional a la Iniciativa ecuatoriana fue casi nula, el fondo Yasuní-ITT no cumplió con el monto de compensación parcial solicitado por Ecuador y fue cancelado en el 2013.
En el 2021, en el marco de las elecciones presidenciales de Ecuador, el candidato Andrés Arauz, en el documento: "Políticas para transitar hacia la justicia ecológica" , incluye la propuesta de este artículo: el pago social por no extraer petróleo. Sin embargo, a diferencia de la Iniciativa -que se orienta a los Estados y actores internacionales- el pago social por no extraer petróleo es un llamado a la sociedad en todos sus niveles ¿Por qué es importante retomar la idea de pagar por no extraer petróleo? El dilema de la extracción o no del petróleo dentro del Parque Nacional Yasuní, sigue siendo un campo de disputa en países con economías extractivistas o de capital dependiente, es decir, en aquellos que dependen del Capital desarrollado, en el ámbito del comercio internacional (Dussel, 1985., cit Fierro L.G 2017). Así, la renta petrolera en Ecuador está en disputa con otros valores de uso del petróleo en territorios sensibles como el Yasuní, valores como: la autodeterminación de los territorios indígenas, el acceso al agua limpia, la conservación de la biodiversidad, el mantenimiento del paisaje, o el evitar emisiones de carbono. Esta disputa de valores evidencia los límites del Estado para salir del extractivismo por puro voluntarismo; por lo tanto, la disputa con los valores de uso, nos invita a pensar en formas alternativas de gestión del petróleo, cuando este se encuentre en territorios de alta biodiversidad, o en zonas sensibles socio culturalmente. En términos socio ambientales, se trata de dejar en el subsuelo un activo tóxico (Falconí, F., Burbano, R., Ramos-Martin, J., & Cango, P. 2019) evitando la afectación sobre el Parque Nacional Yasuní y lo que éste significa en términos ambientales y culturales.
En Ecuador, por ejemplo, constitucionalmente el petróleo es considerado como recurso estratégico para suplir las necesidades socio económicas y de ahí su relevancia, pero como objeto de estudio, importa porque su forma hegemónica de existencia socioeconómica está profundamente alienada. Para Marx (1975), la alienación es la separación del trabajo del objeto que está en producción, es decir, se trata de la desconexión o la separación de las personas sobre sus producciones (Fierro L. G, 2017). Así, parecería que el capitalismo condiciona todo tipo de relación social, a partir de ello la sociedad se relaciona con el petróleo únicamente como mercancía, porque existe una imposibilidad de pensarlo de otra manera (Fierro L. G, 2017), lo que hace que se mantenga una relación alienada con el petróleo. Además, el debate alrededor del petróleo no solo genera narrativas mutuamente excluyentes como "petróleo o vida", "petróleo o biodiversidad" (Fierro L. G, 2016), sino que al colocar al petróleo como lo opuesto a la vida se despolitiza la discusión sobre el extractivismo (Fierro L. G, 2016). De hecho, al hacerlo se produce un doble silenciamiento: privamos al petróleo de su condición de naturaleza y por tanto, lo des-dignificamos, colocándolo como una mera mercancía; y, por otro lado, privamos a la sociedad de la posibilidad de relacionarse con el petróleo en su forma natural (Echeverría 1984), o de tomar decisiones sociales a partir de los valores de uso.
Entonces ¿Cómo el compromiso colectivo por la desmercantilización del petróleo puede liberarlo de su ficción de mercancía? Uno de los aportes teóricos de este trabajo es la definición de la categoría 'pago social por no extraer petróleo', que se inspira en la tesis de la "desvinculación" de Amin, quien propone el abandono del valor capitalista (Amin, 2011 cit Gallardo 2016) y recoge la evidencia empírica del trabajo de investigación doctoral de Lucía Gallardo (Gallardo, 2016) a partir de un casi de estudio. El caso de estudio nos invita a superar la centralidad que tienen los Estados en el debate de cambio climático, para evidenciar que las personas y colectivos organizados alrededor de 'otros' valores de uso sobre petróleo, pueden utilizar el dinero para desmercantilizar una producción tóxica, 'liberándo' al petróleo de su condición de mercancía. Así, el pago social por no extraer petróleo, es una categoría de acción colectiva que permite la (des) mercantilización del petróleo y genera oportunidades para la transición energética en países ricos en biodiversidad, pero con economías altamente dependientes delextractivismo. Asimismo, la decisión de pagar por no extraer petróleo, manifiesta el deseo de 'libertar' una producción tóxica como la petrolera de la lógica del mercado, a través de un pago social, 'conectando' a la sociedad con las decisiones que les permitan alcanzar una reproducción de la vida de forma armónica y no asimétrica tanto para las poblaciones humanas, sin distinción de su condición cultural, como para los demás componentes de la naturaleza.
II. MARCO TEÓRICO
El análisis teórico y marco referencial del presente artículo parte del análisis de fetichización del dinero (Marx, 1975); la producción de la sociedad a partir de las relaciones sociales con base en lo ideal y lo material (Godelier, 1989); el Capitaloceno como concepto relacionado al extractivismo producto de las relaciones históricas de poder (Ulloa, 2017); Soederberg (2013) y su llamado desmitificar el dinero; la recuperación de la forma social natural de la Sociedad (Echeverría, 1998a; 1998b); la ficción de la mercancía de Polanyi (2007); los conflictos socio ambientales como mecanismo para la construcción del Estado - Nación (O'Dwyer, 2014; 2018); la politización de una acción social (Swartz., Turner., &Tuden., 1966) y, la acción política partir de los márgenes del Estado o los Estados (Das & Poole, 2008).
