The Uncertainty of a Tripolar World: The Return of Militaristic Geopolitics and the Relevance of Geoeconomics in the First Decades of the 21st Century. A Brief Mention about the Russia-Ukraine Conflict
After the attacks of September 11, 2001, and the global paradigm shift that event produced, the world witnessed a resurgence of interest in geopolitics -especially, in its militaristic aspect, which came hand in hand with a new geoeconomics in the twenty-one century. The rise of China as a world economic power was accompanied by that country’s intention to occupy an increasingly predominant international political role. For its part, the economic recovery of Russia, in the first decade of this millennium, revived the country’s desire to rebuild the power that the Union of Soviet Socialist Republics once wielded. Both actors, eager to assume a leading international economic and political role, have collided on numerous occasions with the interests of the United States, a country that went from being considered a unipolar power to making explicit the great economic fragilities that have been undermining the foundations of its international power.
La Incertidumbre De Un Mundo Tripolar: El Retorno De La Geopolítica Militarista Y La Relevancia De La Geoeconomía En Las Primeras Décadas Del Siglo XXI. Breve Mención Al Conflicto Rusia-Ucrania
Como señalara Kenneth Waltz, el sistema tripolar es el más inestable de todos. De modo que, si el actual mundo tripolar tendiere a la conformación de un esquema bipolar, es necesario considerar que, aun cuando esa bipolaridad pudiere repetir mucho de lo que fue la Guerra Fría del siglo pasado, las connotaciones en el siglo en curso podrían ser diferentes. Al igual que en otras épocas históricas, la geopolítica del terror parece estar movilizando, nuevamente, las alianzas internacionales, lo que, inevitablemente, tendrá consecuencias para la geoeconomía del siglo veintiuno.
'ras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) y el cambio de paradigma mundial que ese acontecimiento produjo, el mundo atestiguó el resurgimiento del interés por la geopolítica - especialmente, en su aspecto militarista, que vino de la mano de una nueva geoeconomía en el siglo veintiuno.
El auge de China, como potencia económica mundial, fue acompañado por la intención de ese país de ocupar un rol político internacional, cada vez más predominante, concomitante con su creciente poderío económico mundial. Por su parte, la recuperación económica de Rusia, en la primera década de este milenio, reavivó los anhelos de dicho país por reconstruir el poder que otrora supo ostentar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URss), bajo el liderazgo de Vladimir Putin quien -en ocasiones, manifestó no admitir la pérdida de prestigio que sufrió Rusia con la desintegración del bloque soviético.[^7] Ambos actores, ávidos de asumir un rol protagónico -económico y político internacional, han colisionado en numerosas oportunidades con los intereses de los Estados Unidos (EE. UU.), país que pasó de ser considerado una potencia unipolar y -según algunos, imperial (a comienzos de los años dos mil), a explicitar las grandes fragilidades económicas que han venido socavando los cimientos de su poder, como principal referente del capitalismo occidental.
Como señalara Kenneth Waltz (1979), el sistema tripolar es el más inestable de todos. Con el tiempo, es posible que dicha configuración tienda a volverse un esquema bipolar o un orden multipolar, considerando que estos últimos han representado las formas más características que asumió el sistema internacional, en los últimos dos siglos.
De modo que, si el actual mundo tripolar tendiere a la conformación de un esquema bipolarcomo podría avizorar la alianza chino-rusa y el apoyo inicial que China concedió a Rusia frente a la incursión a Ucrania, es necesario considerar que, aun cuando esa bipolaridad pudiere repetir mucho de lo que fue la Guerra Fría del siglo pasado, las connotaciones en el siglo en curso podrían ser diferentes.
Al igual que en otras épocas históricas, la geopolítica del terror parece estar movilizando, nuevamente, las alianzas internacionales, lo que augura una escalada del rearme militar que, inevitablemente, tendrá consecuencias para la geoeconomía del siglo veintiuno.
# II. El Retorno de la Geopolítica Militarista y la
En los albores del nuevo milenio, la geopolítica irrumpió con fuerza en la palestra mundial, tanto en el ámbito académico, como en la política de los grandes Estados.
Desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales, se trata de una subdisciplina que, pese a su relevancia estratégica, fue marginada en los estudios de la academia occidental durante gran parte de la segunda mitad del siglo veinte, debido a su asociación con la política alemana del Tercer Reich[^2]2.
"Muchos concluyeron que el estudio de la geografía en conjunción con la política significaba una obsesión con la estrategia, lo que a su vez representaba una predilección por la guerra y la conquista" (Evans & Newnham, 1998: 198-trad. propia).
La connotación militarista y ofensiva que se atribuyó a la geopolítica en los análisis de la segunda posguerra y, parte de la Guerra Fría, en cierto modo, tuvo su origen en el desarrolloque adquirió la disciplina bajo la influencia de Karl Haushofer3 y, el rol que éste desempeñó como asesor y académico de Adolf Hitler (Evans y Newnham, 1998: 198). Sin embargo, varios autores -entre otros, De Mateo y Sousa (1993) y Borrell (2017), han cuestionado esa afirmación, señalando que, no fue del todo cierto que la estrategia de Hitler hubiese sido trazada por Haushofer y su grupo de influencia, ya que éste no quería la guerra y, mucho menos, contra la URSS.
