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City and Literature in the China Forest. The Novel by Jaime Cabrera

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I. Introduction

referente geogrΓ‘fico de esta novela es Barranquilla. Desde las primeras pΓ‘ginas la narraciΓ³n detalla la llegada de los inmigrantes chinos a esta ciudad. Aunque su nombre no se menciona, el texto describe los grupos de los nuevos huΓ©spedes, ubicados en espacios concretos y en una mezcla de historia y ficciΓ³n, el narrador asegura que venΓ­an buscando el barrio abajo y que para llegar tuvieron que hacer un agujero en el centro de la tierra. Se dibujan los lugares ocupados y las construcciones de vegetales de colores.

La obra le sigue los pasos a los reciΓ©n llegados: Se fueron con su cebolla, cebollines, perejil, apio, los tomates, la acelga y con sus pipas de bambΓΊ, con su vida de arroz y con sus grillos. Dicen que cerca del rΓ­o, dicen que camino a Juan Mina. Que por el Prado, que fundaron el barrio Lechuga, que se instalaron en la Y de Puerto Colombia en el kilΓ³metro once.

El retrato no sΓ³lo es respetuoso con el mundo chino sino que hay una reverencia, un deslumbramiento con la estΓ©tica y la laboriosidad de su cultura.

De quΓ© manera se nombra a Barranquilla en esta obra?, cuΓ‘les son las referencias concretas a sus barrios, a sus calles y cuΓ‘les son los espacios que aparecen en las diferentes historias, ubicados con precisiΓ³n geogrΓ‘fica?

Debemos recordar que aquΓ­ no tenemos una historia comΓΊn, con personajes que desarrollen una acciΓ³n continua como sucede en las novelas, y hay, en cambio, mΓΊltiples momentos que llegan, casi siempre en forma de recuerdos. Y en estos pequeΓ±os relatos, insertados en medio del bosque narrativo, aparecen microhistorias donde estΓ‘ Barranquilla, nombrada con ubicaciones precisas, con calles y barrios y espacios detallados.

El narrador trae episodios ligados a la infancia del autor en el Colegio americano y nos repite sus recuerdos sobre el edificio OK GΓ³mez Plata, donde jugaba con los otros niΓ±os y cita nombres de habitantes de esa Γ©poca. Y es evidente el afecto que muestra en esta parte de la historia, y su interΓ©s por dibujar a los personajes y hacerlos parte de una Γ©poca de la ciudad.

AhΓ­ estuvieron los primeros amigos con los que juguΓ© en mi infancia y me entendΓ­ a pesar de que ellos hablaban su lengua de gorriΓ³n y yo la del saltarΓ­n lanceolado, fueron unos niΓ±os chinos vecinos del apartamento 301 del edificio ok GΓ³mez Plata, hijos de los dueΓ±os del restaurante Lido de Barranquilla.

Jaime Cabrera parece nombrar las acciones de las historias de este libro, con un mapa en la mano. Siempre estΓ‘n los nombres de los barrios y sus calles. En el cuento el Γ‘ngel, por ejemplo, se precisa la ruta del camino que hacen el niΓ±o y su madre: toman la calle 40 hasta la avenida 20 de julio y van hacia un almacΓ©n en la calle San Blas y cuando los dos personajes caminan por la Calle Ovando, se encuentran con un hombre de ojos azules, cabello rojo y vestido con camisa de colores y el niΓ±o lo confunde con la figura de un Γ‘ngel. La madre le asegura que es un pintor, un artista y despuΓ©s el autor en una conversaciΓ³n de los dΓ­as recientes, me confiesa que se trata del pintor Alejandro ObregΓ³n.

Esta zona de Barranquilla es traΓ­da en diversos momentos. allΓ­ esta la Biblioteca Departamental y la plazoleta San JosΓ©. Y en esta misma plazuela aparece el bello cuento Dorina, uno de los mas seductores del libro, con la imagen de un puesto de paquitos, recostado a la pared de la Biblioteca.

Los paquitos eran las revistas con historietas coloridas, con poco texto y muchas ilustraciones y con hΓ©roes populares como Mandrake el mago, TarzΓ‘n o Santo, el enmascarado de plata. HabΓ­a un hombre ubicado al interior delpequeΓ±o kiosco y afuera una banca de madera, donde se sentaban los lectores.

Generalmente se alquilaban por horas pero tambiΓ©n se podΓ­an alquilar por tiempos mas largos si eras conocido del propietario y vivΓ­as en la misma zona.