Este artículo retoma el debate teórico sobre cómo en la industria extractivista, la naturaleza opera como fuerza productiva no-producida (Marx 1975, 2007., cit. Gallardo 2016), trabajo en donde se explica cómo la naturaleza, se transforma en fuerza productora y reproductora del Capital (Dussel, 1985; 1998., cit. Gallardo 2016). Adicionalmente, del análisis de Fierro L. G (2017) se resaltan al menos tres aspectos: la naturaleza por ser exterior al Capital no tiene valor (Marx, 1975), pero su apropiación incrementa la productividad del Capital (Luxemburgo, 1985); la integración de la naturaleza como fuerza productiva no producida a través de la renta, es el factor decisivo en el capitalismo (Echeverría, 1994); y, que en un nivel profundo la ganancia se genera en la producción (Marx 1975), por lo que la no producción de petróleo, tiene el potencial de 'interrumpir' el proceso de acumulación del capital (Fierro L. G, 2017).
Esta afirmación tiene asidero en el proceso de producción de la sociedad a partir de realidades ideales y materiales, que según Goldier (1989) se dan en el marco de las relaciones sociales; así las realidades ideales son las formas de pensamiento de una sociedad, mientras que las realidades materiales son aquellas que estando en la naturaleza son transformadas por el ser humano y que van desde utensilios hasta las especies animales y vegetales domesticadas. Es decir, las relaciones sociales se fundamentan en ideales -o pensamientos- mismos que a su vez facultan la producción de realidades materiales o tangibles. Esto nos lleva a entender que las relaciones sociales no sólo están fundamentadas en lo económico o material y si en lo ideal que otorga significado a lo material.
Si de acuerdo con Marx, la naturaleza no tiene valor por lo que requiere ser 'apropiada' y subsumida al Capital, esto no corresponde a un proceso tácito, y si es resultado de un proceso ideal de valoración 'ficticia' de la naturaleza (Polanyi, 2007 cit. Gallardo 2016). Esta ficción material ocasiona graves impactos y conflictos socio ambientales definidos como la expresión de las acciones sociales que, a partir de lógicas extractivistas, asumen arreglos asimétricos y relaciones de poder (O'Dwyer, 2014: traducción propia) lideradas por el proyecto permanente de construcción del Estado -nación en alianza con una serie de empresas capitalistas, cuyo accionar conjunto constituyen los dos más importantes poderes que organizan el espacio hoy y generan un poder hegemónico (O'Dwyer, 2018: traducción propia) que anula, inclusive, la garantía constitucional de los derechos culturales, territoriales, ambientales etc. de los pueblos indígenas que ocupan tradicionalmente algunos territorios. La categoría 'pueblos indígenas' es comparable con la definición de 'pueblos tradicionales' que según O'Dwyer (2018: traducción propia) "significa una diversidad de situaciones sociales que tienen como denominador común condiciones de existencia consideradas contrarias a la 'modernidad' a al margen de las representaciones de 'desarrollo' e 'progreso' de los poderes económicos y políticos hegemónicos".
De la mano del análisis de O'Dweyer, tenemos la categoría de 'apropiación por desposesión' de Harvey (2004), quien explica porqué los modos de vida no mercantilizados y no capitalistas, son una barrera para la acumulación del Capital. Es en ese proceso mercantil de los modos de vida y elementos de la naturaleza en donde la tierra, por ejemplo, fue considerada como una mercancía (renta), y su proceso de (des) mercantilización que se requirió de profundas transformaciones del tejido social, tal como sucedió con los cercamientos o (enclosures) en Inglaterra del siglo VIII (Polanyi, 2007 cit., Gallardo 2016), los mismos que se crearon como formas de organización política, a favor de la consolidación de la economía de mercado. Moore (2015 cit., Gallardo 2016) por su parte, considera que el capitalismo en sentido profundo, no es solo un modelo económico sino una forma muy específica de organizar la vida misma, la 'red de la vida' en palabras del autor. En el Yasuní se observa tanto la apropiación por desposesión de Harvey como los cercamientos de Polanyi; así también, en el territorio del Yasuní, co-existen formas de organización social pre-modernas como la de los pueblos Tagaeri y Taromenane, con la forma de Estado más intensa que opera a favor de la 'apropiación' de la naturaleza a favor de la reproducción ampliada del capital, a partir de la 'desposesión', hasta la 'transformación más violenta' de la vida de los pueblos originarios. Así, los teóricos referidos permiten entender el Yasuní, como un sitio donde no sólo los valores de uso, sino las racionalidades y la vida misma, han sido mermadas a través de la reasignación permanente de derechos de propiedad a favor de la expansión extractivista y en oposición de pueblos y culturas que han existido, aún antes de la formación del Estado-nación moderno.
Otro de los conceptos claves, relacionado al pago social por no extraer petróleo, nos lleva a analizar la relación fetichizada que tenemos con el dinero, y la necesidad de desmitificar el dinero (Soederberg, 2014 cit., en Gallardo 2016). El fetichismo es la mitificación de las relaciones desiguales de intercambio social, a través de la atribución de organismo autónomo o de la productividad de ciertos tipos de objetos materiales (Marx, 1975 cit., Gallardo, 2016) generando, una relación muy particular entre las cosas y, ya no entre las personas (Marx, 1975, cit., Gallardo 2016) y es en este intercambio de las cosas, donde se ocultan las relaciones sociales reales (Marx 1977, cit., Gallardo 2016). Así, el dinero como una forma de interacción social, es considerado sólo como mercancía. De hecho, el proceso de mercantilización acciona sobre la naturaleza, asumiendo que esos ámbitos son una suma de 'commodities', otorgando substancia e intentando valorar o monetizar todo con base en las formas, usos y trayectorias de ese todo y sus elementos (Appadurai, 2008: traducción propia). Por lo tanto, se trata de diferenciar cuándo el dinero funciona como dinero, es decir como una forma material en el marco de las relaciones sociales, y cuándo funciona como Capital o al servicio de su reproducción ampliada. Es decir, el dinero también ha operado al margen de la acumulación del Capital. En ese sentido, es importante apoyarse en la antropología económica de Goldier (1989) dialogando con Sahlins (1974) y Mauss (1967). Estos autores se centran en la importancia de la relación social y así explican que 'el regalo', por ejemplo, es una relación social específica (Sahlins, 1974 cit., en Gallardo 2016) que tiene un sentido simbólico y que vincula el objeto con la persona.