Asimismo, es preciso señalar que el campo de estudio de la geopolítica comprende un ámbito de aplicación mucho más amplio y abarcativo que, el sólo referido al área geográfica y castrense. Se trata de un campo interdisciplinario que involucra diversos análisis, tanto de relaciones internacionales, economía, demografía, estudios ambientales, históricos, entre otros.
Por otra parte, aunque a partir de la década de 1970 se evidenció un resurgir de la importancia de la geopolítica, de la mano de Escuela francesa, los aportes de Henry Kissinger (Pérez Gavilán et al., 2017) y, más recientemente, debido al desarrollo de la geopolítica crítica (Contreras Polgati, 2007), en general, los autores coinciden en que el fin de la Guerra Fría pareció conllevar al definitivo desuso de la geopolítica durante los años noventa y, al reemplazo de esta por la geoeconomía4. Como expresaron Ó Tuathail & Dalby (1998), en muchos análisis, la geopolítica fue dada por muerta.
No es difícil comprender ese desplazamiento en los estudios de política exterior, cuando se consideran las grandes transformaciones económicas mundiales que acontecieron a finales del siglo veinte5, especialmente, tras el abrupto fin del orden bipolar. En los primeros años de la década del noventa, el vertiginoso avance de la globalización pareció obnubilar los conflictos geopolíticos, otrora asociados a la Guerra Fría. Los EE. UU. había emergido como el único vencedor de ese conflicto, aunque lo hizo sin pelear una contienda directa con la URSS, sino a causa de la implosión de este último bloque. Quizás por ello, varios analistas pasaron por alto que la economía estadounidense venía arrastrando un importante deterioro de algunos de sus cimientos macroeconómicos (fundamentales), desde hacía varias décadas6. En los años noventa, todo pareció indicar que el capitalismo y la globalización se establecerían como el paradigma imperante a nivel mundial y, que la geoeconomía había subyugado a los intereses geopolíticos. La unipolaridad que se observó al iniciar la década, paulatinamente, dejó paso a un esquema más multipolar que se fue configurando con el surgimiento de varios actores internacionales -como la Unión Europea (UE), el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacifico (APEC), la ampliación de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), además de la conformación de diversos bloques regionales en otras latitudes, entre ellas, América Latina. Durante esos años, proliferaron los términos como globalismo, sociedad global, aldea global, que fueron acaparando las producciones del ámbito académico y político internacional. En cierto modo, reflejaban la percepción del cambio de época que se experimentó en esa década.
No obstante, para mediados de los años noventa, empezaron a evidenciarse los efectos negativos de la globalización: las crisis financieras en los mercados emergentes. Pese a ello, algunos autores continuaron pronunciándose como adeptos a dicho modelo economic -entre otros, Thomas L. Friedman que postuló la controvertida Teoría de los Arcos Dorados de Prevención de Conflictos.
En el curso de esa década, también proliferó el debate sobre la gobernanza global que, implicó que ciertos analistas advirtieran que los cambios globales estaban tornando anacrónica la estructura del Estadonación westfaliano -tales como Ohmae (1997) y Strange (2003). No es de extrañar que, en ese contexto, varios aplaudieron el triunfo de la geoeconomía sobre la geopolítica.
La geopolítica se fincaba en la fuerza de las armas y la "diplomacia del garrote", mientras que la geoeconomía se apoya en la razón y la negociación entre iguales. La geopolítica intentó predecir el futuro, en tanto que la geoeconomía busca encaminarlo hacia la prosperidad. La geopolítica tendía hacia el dominio mundial y la geoeconomía lo hace a la globalización económica. En suma, la geopolítica fue una ciencia del pasado. La geoeconomía lo es del porvenir [...]. (De Mateo y Sousa, 1993: 978)
Aún así, algunos autores -entre ellos, Scholte (1997: 427-8) destacaron que, durante esos años, también surgieron refutaciones de quienes se resistían a la idea del fin del Estado y, afirmaban que los argumentos sobre globalización eran exagerados, porque los Estados continuaban reteniendo capacidades cruciales de gobierno, en el plano económico y político internacional. Como observaron Evans y Newnham (1998), en las postrimerías del siglo veinte, si bien a nivel internacional y, sobre todo en los EE. UU., todavía existía cierta negación al campo de estudio de la geopolítica, ya se empezaba a avizorar un resurgir del interés por la materia, en los estudios militares.
Más allá del debate académico, los acontecimientos terminaron por imponerse de modo drástico, en los inicios del siglo en curso. Al parecer, los más reticentes habían tenido razón: pese al vertiginoso avance de la globalización, su alcance fue parcial y limitado. Frente a ella, los Estados retuvieron su tradicional cuota de poder que tienden a sacar a la luz cuando las crisis económicas y/o de seguridad - doméstica o internacional, lo requieren.