El cuento trae la imagen de una criada que le contaba historias al niΓ±o personaje y cada una valΓ­a cinco centavos que el niΓ±o dejaba de guardar en la alcancΓ­a de sus meriendas. Todas comenzaban por Γ‰rase una vez y al principio contaba las historias verdaderas de una casa en un pueblo ribereΓ±o y despuΓ©s pasaba por cuentos de brujas y espantos y seguΓ­a con capΓ­tulos de la radionovela Renzo el gitano

  • el derecho de nacer y hasta pedazos de KalimΓ‘n el hombre increΓ­ble.

Ella empezaba un relato que dejaba en suspenso hasta el dΓ­a siguiente, pero un dΓ­a escapΓ³ con el dueΓ±o de la caseta de paquitos y le dejΓ³ una historia inconclusa.

Muchos de los personajes son identificables en el mundo de referencia del lector y sirven para reforzar una ilusiΓ³n de verdad en las historias que se cuentan. Se mencionan amigos de la literatura y del entorno barranquillero: Moncho Molinares, Alvarito SuescΓΊn, julio Charris o Julio Olaciregui. TambiΓ©n estΓ‘n el maestro Celis y mΓ‘s tarde, el detective lllΓ‘n Bacca y, con una deformaciΓ³n de simpatΓ­a, AnΓ­bar TomΓ³n.

Estamos hablando de la Barranquilla literaria dibujada por el autor y es necesario detenerse en la controversia sobre la dosis de verdad presente en la literatura histΓ³rica. Concretamente, el punto referido a la relaciΓ³n ciudad y literatura ha sido mirado con recelo y, en general, los estudiosos le niegan la condiciΓ³n de ciudades reales a los lugares creados por el arte. George LukΓ‘cs, uno de los estudiosos del tema, nos pide mirar las ciudades literarias como elaboraciones estΓ©ticas, es decir como ciudades de palabras, por la gran dosis de ficciΓ³n que ellas contienen. (LukΓ‘cs, 1972). Pero aunque se maticen las contribuciones de la literatura al estudio de la ciudades, es indiscutible el aporte de las novelas histΓ³ricas para revisar la imagen de una ciudad real.

Dos grandes novelas se destacan en la literatura ambientada en Barranquilla: En diciembre llegaban las brisas de Marvel Moreno y El dΓ­a en que el fΓΊtbol muriΓ³ de AndrΓ©s Salcedo. Los dos escritores cuentan historias sobre el mismo perΓ­odo, pero Marvel Moreno pintΓ³, en sus cuentos y novelas, la Barranquilla floreciente de los barrios del norte, mientras que en la novela de Salcedo se dibuja la contraparte de una ciudad en decadencia, con las historias del barrio Rebolo, que es tambiΓ©n la historia de San Roque y un pedazo de otros barrios del sur. En la Barranquilla de Marvel Moreno aparece la opulencia del viejo barrio El Prado, con sirvientas de delantales almidonados, casas con trinitarias de colores en los antejardines, puertas abiertas que muestran desde afuera baldosas brillantes y patios amplios, con jardines de colores (Posada, 1997). En la novela de Salcedo se dibuja un barrio deteriorado, porque con el nuevo urbanismo las familias influyentes que habΓ­an vivido allΓ­ por mΓ‘s de un siglo abandonaron los caserones burgueses y se mudaron a las Urbanizaciones del norte de la ciudad. (Posada, 1997)

II. La Oralidad Barranquillera

Pero la mayor cercanΓ­a de la novela con la Barranquilla real estΓ‘ en la oralidad que marca el lenguaje del narrador y de los personajes. Esta es una novela sonora que sabe a Barranquilla y en su escritura se dibuja el habla viva de la ciudad, con un lenguaje repleto de pedazos de canciones, de frases hechas y de versos sueltos. Y podemos hablar de una presencia mayΓΊscula de esta ciudad en los diferentes momentos de las historias que se cuentan.