Además, Polanyi, (2007) señala que ya en el IV a.C, Aristóteles considera que el principio de la producción centrada en el beneficio es algo no natural al ser humano (Polanyi, 2007 cit., Gallardo 2016). En esta dirección, Mauss (1967) demuestra que el dinero permitía la articulación de poder y de rolesen las sociedades pre-capitalistas y que éste por tanto asume una cualidad particular, en la sociedad capitalista (Mauss 1967 cit en Gallardo 2016).
Así, si el concepto de fetichización de Marx nos ayuda a entender una forma particular de organización social -la Capitalista- donde se da primacía al poder de las cosas sobre las personas. Según de Amin (2011 cit., en Fierro 2017) la estrategia de desvincular a las personas y sus producciones, esla característica central del capitalismo. Con esto se insister que unaforma muy particular del dinero: la formadinero-mercancía se desarrolle en el capitalismo y se vuelva hegemónica en el Capitaloceno, produciéndose una alienación en la relación entre las personas y el dinero. En otras palabras, en el capitalismo, se rompe la relación social con el dinero. Es precisamente este 'vínculo' entre las personas y sus producciones el que se nubla - hasta el punto de considerar que no existe - por efecto de la mercantilización de las cosas, suprimiéndose también la posibilidad de vincularnos con el petróleo - en su forma natural - desde el significado político de una acción o de una acción por omisión.
Frente a esto, Soederberg (2014) propone 'desmitificar' el dinero, pero es clara en señalar la imposible de desmitificarlo y captar su poder social permaneciendo en la esfera de intercambio, (Soederberg, 2014 cit., Gallardo 2016). De ahí la importancia de que el petróleo se desconecte de la dinámica de acumulación del capital. Por tanto, la interrupción de este proceso tiene que ser desde la producción, que es donde el Capital se forma. Es por esto que para (de)comodificar una mercancía, la decisión sobre extraer o no petróleo, es fundamental. Así al mantener el crudo del Yasuní en el subsuelo -no extraer petróleo- el petróleo pierde su valor yel dinero que es la mercancía que impulsa el proceso de la acumulación sin fin del capital (Harvey, 2012 cit. Gallardo 2016) no puede continuar con el proceso de autovaloración.
Finalmente, el pensamiento de Echeverría da centralidad a la 'forma natural' de organización social, fundada en el valor (Echeverría 1984, 1998a, 1998b, 2010 cit., Gallardo 2016), quien explica que el valor de uso pertenece a la forma natural, pero sirve o es el fundamento del valor abstracto (Echeverría 1998, cit., Gallardo 2016). Sin embargo, insiste en que el valor de uso, en su forma natural, está opuesto a la enajenación política de la modernidad capitalista (Echeverría 1995, 2009, 2010, 2011, cit., Gallardo 2016), y es aquí donde se sitúa el carácter emancipatorio que tiene la decisión social de relacionarse con el petróleo desde su valor de uso. Es por esto que resulta necesario e interesante entender la capacidad de las personas y colectivos de tomar decisiones sobre su propia forma de reproducción social. Con respecto al objeto de estudio, consiste en entender, qué impide ver al petróleo en su valor de uso, y por qué nos relacionemos con él, sólo como una mercancía.
Una vez trazado el marco teórico de este trabajo, la categoría del pago social por no extrarer petróleo, desde la lógica de los Estados, puede ser abordada como un subsidio o impuesto negativo, tal como funciona la política agrícola común de la Unión Europea, donde en algunos casos se subvencionan por no producir, o no producir más allá de ciertas cuotas. Lo cierto es que si el pago por no extraer petróleo, viene exclusivamente de la voluntad soberana del Estado, funciona como un subsidio y por tanto, deben estar en el presupuesto del Estado y en este sentido, es un peso para las economías de capital dependiente como la ecuatoriana. Aquí está uno de los límites de la voluntad del Estado para 'liberar' ciertas producciones tóxicas y desconectarse del proceso de reproducción ampliada del Capital. Otra de las formas de pago por no extraer petróleo puede relacionarse con temas como la renta básica por conservación de biodiversidad o mantenimiento de los bosques, donde se prioriza el valor de conservación por sobre otros valores, y se genera un pago que apoye determinado ejercicio productivo en detrimento de otro. Pero tampoco aquí se trata de generar un ingreso sustentable. Sin embargo, si el dinero no siempre opera como Capital, como se ha explicado, un pago social por una no-extraer petróleo puede 'interrumpir' el proceso abstracto de la autovaloración del valor y también crear las condiciones para que los países dependientes de la renta petrolera, ricos en biodiversidad y con pocas emisiones de carbono, puedan obtener un ingreso sostenible, que les permita alcanzar una reproducción de la vida de forma armónica.
Aunque propuestas de acción colectiva han dado paso a trabajos tan completos como los de Ostrom (2000) queda pendiente el desarrollo de mecanismos similares en el ámbito de los denominados 'recursos no renovables'. La contribución teórica se ubica aquí: considerar el pago por no extraer petróleo, como un mecanismo basado en una nueva racionalidad epistémica y productiva, que permita 'liberar' al petróleo de su condición de mercancía y establecer con él, una relación social basada en nuestros ideales y formas materiales de reproducción social que garanticen la satisfacción de nuestras necesidades presentes y futuras y que se correspondan, con la autodeterminanción de los pueblos indígenas que habitan en estas zonas.