Los atentados del 11-S marcaron un punto de inflexión en la historia mundial. La geopolítica irrumpió de manera abrupta, no sólo en los estudios sobre terrorismo y seguridad internacional, sino también, en la agenda gubernamental de los grandes Estados. Para Bergesen y Suter (2018), ese retorno no fue novedoso, sino que debe ser interpretado como el último giro cíclico de un proceso histórico mundial -más prolongado y abarcativo, al que dieron en llamar Ciclo de Globalización/Geopolítica (CGG). Según los autores, ese ciclo se evidenció desde épocas históricas, tanto en el período de la hegemonía británica (siglo XIX), como la estadounidense (siglo XX), y consiste en la transición del predominio de la globalización a la geopolítica, como la lógica dominante del comportamiento de los Estados a nivel internacional. Para los autores, el resurgir de la geopolítica está asociado a la revivificación de los intereses nacionales y los nacionalismos.
En el plano militar, la avasallante respuesta de los EE. UU. a los ataques del 11-S llevó a que ese país se perfilara como una potencia imperial que, nuevamente, trasladaba al mundo a un esquema unipolar -dejando atrás la imagen de aldea global que se promovió durante los añosnoventa. Desde el punto de vista económico, la globalización empezó a ser cada vez más cuestionada -incluso, en el corazón de la economía capitalista (EE. UU.), no sólo por la difusión que adquirieron los movimientos antiglobalización, sino porque, varios Estados empezaron a retomar la senda del keynesianismo (en una especie de neointervencionismo económico).
El 11-S no sólo marcó un hito en la historia de los EE. UU., sino que conllevó a que algunos sectores (académicos, políticos y empresariales) vieran en la guerra el motor que posibilitaríarecuperar el dinamismo de la economía estadounidense, sumida -por entonces, en una situación de estancamiento (Palacio, 2019-b)°.
En los inicios del dos mil, adquirieron difusión obras como la de Hardt & Negri (2o00) que señalaban la emergencia de una nueva forma de soberanía global. A ella la denominaron Imperio y, según los autores, se asentaba en la declinación de la soberanía Estatal, y su creciente incapacidad para regular intercambios económicos y culturales. Se trató de un concepto en estrecha relación con la globalización y gobernanza global, pero enfatizaba en la influencia del liderazgo estadounidense.
La percepción de configuración de una gobernanza global, bajo el liderazgo de los EE. UU., cobró sentido a raíz de la desproporcionada represalia que ese país llevó adelante, primero, con la incursión en Afganistán (2001) y, luego, a Irak (2003). Ambas incursiones revistieron características distintas a las guerras convencionales; se ejercieron contra un nuevo tipo de enemigo -los grupos terroristas, fundamentándose en la necesidad de prevenir la expansión del terrorismo internacional. En el caso de Afganistán, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas convalidó el derecho de los EE. UU. a recurrir a la legitima defensa®. Sin embargo, la guerra con Irak (2003) no contó con el consenso del Consejo de Seguridad. Algunos países europeos se opusieron a la invasión estadounidense a Irak, mientras que otros la apoyaron, lo que evidenció la existencia de grietas insalvables en materia de política exterior, al interior del bloque europeo (UE)°.
El 11-S también mostró que las formas de conflicto habían mutado hacia nuevos paradigmas. El accionar de los EE. UU. dejó en evidencia que dicho país poseía la capacidad de imponer su voluntad unilateral, explicitando que la guerra seguía siendo el último resorte de poder en las relaciones internacionales.
Para algunos observadores, los ataques terroristas y las incursiones estadounidenses representaban la materialización del choque de civilizaciones que, a comienzos de los noventa, había pronosticado Samuel P. Huntington. Otros criticaron el accionar de los EE. UU. en el marco de la lucha contra el terrorismo internacional; no es de sorprender que la contrapartida de esas guerras fue la intensificación del debate sobre la ineficacia de las Naciones Unidas (NU). Las incursiones en Medio Oriente desencadenaron y/o profundizaron nuevos y viejos conflictos étnicos, religiosos y políticos en esa región. Fuera de Medio Oriente, la contrapartida fueron una serie de ataques terroristas, perpetrados en diversos países, varios de ellos, aliados a los EE. UU.1o.
En muchos aspectos, la geopolítica del siglo veintiuno resurgió asociada al esquema militarista, tanto por la lucha contra el terrorismo, como la seguridad internacional, e implicó desandar ciertos avances que el proceso globalizador pareció haber consagrado durante los años noventa. Pese a ello y, a los incontables cuestionamientos que se levantaron en contra de la globalización, en las primeras décadas de este siglo, no se puede afirmar que el mundo atestiguara la extinción de este fenómeno, ni un debilitamiento de la geoeconomía, en el sentido que la formulara De Mateo y Sousa (1993: 976), como el gran espacio económico o, dicho de otro modo, el espacio económico integrado en un gran espacio económico vital. Por el contrario, el campo de estudio de la geoeconomía viró hacia nuevos focos, para centralizarse en el auge de China y, en menor medida, de otros mercados emergentes, como el caso de Rusia1.
Para finales de la primera década del dos mil, se evidenció un desprestigio de la estrategia militar de los EE. UU. Las incursiones en Afganistán e Irak habían pretendido asestar un golpe definitivo contra el terrorismo internacional, pero ambas guerras se prolongaron más allá de lo previsto, sin arrojar resultados contundentes en la lucha contra el terrorismo. Contrariamente, la estrategia militar estadounidense se convirtió en una pesada carga para laeconomía de ese país. Se añadió a ello, las erráticas políticas económicas domésticas que terminaron desencadenando la crisis internacional del 2008.