El gran acierto de esta novela estΓ‘ en el discurso. Quiero decir en la narraciΓ³n, en la manera de contar las historias porque el protagonismo lo tienen las palabras, el enunciado, y no la acciΓ³n. AquΓ­ lo esencial es la forma del lenguaje y no su contenido y con los versos sueltos y los fragmentos de canciones, que todos parecen saber de memoria, se va armando un tejido de voces, que se convierte en una simpΓ‘tica acuarela de la oralidad de Barranquilla. AsΓ­ hablamos en Barranquilla, asΓ­ se arrastran las frases para que contengan los adornos que hacen parte de los versos que todos hemos oΓ­do o cantado pero que, en todo caso, los hemos aprendido de memoria, de tanto oΓ­rlos y repetirlos. Entonces, la materia de esta novela es la palabra, la palabra oral, oΓ­da en la calle. El autor recita una retahΓ­la maravillosa agregando fragmentos de canciones, versos populares, frases diarias que quedan como residuos de refranes, de dichos callejeros. Y es importante que estos fragmentos de textos ya sean cantos, poemas, adivinanzas, o trabalenguas, hagan parte de una oralidad compartida culturalmente por todo el grupo. Y esto es lo que le da resonancia a las palabras del narrador. Los pedazos de cada canciΓ³n estΓ‘n allΓ­ para que el lector agregue la parte que falta y esto es posible porque la recepciΓ³n del lector estarΓ‘ siempre asegurada porque todos los fragmentos mencionados figuran en la enciclopedia cultural colectiva que, en tΓ©rminos de Umberto Eco, nombra un conjunto de saberes compartidos por toda la comunidad. De manera que si el lector encuentra la frase Usted no puede pasar, expresada por la persona que controla la entrada a una fiesta, pensarΓ‘ enseguida en la contraparte de ese verso... la fiesta no es para feos, que en algΓΊn momento todos cantamos y bailamos.

La riqueza de los versos populares y los valores de la palabra oral y de la voz viva en el Caribe, han deslumbrado a muchas voces de la literatura y las letras. En Cuba, Alejo Carpentier cita versos de romances oΓ­dos en los juegos infantiles en plena ciudad de la Habana y demuestra su parentesco con viejos romances andaluces. Cuando hablo de romances antiguos, me refiero a las largas tonadas populares en el siglo 15 en EspaΓ±a, que llegaron con la conquista y se quedaron en AmΓ©rica. Recordemos que la lengua espaΓ±ola unificΓ³ el contenido de las tradiciones orales de las colonias hispΓ‘nicas y los cantos populares moldearon los nuevos cantos regionales. En esta bΓΊsqueda de uniΓ³n entre nuestras canciones y la tradiciΓ³n hispΓ‘nica, Carpentier encuentra una conexiΓ³n entre algunos ritmos musicales y el romance. Para Γ©l, las guarachas que hablan de gatos en Cuba, serΓ­an reminiscencias del difundido romance Don Gato, que se encuentra por toda la AmΓ©rica hispΓ‘nica. TodavΓ­a, en la Habana de hoy se escuchan fragmentos de romances espaΓ±oles. AsΓ­, cada que alguien dice la expresiΓ³n "eran las tres de la tarde", el otro responde: "Cuando mataron a Lola". ConcepciΓ³n Teresa de Alzola explica este fenΓ³meno como un remanente del conjunto de romances que comenzaban citando un crimen y anotando la hora del dΓ­a. Esta integraciΓ³n de las canciones a la vida y al sentir de la comunidad, se vive en el Caribe nuestro. TodavΓ­a miro con ojos de reciΓ©n llegada a Barranquilla, a mujeres y hombres que, sentados y olvidados, en los buses urbanos acompaΓ±an en voz alta la canciΓ³n de la radio.

Cito un pequeΓ±o recuento sobre la pervivencia, aunque sea fragmentada de las canciones: en un libro, de los que a veces intercambiaba con el escritor RamΓ³n Bacca, interesado tambiΓ©n en la oralidad, tenΓ­a anotado con su puΓ±o y letra, en la solapa, el texto de una canciΓ³n popular: El dΓ­a que la mataron, Rosario estaba de suerte, le pagaron tres balazos y sΓ³lo uno era de muerte.

Entre nosotros los versos que han alimentado la tradiciΓ³n se quedan viviendo en los cantos y alguna vez tratΓ© de explicar el Γ©xito de algunas canciones nuevas en las que aparecΓ­an estrofas de Γ©pocas remotas. "tamarindo seco, seco se le caen las hojas, agua derramada no hay quien a recoja" es una estrofa presente en los cancioneros de la Γ©poca colonial, que encontramos en los viejos archivos espaΓ±oles y que llegaron a HispanoamΓ©rica y sus versos se incorporaron en una canciΓ³n de las ΓΊltimas dΓ©cadas que en el Caribe colombiano gustΓ³ y se quedΓ³, compuesta por Joe Arroyo y el pΓΊblico se entusiasmaba con los versos, la oΓ­a, la cantaba y la bailaba. Entonces, es lΓ­cito pensar que el Γ©xito de los nuevos cantos estΓ‘ ligado a la resonancia que estos versos tienen en la memoria colectiva.