Esta acción colectiva parte del Estado para convertirse en política pública, pero debe ir más allá de él, porque el Estado, a través de los gobiernos, tiene límites para desconectarse de los procesos de reproducción ampliada del Capital. Así, el Estado como una forma de organización social, que se manifiesta a través del ejercicio del poder, es accionado por la política (Clastres, 2014> traducción propia). Desde la Edad Media, el Estado ha necesitado de una clase particular de gobierno, para mantener, de forma exitosa su 'status' - de ahí el origen de la palabra Estado-(Asad, 2008). De esta manera, se ve cómo el Estado ejerce su poder para politizar o no una acción.
Los antropólogosSwartz, Turner y Tuden (1966) plantean que un proceso es politizado cuando está constituido por una serie de acciones que cumplen con tres características básicas:sonpúblicas, perciben metas y denotan poder. La Iniciativa es sin duda una acción política de Estado, por cuanto fue pública, percibió metas tanto económicas como socio ambientales claras, y estuvo marcada por una serie de dinámicas de poder a través de varios dispositivos y formas. A partir de ello, la Antropología Política nos permite entender las formas de acción del Estado con base en la definición y redefinición de sus márgenes, que según Das y Poole (2008) son territoriales o espaciales, legibles y biopolíticas.
El artículo se desarrolla a través del caso de estudio que, según Becker (1993: traducción propia), es la técnica importada de la Medicina a las Ciencias Sociales, pero de una forma diferente, ya que permite explicar preguntas diacríticas sobre contextos específicos, buscando saber cómo las poblaciones enfrentan el "cambio". El caso de estudio se centra en el rol que tuvieron las pequeñas donaciones (2007-2013) de la Iniciativa, de cara al llamado a pagar por no extraer petróleo, por lo cual el análisis del contexto fue muy importante. De acuerdo con Castre, es el contexto el que nos permiten entender la totalidad del fenómeno que analizamos (Castre, 2005). Siguiendo al autor, los casos de estudio analizan uno o más fenómenos en su contexto (Castre, 2005), al tiempo que revelan las relaciones políticas en el centro del conflicto, para explicar cuestiones sociales y culturales (Gluckman, 2010: traducción propia). El contexto genera efectos constitutivos sobre el proceso y sobre el discurso (Castre, 2005). Para el procesamiento de la información se utiliza un método cualitativo (Camarero, 2006): observación participante, entrevistas semiestructuradas y categorización de temas relevantes. Para el caso se realizó más de 40 entrevistas semiestructuradas a actores claves tanto nacionales como internacionales, como parte del trabajo de investigación doctoral de Lucía Gallardo (Gallardo, 2016). La duración de las entrevistas fue de 40 a 90 minutos y las preguntas fueron semiestructuradas. Para las entrevistas se aplicó las técnicas de mapa de actores por categorías: expertos, internacionalista, informantes, ambientalistas, etc., y las voces de los entrevistados se sienten a lo largo de los resultados. El artículo presenta el rol que tuvieron las pequeñas donaciones en la Iniciativa, en comparación a la respuesta dada por los Estados. A manera de discusión, se propone que la categoría depago social por no extraer petróleo, se considere como un mecanismo de colectiva que permite la (des) mercantilización del petróleo y el relacionarnos con él, desde los valores de uso de la sociedad. Para concluir, el pago por no extraer petróleo y su sentido emancipatorio, 'vincula' a las personas y colectivos del mundo, con sus decisiones sociales alrededor de sus producciones. La relevancia de usar el dinero para devolverle al petróleo su condición de dignidad, y de reintegrarlo a la naturalezase trata de actuar como personas y colectivos desde los márgenes del Estado, para realizar un giro radical en la forma en cómo nos relacionamos con el petróleo.
III. RESULTADOS
El 24 de septiembre del 2007, Ecuador un país económicamente dependiente del petróleo, desafía a la comunidad internacional y transnacional al proponer una acción colectiva, que invita a los países con mayores emisiones de carbono a compensar la no - extracción de petróleo del Yasuní. Correa presenta la propuesta como uno de los mecanismos no - financieros de un posible acuerdo post-Kioto (Correa 2012., cit en Gallardo 2016) pues el mecanismo no se inserta en las estrategias establecidas por Kioto. De acuerdo con los entrevistados, la Iniciativa actualiza el debate sobre "la justicia climática y de la deuda ecológica en el debate sobre el cambio climático" [experto 1 cit., Gallardo 2016] y vincula los temas de inequidad del desarrollo con la deuda ecológica a nivel internacional [expertos 1, 2, 3, 4 cit., Gallardo 2016]. Para uno de los implicados, la Iniciativa es lo más innovador y concreto que en temas de justicia climática. Sin embargo, pagar por no extraer petróleo es lo no-pensado en las negociaciones climáticas, incluso dentro de las agendas más progresistas: "ni Jubileo Sur, ni la Red del Tercer Mundo por ejemplo, sabían cómo apoyar la Iniciativa, a pesar de eran conscientes de que la posición del Ecuador implicaba un cambio radical en la perspectiva sobre las negociaciones internacionales de cambio climático [internacionalista 1, cit., Gallardo 2016]. Otro reconocen que hay poca capacidad de las agencias transnacionales para apoyar la propuesta: "los colectivos internacionales no estuvimos a la altura de la propuesta ecuatoriana (...) nosotros sabíamos que Ecuador por sí solo, no iba a poder hacer frente a ese desafío, que la propuesta tenía que internacionalizarse, (....) y nosotros no tuvimos capacidad para responder' [internacionalista 1, cit., Gallardo 2016].