En la segunda década del siglo en curso, nuevos acontecimientos agravaron los conflictos en Medio Oriente, debido al surgimiento del ISIS (Islamic State of Iraq and Syria, autodenominado Estado Islámico -El), el estallido de la llamada Primavera Árabe, la guerra civil en Siria (2011), entre otros. A la pérdida de prestigio político internacional que afrontó los EE. UU., se sumó la pérdida de su poder económico mundial (Palacio, 2019-a).
La crisis del 2008 trajo un nuevo replanteo del sistema económico y político internacional. La economía de los EE. UU. fue el epicentro de aquella crisis, aunque -a la postre, arrastró a otras economías desarrolladas y emergentes en una recesión mundial. En el caso de China, aunque experimentó una ralentización en las tasas de crecimiento de su PBI, la inercia del tamaño de su economía le permitió sostener, en cierto modo, la demanda externa e interna. Rusia, confiada en la reconstrucción de su poderío y proyección internacional, se vio involucrada en acontecimientos bélicos que, también, denostaron su prestigio y socavaron sus cimientos económicos, aun cuando de ambos ese país sacó alguna ventaja político- regional (la invasión de Georgia y el conflicto por Crimea)2. La apetencia territorial de Rusia y, su aparente intento de recuperar parte de lo que fue el gran territorio de la URSS, le llevaron a sufrir sanciones económicas internacionales, especialmente, luego de la anexión de Crimea y el apoyo que el gobierno ruso brindó a la secesión de algunas regiones de Ucrania, en la cuenca del Donbass.
## III. La Inestabilidad Del Orden Tripolar: Los Estados Unidos, China y Rusia
El sistema mundial de Estados, integrado por actores con diferentes capacidades, objetivos e intereses, es proclive a generar una constante competencia por el liderazgo internacional (siempre relativo). Para los realistas, la competencia se asume como ineludible, ya que se considera inherente a la naturaleza humana y puede evidenciarse, tanto en el plano de la influencia o prestigio (soft-power), como en el de capacidades militares, económicas, demográficas, tecnológicas, entre otras (hard-power).
Desde el punto de vista histórico, en numerosas circunstancias, la competencia entre los Estados derivó en conflictos bélicos. Empero, en las últimas décadas, lo más frecuente fue que se expresara en términos de rivalidad por ejercer un rol preponderante y/o influencia en la escena política y económica internacional. De hecho, un indicador de esa competencia fue la mayor presencia que los países buscaron tener en los diversos acuerdos, foros y organismos existentes en el ámbito mundial.
Desde los años noventa del siglo veinte, tanto Rusia como China buscaron adquirir mayor protagonismo y representación en los principales acuerdos y entes multilaterales13. Sin embargo, más allá de esa participación internacional, no pudo desconocerse el interés de las potencias por intervenir en asuntos militares que atañen al orden internacional.
En la pos-Guerra Fría se evidenció que, contrariamente a lo predicho por Francis Fukuyama, el mundo estuvo lejos de consolidar un sistema de paz mundial y democracia internacional. Los conflictos bélicos continuaron, aun cuando, según los analistas, la mayor parte de estos fueron intraestatales, en lugar de interestatales. De manera similar a lo acontecido durante la Guerra Fría del siglo veinte, muchos de esos conflictos se registraron en países periféricos y, sus repercusiones fueron, a lo sumo, regionales. No obstante, en algunos de ellos se registró la participación de grandes Estados, ya sea en forma directa o indirecta (a través de organizaciones internacionales o regionales).
Como señaló Mearsheimer (2014), después de 1989, los políticos estadounidenses no tuvieron que preocuparse por pelear contra grandes poderes rivales, y tuvieron la libertad para involucrarse en guerras contra pequeños poderes. Los EE. UU. peleó seis guerras desde que terminó la Guerra Fría y, a partir del 11-S se abocó a la lucha global contra el terrorismo. Para el autor, entre los políticos estadounidenses hubo poco interés en la política de las grandes potencias, desde que la amenaza soviética se desvaneció. Sin embargo, observó que esa situación empezó a cambiar con el auge de China, ya que ese proceso tenía el potencial de generar un cambio fundamental en la arquitectura del sistema internacional.
Más allá de China, Rusia indudablemente figuró entre los grandes actores de la política mundial, en las primeras décadas de este siglo. El mundo tripolar, cuya configuración se explica desde la perspectiva económico-militar14, ha incrementado las tensiones e incertidumbre en el sistema económico y político internacional, debido a que sus actores predominantes (los EE. UU., China y Rusia) poseen capacidades diversas y algunos intereses en conflicto.
### a)El crecimiento asimétrico y la disputa del liderazgo
Desde el punto de vista estadístico, los indicadores son elocuentes del crecimiento asimétrico que experimentó China, con respecto a los EE. UU. y
Rusia, en las primeras décadas de este siglo. Además, estos permiten comprender por qué proliferaron las controversias sobre qué país ejercería el rol de próxima potencia mundial, para los años venideros.