La fascinaciΓ³n del narrador por las formas sonoras del lenguaje, en la novela de Jaime Cabrera, produce un goce que nos hace sonreir como lectores y algunas veces nos arrancan carcajadas. El lector siente que el lenguaje serΓ­a una "mamadera de gallo", una tomadura de pelo, donde el emisor sabe que su mensaje no es serio y estΓ‘ buscando la risa como respuesta. Por esto el narrador de primera persona afirma haber convertido este libro en un juego literario sonoro verbal y visual. (p. 16). En un pasaje aparece la policΓ­a para imponer el orden y es necesario, para los presentes, saber responder con la contraseΓ±a correcta. Si el policΓ­a dijo Juventud, el santo y seΓ±a de la respuesta es flaca y loca. Y si dice, coroncoro, se muriΓ³ tu mae, la respuesta, segΓΊn el cΓ³digo musical, debe ser DΓ©jala morir. Esta es una muestra del juego y el goce como un divertimento incluido en la lectura de estas pΓ‘ginas.

En tΓ©rminos de Roland Barthes, hay una perspectiva de goce en todo el texto. Es la escritura en alta voz que Barthes ha definido a la perfecciΓ³n: la escritura en alta voz no es fonolΓ³gica sino fonΓ©tica, y en una perspectiva de goce, su objetivo no es la claridad de los mensajes, sino el teatro de las emociones.

Y en el punto de la oralidad es importante tocar el tema de la fiesta, la mΓΊsica y la alegrΓ­a bulliciosa como parte de la vida urbana. Toda la novela tiene un tono de fiesta y la mΓΊsica es una temΓ‘tica permanente y cada que aparece una melodΓ­a, el narrador nos cuenta todo sobre la canciΓ³n porque este narrador especial sabe todo sobre cada tema, opina, emite juicios, sabe el nombre del autor y de los distintos grupos que la han grabado y los sitios donde se ha exhibido.

Pero en esta obra el narrador va mΓ‘s allΓ‘ del recuento de la historia y, en muchas partes del libro, se convierte en artista de un espectΓ‘culo. Entonces, habla como un presentador de la mΓΊsica y el lector siente su voz como la del animador que lo invita a gozarse la fiesta. Cuando finaliza el prΓ³logo, por ejemplo, antes de empezar la obra se nos presenta como lo harΓ­a el director un espectΓ‘culo musical que estΓ‘ por empezar: ahora si quΓ© pasa con esa clave que no se oye basta de amagues y chiquichΓ‘s. Y sigue con frases que anuncian el goce y que hierven de emociΓ³n Abre que voy: imΓ©tele mano! camΓ­nalo.!

Cuando los mΓΊsicos suben a la tarima y ya al final sus instrumentos se preparan y dan golpecitos al micrΓ³fono, el narrador parece hablar a gritos: OigΓ‘moslos saca tu pareja, llΓ©vala para el rincΓ³n, iapriΓ©tala!

En el prΓ³logo de la novela, el autor reconoce que la letra de la canciΓ³n se convierte en la obra en un divertimento sabrosΓ³n pero ante todo en un juego, que permite todas las combinaciones posibles. Como parte de ese juego, el autor utiliza pedazos de canciones o de textos versificados y los va tejiendo en la narraciΓ³n. Entonces, con un pedazo de canciΓ³n se completa el punto que se estΓ‘ narrando: una china hace la siesta y el narrador nos habla del suave y balanceo de su hamaca pues con vaivΓ©n de hamaca ni se sufre ni se llora.

Otro pedazo de canciΓ³n completa en la descripciΓ³n de la historia de un muchacho que camina por una calle peligrosa y lleva el Tumbao que tienen los guapos al caminar.

Es necesario explicar que la recepciΓ³n de esta obra depende del lector, de su pertenencia al mundo cultural del caribe colombiano.

Cuando leΓ­a pasajes en el proceso de mi lectura, los lectores de este medio cultural de Barranquilla conocedores de todo lo que se menciona participaban del proceso de descodificaciΓ³n, se involucraban en el texto y siempre habΓ­a participaciΓ³n placentera. Cuando los oyentes eran de otra cultura, unos cubanos que llegaron por ejemplo, desconocΓ­an las canciones y su participaciΓ³n disminuyΓ³.