A nivel estatal internacional, Alemania fue el primer país en apoyar la Iniciativa y el primero en darle la espalda. Alemania inicialmente comprometió 50 millones USD durante 13 años para financiar la Iniciativa. Esta afirmación pronto fue desmentida por varios cables diplomáticos (WIKILEAKS, 2009 b, 2009c) y por el embajador de Alemania en Ecuador, Christian Berger (WIKILEAKS, 2009a, 2009b). El Ministro de CooperaciónEconómica alemán fue muy enfático cuando comunicó al Embajador de Ecuador en Alemana, que su gobierno no está interesado en apoyar la Iniciativa [Entrevista al Embajador de Ecuador en Alemania]. Así, el 16 de septiembre de 2010, el mismo día que Chile se convertió en el primer país en apoyar la Iniciativa, Alemania retiró su compromiso a la Iniciativa: "la propuesta es peligrosa y podría ser un precedente para que otros países productores demanden un aporte parecido al que solicita el Ecuador" (AGENCIA AFP 2010). Para otros entrevistados "el gobierno alemán se da cuenta que si apoya la propuesta ecuatoriana, tendría que empezar a pagar a otros países por no extraer el petróleo y, esto generaría un efecto dominó a nivel mundial" [ambientalista 3 cit., Gallardo 2016]. De hecho desde Berlin, GudrunKopp , expresa que: "el pago directo que implica este proyecto tiene unas repercusiones no deseadas para Berlín. Un pago directo para un fondo de ese tipo crea un precedente, que puede resultar en última instancia muy 'caro' (ECUADORINMEDIATO, 2011). Es cierto que el factor cognitivo no jugó a favor de la Iniciativa. El oficialismo al cancelarla dijo que la Iniciativa se adelantó a los tiempos y no pudo, o no quiso ser entendida por la comunidad internacional y transnacional (Correa, 2013., cit Gallardo 2016). Sin embargo, uno de los implicados considera que el problema no sería que la Iniciativa fue muy poco entendida, sino todo lo contrario, por la relevancia geoestratégica del petróleo y por la lógica misma del Capitaloceno, la comunidad internacional entendió muy bien las implicaciones de la propuesta ecuatoriana y por eso no quisieron colaborar" [ambientalista 3, cit., Gallardo 2016].
El apoyo de la comunidad internacional fue tan tibio que para finales del 2011, el gobierno ecuatoriano anuncia que el fondo Yasuní-ITT llegó a USD 116 millones entre compromisos y depósitos. De este monto, 65 millones corresponden al canje de deuda con Italia y otros de países. En el reporte de Nacionales Unidas del 2012, indica que todos los compromisos del 2011 se hicieron efectivos, a excepción del ofrecimiento de Perú. Así, Italia deposita 1.965.519 USD (de los 43,98 millones del compromiso ofrecido por canje de deuda) y el fondo Yasuní-ITT llega a la suma de 2.619.299 USD (AnnualReport 2012). Para uno de los implicados, la propuesta del gobierno italiano además era vergonzosa, pues el canje de deuda con Italia corresponde a un tramo de deuda considerada ilegítima por el gobierno del Ecuador. [internacionalista 1, cit., Gallardo 2016]. Otro de los implicados comparte la percepción de que el rol de los Estados 'desarrollados' fue vergonzoso e inclusive contradictorio, pues países como España donde la economía depende del consumo de recursos fósiles, continúa presionando para que países como Ecuador, mantengan su modelo extractivista [internacionalista 5, cit., Gallardo 2016]. Es por esto que varios de los consultados afirman que la comunidad internacional definitivamente no comprendió la Iniciativa y su grado de corresponsabilidad o construcción colectiva [experto 3, 4, 5 y ambientalista 4, cit., Gallardo 2016]. Otros, de los entrevistados considera que la comunidad internacional prefirió actuar como si no entendieran la Iniciativa y otros Estados 'desarrollados', como Noruega, simplemente se negaron a colaborar con la propuesta de no producción de petróleo, porque justamente el problema era el petróleo [experto 1, 3,5, cit., Gallardo 2016]. Para uno de los expertos internacionales, la idea de 'dejar el petróleo bajo tierra' no gustaba a la comunidad internacional y, esta es la razón, por la que no apoyaron la Iniciativa [experto 6 cit., Gallardo 2016].
Tras la negativa del gobierno alemán de apoyar la Iniciativa, el oficialismo retoma la estrategia de impulsar las pequeñas donaciones, iniciada por la Campaña de la sociedad civil: 'El Yasuní depende de ti' (2007). La figura de la custodia colectiva de los barriles del campo ITT, nace desde la Iniciativa de la sociedad civil y luego se convierte en política de estado: "Nosotros proporíamos que salga a la venta barriles simbólicos de petróleo, la venta sería con el compromiso de que quienes adquieran esos barriles los dejaran en el subsuelo, hicimos inclusive un cálculo de que esto implicaba $ 5, 00 por barril" [ambientalista 5 e internacionalista 4 cit., Gallardo 2016]. El carácter simbólico de la propuesta se expresa en la donación que realizan varios niños con sus 'Piggy Bank' cuando Correa presenta la Iniciativa en el Palacio de Carondelet, el 05 de Junio del 2007.