Ya desde comienzos del dos mil, algunos autores proyectaban que la economía china sobrepasaría a la estadounidense, convirtiéndose para 2050 en la mayor economía del mundo.

Gráfico N°1: PIB, PPA ($ a precios internacionales constantes de 2011)
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial, "Indicadores del desarrollo mundial". https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.PCAP.PP.KD?locations=CN-US-RU (consultado el 15/02/2022).
Como se observa en los gráficos $\mathsf {N} ^ {\circ} \mathsf {\Omega} \mathsf {1}$ y 2, la economía de los EE. UU. evidenció un crecimiento sostenido durante gran parte de la década de 1990, pero se estancó y decreció hacia finales de ese período. Aunque el crecimiento retornó en el primer lustro del dos mil, la primera década finalizó con una
pronunciada caída de su PBI, debido a la crisis iniciada en 2008. En la segunda década de este siglo, la economía de los EE. UU. recuperó su crecimiento, aunque a un ritmo más moderado que en los años noventa.

Gráfico N° 2: Crecimiento del PIB (% anual)
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial, "Indicadores del desarrollo mundial". https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.PCAP.PP.KD?locations=CN-US-RU (consultado el 15/02/2022).
En lo que refiere a China, el crecimiento de su PBI fue exponencial, acelerándose desde comienzos del dos mil. Con la crisis del 2008, la economía de este país también se vio afectada, aunque sus tasas de crecimiento se mantuvieron muy por encima de los EE. UU. y Rusia. Por su parte, la economía de este último registró una recuperación entre 2000 y 2007, luego de atravesar una profunda recesión en los años noventa. Desde entonces, la economía rusa se halla prácticamente estancada, con bajos índices de
crecimiento. Si se compara el PBI de China con el de los EE. UU., este pasó de representar el $16\%$,en 1990, al $116\%$ en 2020, mientras que, el de Rusia pasó del $31.5\%$ del de EE. UU., en 1990, al $19.51\%$ en 2020, evidenciando un claro retroceso en términos relativos15.
Asimismo, si la comparación se hace en términos de PBI per cápita (Gráfico $N ^ {\circ} 3$ ), también, se evidencia que China registró un crecimiento sostenido que le permitió elevar el nivel de ingreso y occidentalización de su economía.

Según se deriva de los datos que brinda el Banco Mundial, en 1990 el PBI per cápita de China (medido en PPA, a precios internacionales constantes de 2011) equivalía al $3.52\%$ del de Estados Unidos; en 2020, ese porcentaje ascendió al $27\%$. Eso significa que, entre los años 1990 y 2020, el PBI per cápita de China creció un $1046\%$, mientras que el de Estados Unidos un $49\%$ y Rusia sólo un $23\%$, en dicho período.
Otro indicador de relevancia, al analizar la solidez de una economía, es el nivel de reservas que ostentan los países (Gráfico $\mathsf {N} ^ {\circ} ~ 4$). Desde el punto de vista de este indicador, la economía china claramente tiene una solidez que supera en forma contundente, tanto a los EE. UU. como a Rusia, países estos últimos que registran un nivel de reservas aproximadamente equivalente.
De modo que, el análisis económico-estadístico justifica el elevado interés que suscitó China en el siglo veintiuno y, su catalogación como posible potencia mundial. Además, explica la incertidumbre que algunos analistas han planteado sobre el futuro del sistema mundial actual, ya que el crecimiento económico asimétrico podría derivar en la disputa por el liderazgo del sistema internacional.
China está en el camino correcto para convertirse en un formidable poder global. El tamaño de su economía se ha cuadruplicado desde que lanzó las reformas de mercado hacia fines de los años 1970 y, según algunas estimaciones, se duplicará de nuevo en la próxima década. [...] El gasto militar de China ha crecido [.....] y su diplomacia ha extendido su alcance no sólo en Asia sino también en África, América Latina, y el Medio Oriente. Es más, mientras la Unión Soviética rivalizó con los Estados Unidos solamente como un competidor militar, China está emergiendo tanto como rival militar y económico - anunciando un profundo cambio en la distribución de poder global. (Ikenberry, 2008 trad. propia).
Mearsheimer (2014 -trad. propia), por su parte, advirtió sobre los riesgos del desequilibrio, en caso de persistir el inexorable avance del coloso asiático frente al estancamiento del poder de los EE. UU.: "Si la economía China continúa creciendo en un ritmo enérgico en las próximas décadas, los Estados Unidos enfrentarán de nuevo un potencial par competidor, y la política de grandes poderes retornará con toda su fuerza".
En el caso de Rusia, aunque su economía había recuperado fortaleza en la primera década del dos mil, luego de la caída del precio del petróleo y las sanciones que se impusieron a ese país a raíz de la anexión de Crimea, su PBl se estancó en forma considerable. Más allá de su rol como uno de los principales proveedores energéticos del mundo, lo que ha inquietado a algunos analistas es la política revisionista de Rusia, sobre los países exsoviéticos. No obstante, el magro desempeño que arroja su economía, desde 2008, parece poner en cuestión su posibilidad de ejercer el rol de potencia mundial (más allá del poder militar que este país ostenta). Rusia arrastra el estigma que, en cierto modo, signó su decadencia durante la Guerra Fría y, es que, pese a ser el territorio más grande del mundo, su economía se halla por debajo de las diez más importantes, en el ranking mundial16.