El humor y la tomadura de pelo, al estilo barranquillero, son la lΓ­nea continua del texto. Todo parece escrito en broma y el lector siente que el narrador estΓ‘ esperando su sonrisa y la clave del humor sΓ³lo se desvanece en algunos textos que tienen marcado su tono nostΓ‘lgico y generalmente corresponden a retratos familiares que estΓ‘n ligados a la vida del escritor.

Aunque no voy a referirme al esqueleto de la obra, es importante mencionar que el llamado inicial del narrador a subrayar que su libro carece de protagonista, sin historias y sin y de trama, no se cumple de manera exacta. Podemos mostrar que hay un diseΓ±o previo y que las partes de la obra tienen una simetrΓ­a y un orden pensado previamente.

En el aparente desorden, las historias parecen llegadas al azar, pero hay un hilo que organiza los momentos del presente con pasajes de la infancia y la vida del autor en la ciudad. Todo el texto se fragmenta en episodios, pero todos parecen tener un mismo escenario.

Aunque el humor y la simpatΓ­a son la nota predominante, hay pequeΓ±as puertas que nos llevan a historias nostΓ‘lgicas, donde se evocan situaciones y personajes de la vida familiar. Estas historias escondidas entre el bosque estΓ‘n contadas de otra manera. Hay otro tono, otra entonaciΓ³n. Por ejemplo, desaparece en esos momentos el toque humorΓ­stico y se crea un fondo que mira con devociΓ³n el cuadro de la familia.

Pero estos pequeΓ±os parΓ©ntesis no disminuyen el toque decididamente gozΓ³n de la obra. Y la broma con el narrador aparece desde el comienzo y continΓΊa durante todo el texto.

Y la narraciΓ³n, que habΓ­a seguido con admiraciΓ³n y afecto a los chinos, termina presentando un pasaje con ironΓ­a sobre los nuevos chinos porque ya no hay templos ni Γ³peras ni teatro ni dragones ni Buda. Ahora bailan brillando hebilla, juegan bola de trapo y comen arroz de payaso. Ya se les olvidΓ³ escribir chino.

Las historias de Jaime Cabrera siempre han saltado de Barranquilla a Miami. Cuando en 1914 escribiΓ³ Miss Blue y centrΓ³ sus historias en Altonia Beach, pudo explicar por quΓ© su amor por Miami y sustentΓ³ esa cercanΓ­a, con afecto. A pesar de la imagen de ciudad superficial que produce Miami, Jaime Cabrera aprendiΓ³ a mirarla con afecto y a encontrar los rincones que lo harΓ­an quedarse con amor. (Cabrera, 2016)

Pero, siempre ha aclarado que esto no significa que haya dejado de amar a su ciudad natal, Barranquilla.

Las historias de Jaime Cabrera siempre han saltado de Barranquilla a Miami.

Sobre su relaciΓ³n afectiva con Miami, Cabrera nos cuenta que se fue apropiando de sus espacios, con sentido de pertenencia, sin que por esto haya dejado de amar a su ciudad natal, Barranquilla.

El poeta y narrador dominicano René Rodríguez Soriano, en sus notas sobre la novela Miss Blues 104 ∘ señala la presencia de rasgos del goce Caribe en Jaime Cabrera. (RODRÍGUEZ, 2014).

Creo que este es el rasgo mΓ‘s importante para resaltar si queremos explicar la escritura de esta declaraciΓ³n de amor a Barranquilla en una obra de 685 pΓ‘ginas.

References

5 Cites in Article
  1. 1. Roland Barthes (1998). Unknown Title. El placer del texto, XXI
  2. 2. Jaime Cabrera (2014). Cabrera, Jaime. Miss Blue 104 F
  3. 3. Consuelo Posada (2021). Barranquilla. Ciudad y literatura en la novela de AndrΓ©s Salcedo. Estudios de Literatura Colombiana, 48(48), 301-308.
  4. 4. Soriano RodrΓ­guez (2014). Unknown Title.
  5. 5. Paul Zumthor (1984). La presenza della voce. La presenza della voce

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No external funding was declared for this work.

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How to Cite This Article

Consuelo Posada. 2026. "City and Literature in the China Forest. The Novel by Jaime Cabrera". Global Journal of Human-Social Science - A: Arts & Humanities GJHSS-A Volume 23 (GJHSS Volume 23 Issue A8).

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Crossref Journal DOI 10.17406/GJHSS

Print ISSN 0975-587X

e-ISSN 2249-460X

Keywords
Classification
GJHSS-A Classification (LCC): PN1-6790
Version of record
v1.2

Issue date
January 3, 2024

Language
Spanish
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