Años más tarde, la idea de las pequeñas contribuciones se retoma oficialmente a través de la campaña oficial 'Un dólar por el Yasuní' (2010). Esto no sucede por casualidad, de acuerdo con los entrevistados, es justamente la falta de interés de la comunidad internacional la que precipita la Iniciativa hacia la opción ciudadana. En el 2011, la sociedad se convierte en el actor principal de la Iniciativa. Las pequeñas donaciones comenzan a finales del 2010 e involucran al sector público, privado y a la ciudadanía ecuatoriana en general. En el marco de esta campaña el aporte simbólicomás importante lo realizan 25 familias de la Parroquia Azcasubí [una parroquia periférica de la capital de Ecuador] quienes entregan a la Iniciativa 10 dólares por cada familia. En el 2010, los funcionarios del Ministerio de Ambiente y de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo -SENPLADES- realizaran donaciones voluntarias a la Iniciativa por un total de 8.600 USD y 11.400 USD respectivamente. En el 2011, la prefectura del Guayas entrega 75.000 USD. En enero del 2012, el Municipio de Guayaquil se une a la campaña 'Yasunízate', con una contribución de 100.000 USD. A partir de Junio del 2011 los prefectos, alcaldes, representantes de las juntas parroquiales y delegados de 221 localidades se comprometen a difundir la Iniciativa. El 01 de diciembre del 2011, la Dirección Provincial de Cultura y la Dirección de Educación de Pichincha -Provincia del Ecuador- por ejemplo emprenden el proyecto 'Jóvenes por el Yasuní'. El mismo año se organiza 'La cruzada cívica por el Yasuní', cuya meta es alcanzar USD 2 millones de aportes voluntarios provenientes de la población. Durante el evento, Correa propone que los ecuatorianos desafien al mundo con sus pequeñas contribuciones: "sabemos que nos ha ido extremadamente bien, que la generosidad del ciudadano de a pie, de la gente cotidiana, da lecciones a las grandes potencias, a las grandes corporaciones que son las que se tendrían que co-responsabilizarse" [Correa 2011]. La maratón recaudó 2.860.845 USD. De hecho en el 2011, esta sería la contribuciónmás importante de la Iniciativa [Office, Nations, and Programme 2012]. Además, en el 2012 Correa hizo un llamado, no a los Estados internacionales, ni a las agencias transnacionales, sino a la sociedad ecuatoriana y del mundo para que contribuyan con la Iniciativa. Las contribuciones a la Iniciativa fueron varias: 18 japoneses, 12 franceses, 12 italianos, 12 irlandeses, 40 australianos,, 239 personas de Reino Unido, 36 canadienses, 33 alemanes, 18 españoles, 144 de los Estados Unidos y 69 ecuatorianos donaron su dinero a la Iniciativa (Office, Nations, and Programme 2013). De acuerdo con uno de los implicados, las donaciones ciudadanas son lo más interesante de la Iniciativa: "Para nosotros el pagar por no producir no era el problema, nosotros entendimos muy bien el valor político de las pequeñas contribuciones' [internacionalista 5 cit Gallardo 2016]. De hecho, para el entrevistado 'las donaciones sirven para que los "commoner"' se sientan parte del proyecto de manejo de un common" [internacionalista 1 cit., Gallardo 2016]. Sin embargo, 'la propuesta ecuatoriana no pudo gestionarse como uncommon' desde el Estado "es decir, no puedes hacer un llamado a la compensación de los bienes públicos globales, desde la defensa del marco de la soberanía" [internacionalista 1 cit., Gallardo 2016]. Además, el carácter pionero y vanguardista de la Iniciativa es una limitación para su realización [experto 1, 3, 4, 5 cit., Gallardo 2016]. Para uno de los expertos: 'las redes globales que manejan el tema de los 'commons' tampoco han pensado en la gestión común del petróleo.
Lamentablemente, la idea de no extraer petróleo vea por donde la veas es una ida muy vanguardista [experto 4 cit., Gallardo 2016]. El entrevistado insiste: "las limitaciones de la Iniciativa estaban en el carácter innovador de la propuesta" [experto 4 cit., Gallardo 2016]. Otros actores internacionales reconocen que: "con todas las dificultades, contradicciones, limitaciones y demás que puede tener la Iniciativa, esta era lo más concreto que se había propuesto a nivel internacional" [internacionalista 5 cit., Gallardo 2016]. Es decir, no se trataba de los límites de los Estados para apoyar la Iniciativa, la sociedad entera no estaba preparada para el desafío que supone el dejar de extraer petróleo por un pago: "creo que la sociedad internacional no está preparada para empezar a dar estos cambios, que podrían resultar siendo demasiado radicales en un sistema económico y productivo como en el que hoy vivimos" [ambientalista 3 cit., Gallardo 2016] [experto 3 coincide en esta apreciación, cit., Gallardo 2016]. De acuerdo con el oficialismo, la Iniciativa se adelantó a los tiempos y no pudo o no quiso ser entendida por la comunidad internacional (Correa, 2013). Así, la Iniciativa fue considerada como un fracaso en términos financieros y fue cancelada, pero un fue un éxito en términos ciudadanos (Correa, 2013., cit Gallardo 2016).
IV. DISCUSIÓN
En el marco de las discusiones de justicia ambiental y distributiva, este análisis propone utilizar la categoría de pago social por no extraer petróleo, como una acción colectiva a favor de la (des) mercantilización del petróleo para establecer con él, una relación distinta a la capitalista. De acuerdo al comportamiento de las pequeñas donaciones en la Iniciativa, éstas demostraron ser en magnitud, los mayores aportantes del fondo Yasuní-ITT. Es por esto que se afirma que pagar por no extraer petróleo, expresa el deseo de 'libertar' una producción tóxica de la lógica del mercado. Así, la acción colectiva de pagar por no extraer petróleo, 'conecta' a las personas con sus necesidades sociales y con los valores de uso de una no extracción de petróleo.
Esto es un desafío político de tipo ontológico pues, el despojar al ser humano y a la naturaleza de su condición de dignidad es como opera el capital en palabras de Dussel (Dussel, 1998, cit., Gallardo 2016). Es así que la naturaleza, de forma general, y el petróleo, de manera particular, se encuentra secuestrado y sometido a 'la relación' capitalista, tutelada por la acción política y el poder del Estado.
El petróleo por ser considerado por el la Constitución de Ecuador como un recurso estratégico, necesita del Estado para convertirse en politicapública, pero los Estados de capital dependiente, como Ecuador, tienen dificultades para desconectarse del extractivismo. Así, el Estado ecuatoriano intentó romper la lógica extractivista a partir de la politización de la Iniciativa y redefinir, con ello, su valor de uso, equilibrando las relaciones de poder y previniendo una serie de conflictos socio ambientales, que de por sí se asumen como asimétricos (O'Dwyer, 2014: traducción propia), pero los grandes donantes como Alemania por ejemplo, eran conscientes que pagar por mantener el crudo represado a través de un pago, generaba un precedente negativo, que implica el reconocer las acciones por omisión que tomen otros países, siguiendo el ejemplo de Ecuador (Fierro, 2017).