Por lo tanto, si se consideran las capacidades que debería ostentar una potencia a nivel internacional, la economía es, claramente, el talón de Aquiles de Rusia. Por ello, ya sea por necesidad y/o temor, los cálculos estratégicos parecen haber impulsado a este país a aliarse con su vecino -China, país con el que tuvo importantes diferendos y controversias en el pasado y, al cual, muchos rusos ven con cierto resquemor. La particularidad que reviste Rusia respecto a China es que, si bien este último representa la segunda potencia económica mundial, después de los EE. UU., el primero configura la segunda potencia nuclear, después de los EE. UU., a nivel mundial.
En la siguiente sección se indaga sobre algunos aspectos que permiten complementar este análisis económico internacional, con respecto al rol de China y Rusia. El propósito, es explicar, con mayor grado de aproximación, por qué ambos países podrían configurarse en potenciales desafiadores del liderazgo estadounidense y el statu quo internacional.
### b) China y Rusia en la arena mundial. Breve mención al conflicto Rusia-Ucrania
Como, en su momento, señalara Jeffy Legro (2007: 515 -trad. propia), "[....] en los Estados Unidos hay, como dijo un Secretario de Estado Adjunto de EE.UU., una "caldera de ansiedad" sobre el futuro de China". A ello, hay que añadir la profunda recesión que atravesó la economía estadounidense, hacia finales de la primera década del dos mil. Si bien, en la segunda década, los EE. UU. experimentó una recuperación, su economía continúa evidenciando importantes fragilidades -tales como un elevado stock de deuda sobre PBI, además de la reciente aparición de un proceso inflacionario. Cabe recordar que, una porción de la deuda estadounidense se encuentra en poder de China, lo que ha generado una fuerte interdependencia económico-financiera entre ambos países, más allá del intercambio comercial bilateral. Para algunos especialistas, esa circunstancia podría condicionar la autonomía económica de los EE. UU., al colocar en manos de China parte de la decisión de estabilidad financiera de dicho país.
Por su parte, China consiguió que su moneda (renminbi-RMB) fuese incorporada a la canasta de monedas que componen los derechos especiales de giro (DEG) del FMI17. Se tratóde un logro histórico para este país y, de un cambio trascendente desde el punto de vista monetario internacional. Empero, pese a la extraordinaria apertura y capitalización de su economía, China no flexibilizó su modelo ideológico y sociopolítico. Por el contrario, persisten profundas diferencias entre los EE. UU. y China que llevan a ciertos analistas a avizorar una inevitable confrontación entre ambos países.
El realismo ofensivo ofrece importantes interpretaciones sobre el ascenso de China. Mi argumento en resumen es que si China continúa creciendo económicamente, intentará dominar Asia en el modo en que Estados Unidos domina el Hemisferio Occidental. Estados Unidos, sin embargo, irá muy lejos para prevenir que China alcance hegemonía regional. La mayoría de los vecinos de Beijing, incluyendo India,Japón, Singapur, Corea del Sur, Rusia, y Vietnam, se unirán a los Estados Unidos para contener el poder chino. El resultado será una intensa competencia de seguridad con considerable posibilidad de guerra. En pocas palabras, es improbable que el auge de China sea tranquilo. (Mearsheimer, 2014 trad. propia)
A pesar de las inquietudes que explicitaron diversos académicos, la administración del presidente estadounidense Barack Obama (2009-2017) adoptó una postura de tolerancia frente al creciente predominio chino. Posiblemente, esa política obedeció a una conveniencia económica, ya que China financió parte del déficit de los EE. UU.
En este caso, la situación era especialmente complicada debido al grado de interdependencia que habían adquirido nuestras economías. [.....] Los chinos poseían grandes cantidades de bonos del Tesoro de Estados Unidos, lo cual significaba que ambos estábamos profundamente involucrados en el éxito económico del otro. [...] Pero, más allá de estos intereses compartidos, nuestros valores y visiones del mundo a menudo discrepaban; lo vimos en viejos puntos álgidos como Corea del Norte, Taiwán, Tíbet, los derechos humanos, y en nuevos desafíos como el cambio climático y las disputas en los mares de China Oriental y meridional. Todo esto llevaba a un difícil acto de equilibrio. Necesitábamos una estrategia responsable que alentara a China a participar como miembro responsable de la comunidad internacional, mientras nos manteníamos firmes en la defensa de nuestros valores e intereses. (Rodham Clinton, 2014: 49)
Hillary Clinton sostuvo en sus memorias como Secretaria de Estado del entonces presidente Obama que "[... la prioridad de su gobierno] era reafirmar a Estados Unidos como potencia del Pacífico, sin crear una confrontación innecesaria con China" (Rodham Clinton, 2014: 53). Para algunos, esa postura respondió a un error de diagnóstico.
Los casi ciento cincuenta años de trastornos que enfrentó China, en los últimos siglos, parecen haber brindado a ese país condiciones diferenciales, las denominadas ventajas del atraso. Algunos sostienen que el propósito de China es recobrar el predominio que ejerció en los años previos a la era moderna. En términos de capacidades, China cuenta con un extenso territorio y una gran población. Pero fueron sus extraordinarios logros en materia económica, los que colocaron a ese país en la categoría de posible potencia mundial, disputando el puestoque los EE. UU. adquirió hacia finales de la Segunda Guerra.
Algunos se preguntan ¿cómo sería el panorama internacional ante una eventual hegemonía china? Como factor a favor del capitalismo, Ferguson (2012: 419) señala que el modelo de crecimiento capitalistacomunista adquirió gran legitimidad en la población china. Por ello, hay quienes consideran que, ante una eventual sucesión de liderazgo, el capitalismo quizás tenga el futuro garantizado bajo un eventual predominio de China.
El debate sobre la futura gobernanza global cobró relevancia en el seno de la academia china, desde comienzos del presente siglo. En Rethinking Empire from a Chinese Concept 'All- under-Heaven' (Tian-xia) (2006), Tingyang Zhao -un destacado filósofo chino, sostuvo que la concepción de gobernanza global de la tradición china -All-under-Heaven (Tian-xia), en castellano Todos-bajo-el cielo, es diferente a la de imperio que ha ostentado el mundo occidental. Para Zhao, dicha concepción podría contribuir de manera positiva y constructiva a repensar la mejor idea de un imperio aceptable. Según Zhao, el término Todos-bajo-el cielo sería equivalente al de universo, y consiste tanto de la tierra como de la gente. Así, sostuvo que un emperador no podría disfrutar realmente de un imperio Todos-bajo-el cielo, aun cuando conquiste vastas extensiones de tierra, a menos que tenga el apoyo sincero y verdadero de la gente de la tierra.
El concepto de Todos-bajo-el cielo está pensado para ser un imperio de todo el mundo responsable por la felicidad común de toda la gente. Se refiere a un imperio teórico o conceptual que realmente nunca existió. [...] Cada dinastía del imperio Chino ha tratado de aplicar el concepto de Todos-bajo-el cielo, pero nunca han sido capaces de realizarlo debido a limitaciones prácticas. Todos-bajo-el cielo significa un imperio muy diferente, que no necesariamente es un superpoder mundial, sino un mundo bajo una institución comúnmente aceptada, un plan para hacer del mundo un lugar de todos. (Žhao, 2006: 34 -trad. propia)
Varios occidentales han seguido de cerca el debate sobre el Tianxia en China. No falta quienes observaran en dicha postulación, una intención implícita de China por avanzar en la promoción de una nueva forma de gobierno mundial, bajo el predominio chino. Para Callahan (2008), la discusión sobre el Tianxia se volvió muy popular en la China del siglo veintiuno, incluso en modos que contradice la política china de auge pacífico en el sistema internacional. Si bien Callahan criticó algunas formulaciones de Zhao, sostuvo que su obra tenía trascendencia, no sólo como texto académico o filosófico. El poder e influencia de esta emergieron, no de sus argumentos -para algunos cuestionables, sino de la posición que han adquirido en la red de debates entre intelectuales públicos, estatales y líderes políticos, sobre el rol de China en el mundo como gran potencia. Además, señaló que, de acuerdo con los diccionarios clásicos y modernos, Tianxia significa también China; y consideró que ello explica la gran difusión que adquirió la obra de Zhao: "Tianxia es acerca de China, y sobre el rol de China en el mundo del siglo veintiuno -temas muy candentes en la RPC y entre los chinos del extranjero" (Callahan, 2008: 756 - trad. propia). Callahan sostuvo que, los debates en torno al Tianxia tuvieron como propósito demostrar al mundo, especialmente a Occidente, que China no es más un Estado revolucionario que desafía el orden internacional, sino un miembro responsable de la sociedad internacional. No obstante, observó que, paradójicamente, en la noción de Tianxia de Zhao, esa responsabilidad refiere a la creación de un nuevo orden mundial.
Otro interesante análisis sobre la incertidumbre que suscitó el crecimiento de China puede hallarse en la obra de Kissinger (2012). En dicha publicación, Kissinger expuso un paralelo -con el fin de establecer ciertas diferencias, entre la configuración del orden bipolar inflexible previo a la Gran Guerra y la situación que estaban observando muchos especialistas a ambos lados del Pacífico.