No cabe duda que la Iniciativa es transgresora y paradigmática, tanto por lo material como por lo ideal, tal como explica Godelier (1989), sin embargo, al ser cancelada se demuestra que la acción política y el poder del Estado, son antagónicas con el compromiso social de relacionarnos con la naturaleza, en su condición de dignidad. Retomando a Echeverría, vivir en el capitalismo, no es lo mismo que vivir para el Capital (Echeverría, 2010., cit en Gallardo 2016). Por tanto, una medida tan irreverente como no extraer petróleo, sólo plantea un tipo de acción colectiva que apueste por una racionalidad diferente a la capitalista: romper con el ideal del petróleo como mercancía.
De esto exactamente se trata el mecanismo del pago social: tejer un vínculo, una relación con el petróleo en sus múltiples ideales y usos materiales, que como se mencionó anteriormente, son producto de las relaciones sociales (Goldier, 1989). Estos ideales están articulados a valores reales de otras sociedades, como a los pueblos Uwa de Colombia, que consideran al petróleo 'la sangre de la madre tierra', o como el honrarlo por su formación geológica milenaria. Así, el ideal del petróleo como naturaleza, petróleo como vida, rompe con el ideal de petróleo igual muerte (Fierro L. G. 2016), o petróleo igual capital, o petróleo igual destrucción.
¿Por qué es necesario ir más allá del Estado y del mercado? Como se mencionó anteriormente, la acción política de la Iniciativa fue accionada desde el (los) Estado (s) en torno a la luz de sus márgenes, conceptualizados por Das y Poole (2008) y demostrados de la siguiente forma: margen territorial pues la Incitativa fue un proceso territorial localizado teniendo en cuenta que el espacio físico del Parque Nacional Yasuní fue inicialmente periférico, alejado del centro y sin mayor interés político; no obstante, con la implementación de la Iniciativa ese territorio superó el margen espacial y se convirtió en el centro, el centro de atención política con pretensiones globales y amplias intervenciones sobre todo locales y nacionales con la participación de las sociedades y no de sus Estados internacionales. Margen legible, pues antes de la Iniciativa el Parque Nacional Yasuní y sus dinámicas eran 'desconocidas' e inclusive incomprensibles, se entendía medianamente la riqueza biogenética y la importancia socio cultural; no obstante, previo al anuncio de la Iniciativa se comprendió la importancia socio ambiental, pero sobre todo económica del área; fue así como la zona de la Iniciativa pasó a ser legible y comprensible. Finalmente, el margen biopolítico, pues los territorios indígenas y las vidas de los pueblos en aislamiento voluntario, que aún resisten por fuera de las fronteras del Estado - Nación, ocuparon centralidad en las razones del Estado para no extraer el petróleo. No obstante, todos estos márgenes cambiaron radicalmente cuando se canceló la Iniciativa y se declaró al bloque ITT del Parque Nacional Yasuní como una zona de interés nacional, facultando la extracción petrolera a través de la redeficiación de los márgenes del Estado.
Esta configuración dialéctica y política deja en evidencia cómo la desregulación ambiental fue accionada en el ITT a partir de la falta de respuesta de los niveles estatales internacionales y las agencias transnacionales para llevar adelante la Iniciativa. Esta desregulación, que estuvo atravesada por reformas constitucionales en Ecuador, se materializó a través de mecanismos político legales, abriendo la puerta para la redefinición del Estado - Nación (O'Dwyer, 2018: traducción propia) a través de la expansión de sus márgenes y la definición de "nuevas fronteras económicas sobre los territorios indígenas, comunidades tradicionales y selvas, áreas denominadas como 'nuevas zonas de sacrificio' y despojo (Zhouri, 2019: traducción propia) que en el marco del Capitaloceno y el despojo estatal internacional anula el proceso emancipatorio del Estado ecuatoriano para 'libertar' al petróleo de su condición mercantil. A esta compleja ecuación geopolítica se integra la estrecha alianza empresarial o público -privada, que torna a los Estados capital dependientes artífices de la lógica extractivista y mercantil que exacerba, nuevamente, la producción de impactos y conflictos socio ambientales, volviendo así al principio mercantil de la naturaleza, renunciando a la compensación parcial y afectando al pago social por la no extracción del petróleo.
La categoría de pago social por no extraer petróleo genera las condiciones para vincular a la sociedad con el petróleo de una manera diferente, al tiempo de empoderar a las personas y colectivos del proceso de toma de decisiones sociales. Así, quienes están dispuestos a pagan por no extraer petróleo, son conscientes de la alta dependencia de las economías extractivas sobre la naturaleza, y por esta misma razón, cooperan y priorizan otras formas de generar ingresos sustentables, basados en la justicia social y redistributiva por sobre el crecimiento ilimitado, abriendo canales para la cogestión de recursos denominados estratégicos como el petrolero. La acción colectiva de pagar por no extraer petróleo 'víncula' a la sociedad con sus valores de uso y desvincular el pago del derecho exclusivo a poseer la cosa: la propiedad capitalista. No se trata de adquirir la propiedad sobre los barriles represados, sino una mera custodia de ellos. La experiencia ecuatoriana no solo propone lo impensado en las discusiones de cambio climático: compensar a un país económicamente dependiente del petróleo por el esfuerzo de no extraer este recurso; sino que propone un nuevo modelo de gobernanza entre el Estado y los contribuyentes de la Iniciativa. A través del fondo Yasuní-ITT y la emisión de los Certificados de Garantía Yasuní (CGY), el caso ecuatoriano, visibiliza cómo lo político posibilita el encuentro entre el Estado y la sociedad. Esta relación supone una tensión, quizá insalvable, entre las acciones colectivas y la 'soberanía' del Estado (Gallardo, 2016). Tensiones que ya la vivimos cuando el gobierno ecuatoriano propuso una gestión compartida de los recursos provenientes de la Iniciativa. Correa, por ejemplo insistía en que la comunidad internacional no puede condicionar sus contribuciones al fondo 'Yasuní-ITT' para financiar los temas de conservación de la biodiversidad (Enlace Ciudadano No 154, 09/01/2010., cit en Gallardo 2016). Es por esta razón que una acción colectiva como pagar por no extraer petróleo, debe superar a los Estados e insistir junto con la Sociedad en una custodia compartida sobre el petróleo represado.
En definitiva, pagar por no extraer petróleo, es un mecanismo que nace del Estado, pero que para su realización debe anclarse en las decisiones sociales de sus contribuyentes. Es un mecanismo que utiliza el dinero, en su carácter social y lo considera como una relación, como un medio para desmercantilizar el petróleo. En definitiva, la radicalidad del pago social por no extraer petróleo está en que al tiempo de desmercantilizar un activo tóxico; libera a la sociedad de la relación alienada que mantiene con el petróleo.
V. CONCLUSIONES
Si las sociedades no quieren repetir el modelo de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles, los países ricos en biodiversidad pero dependientes del extractivismo, necesitan cambiar sus matrices energéticas y no repetir la ruta que nos ofrece Kioto: mercantilizar la naturaleza. No se trata de conservar los bosques o la biodiversidad para entrar en el mercado de la biodiversidad, ni de sustituir la renta petrolera por la tecnológica y de esta manera, entrar al mercado de carbono. Se trata de un compromiso colectivo por (des) mercantilizar la naturaleza en general, y ciertas producciones tóxicas como la extracción petrolera, en particular. No se trata de repetir los lemas ecologistas que colocan al petróleo como lo opuesto a la vida, o como el sinónimo de muerte, se trata de interiorizar que el valor que le hemos dado al petróleo como Capital, nos ha impedido relacionarnos con esta producción, desde la no-extracción.
Si este artículo, logra cuestionar la manera cómo las poblaciones humanas, en su amplio espectro cultural, se relacionan con el petróleo y abre la vía para re-pensar la forma material e ideal de cómo podemos relacionarnos con él, este esfuerzo por demostrar que a veces el dinero, puede servir para 'libertar' una producción tóxica de la lógica del Capital, ha valido la pena. El pago por no extraer petróleo y su sentido emancipatorio, 'vincula' a las personas y colectivos del mundo, con sus decisiones sociales alrededor de sus producciones. La relevancia de usar el dinero para devolverle al petróleo su condición de dignidad, y de reintegrarlo a la naturaleza, no es poca cosa.
Sin embargo, estos postulados no son del tipo 'naif', no se trata de plantear una relación ideologizada con el petróleo, o con la naturaleza, como de hecho, sucede con movimientos ambientalistas que en lugar de libertar reproducen la relación binaria y excluyente entre vida y muerte; por el contario, lo que se propone sólo es posible si se las relaciones sociales y económicas son tensionadas a partir de lo político, es decir desde el Estado y dentro del capitalismo.
Inicialmente, la Iniciativa estuvo dirigida a los Estados, con compromisos de reducción de carbono en el marco de Kioto. Sin embargo, los países del Anexo I, demostraron ser muy conservadores y no estuvieron dispuestos a pagar por mantener el petróleo en el subsuelo. Por esta razón, se trata de ir más allá de la mercantilización de la vida y de superar al Estado: pues fueron las personas y los colectivos que donaron su dinero a la Iniciativa, quienes son sujetos de inspiración de este artículo, porque en su donación, el dinero opera como un regalo, como un deseo, como una voluntad de ser, una forma de relacionarse y no como el centro en la lógica capitalista. El pago por no extraer petróleo intenta 'libertarlo' de su condición de mercancía, pero sobre todo, permite que las personas contribuyente emancipen y se separen de la alienación en la que las sociedades modernas viven con relación al petróleo. En la Iniciativa, las pequeñas donaciones fueron en magnitud, las más importantes. Así, la sociedad ecuatoriana y del mundo demostró estar dispuesta a realizar un pago social por dejar el petróleo en el subsuelo, sin demandar sobre élun derecho de propiedad, sólo las garantías de no explotación, es decir las garantías de custodia.
Sin embargo, el caso de estudio nos permite acercarnos a las tensiones que provoca ceder parcialmente la soberanía del Estado, a favor de esa custodia colectiva de las reservas petroleras, cuya relevancia geopolítica es indiscutible. Es por esta razón, que la categoría de pagar por no extraer petróleo no puede quedarse exclusivamente en el campo político de los Estados - justamente porque sus márgenes son dialécticas y operan con excepcionalidad -sino que debe tensionarse y plantearse como una acción colectiva que en un segundo momento, permita desarrollar las custodias colectivas sobre los recursos no-renovables.
Finalmente, el pagar por no extraer petróleo, como acción colectiva, es lo no-pensado en el marco de las discusiones sobre cambio climático, y en el ámbito de los comunes, por lo que este artículo propone universalizar el debate sobre la gestión de los comunes ambientales, como el petróleo, a los que se pretende devolverles su forma natural de existencia social. Es una invitación a trabajar en mecanismos emancipatorios de reproducir la vida más allá del Capital, de abrir las fronteras epistémicas que nos separan del ideal de organizarse a partir de los valores de uso y de racionalidades distintas a la capitalista. Sí, es posible: la Iniciativa por no extraer petróleo en el Yasuní fracasó en manos de los Estados, pero sigue vive en el ideal, en el deseo, en el anhelo de desmercantilizar el petróleo.
AGRADECIMIENTOS
A Jesús Ramos, René Ramírez y Antonio Malo por sus constructivos comentarios. A las personas entrevistadas por el apoyo recibido. Este artículo es parte de la investigación doctoral que la autora realizó con el apoyo del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA). Un reconocimiento especial al Instituto de Producción, Economía y Trabajo (IPET) de la Universidad Nacional de Lanús, con quien la autora colabora.