[...] Estados Unidos y China [.....] Los dos se han visto históricamente empujados hacia ideas de universalidad por sus logros económicos y políticos y por la energía y autoconfianza incontenibles de sus pueblos. [...] Crowe tal vez advertiría de que cuando coinciden dos entidades de este calibre en la arena mundial, lo más probable es que se produzcan tensiones importantes. [...] Estados Unidos se centra más en el arrollador poder militar; China, en el impacto psicológico decisivo. (Kissinger, 2012:533-4)
Según Kissinger, las relaciones entre los EE. UU. y China no tendrían que convertirse en un juego de suma cero. Además, consideró que, cuando se enfatiza en el auge de China se está dando por sentado que su extraordinario crecimiento se proyectará indefinidamente, así como el relativo estancamiento de EE. UU. Empero, argumentó que:
Un país que se enfrenta a unas tareas internas de tanta envergadura no va a lanzarse así como así a una confrontación estratégica, ni a la búsqueda del dominio universal. [...] Los líderes contemporáneos conocen perfectamente la destrucción que son capaces de desencadenar. La competición clave entre Estados Unidos y China probablemente será más económica y social que militar. [....] Estados Unidos tiene la responsabilidad de mantener su competitividad y su papel en el mundo. (Kissinger, 2012: 538)
Otros análisis enfatizaron en las cualidades que, tradicionalmente, revisten las potencias hegemónicas, en términos de capacidad militar y espíritu conquistador. Como evidencia su historia, China fue un país sin tradición de conquistador y víctima de intentos de conquista por parte de otros Estados. Aun así, en los últimos años China inició un rearme militar, aunque lo presenta como parte de una estrategia defensiva para ese país.
Al igual que Alan Greenspan (2008), Robert Kagan (2012) opinó que los EE. UU. tiene una capacidad innata de autorecuperación (resiliencia) que se explicita al tocar situaciones límites. Aun así, sostuvo que: "Al presente, sólo se puede decir que el crecimiento de la economía de China tiene implicaciones para el poder Americano en el futuro, sólo en la medida que los Chinos traduzcan una parte suficiente de su fuerza económica creciente en fuerza militar" (Kagan, 2012: 109 trad. propia).
Pero no todos los analistas acuerdan en ese análisis. Hay quienes expresan escepticismo respecto a la posibilidad de supervivencia de un liderazgo estadounidense para el presente siglo. Lo cierto es que, de plantearse un escenario en el que prosiga el fortalecimiento de China frente a los EE. UU., muchos perciben que entrará en disputa el liderazgo del sistema internacional. Sin embargo, no hay consenso sobre las dimensiones que dicha crisis podría alcanzar, ni el desenlace que podría tener. Para una parte de la academia, especialmente para el realismo ofensivo, el crecimiento desigual podría transportarnos a las puertas de un enfrentamiento bélico de magnitud impredecible.
Frente a los pronósticos belicistas, Arrighi (2010) destacó que China lanzó en 2003 la doctrina de emerger precipitadamente en un modo pacífico (heping jueqi). Según dicha doctrina, China evitaría la postura agresiva de los poderes emergentes anteriores, aspirando a crecer y avanzar sin modificar los órdenes existentes. Para el autor, los funcionarios chinosno ven contradicción entre su doctrina de desarrollo pacífico y su determinación de desarrollar fuerzas armadas más competentes.
Como señaló Gilpin (1981, citado por Palacio, 2019-a), la predicción en ciencias sociales es imposible, pero la información histórica nos permite proyectar escenarios probables, a fin de reducir la incertidumbre asociada al futuro. Aun así, Gilpin reconoció que la sola decisión deun líder puede cambiar completamente los pronósticos académicos.
Por último, hay quienes se inclinan a postular que el capitalismo subsistiría, aun cuando China gane terreno en el liderazgo internacional. El éxito económico de ese país fue debido al sistema capitalista, incluso - en los últimos años, China se lanzó a una prolífica política de inversión en el exterior que algunos dieron en llamar nuevo imperialismo. Aún así, muchos consideran que los desafíos para China son múltiples y generan dudas sobre su real ascenso como potencia mundial. La pandemia del Covid-19 que se inició en ese país, a finales de 2019 y se esparció por todo el globo - llegando hasta la actualidad, tuvo un impacto en el prestigio internacional de China. Todavía persisten los cuestionamientos sobre cómo se inició la propagación del virus y respecto del manejo de la información que hizo el gobierno chino en los primeros meses de la pandemia. Claramente, el accionar poco transparente del gobierno chino provocó un retraso en la respuesta que la Organización Mundial de la Salud y los demás países pudieron adoptar, frente a la propagación del virus. Por otra parte, la pandemia tuvo en elevado costo para la mayoría de los países del mundo, no sólo en términos de vidas humanas, sino también, económicos, sociales y políticos. Inevitablemente, China cargará con el estigma de haber sido el foco de difusión de una pandemia que marcó a una generación, en los inicios de la tercera década del dos mil. Ello erosionó parte de la reputación mundial que, tan trabajosamente, procuró construir ese país en las primeras décadas de este sialo.
En lo que refiere a Rusia, el nuevo milenio empezó a transitarse no exento de conflictividad e incertidumbre. Entre otros aspectos, resurgió la inquietud de algunos analistas sobre el rol que pretende desempeñar Rusia a nivel internacional. Como se mencionó anteriormente, el crecimiento económico de los primeros años dos mil le permitió a ese país revertir la debacle que atravesó durante los noventa. Rusia se posicionó como mercado emergente, adquiriendo un importante protagonismo político y económico internacional, no sólo como parte del denominado grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que agrupaba a potencias intermedias, sino como miembro del G8 (G7 + Rusia). Por otro lado, en materia de política exterior, Rusia apoyó desde un comienzo la campaña de lucha contra el terrorismo que embanderó los EE. UU., aunque no tardaron en surgir desavenencias entre ambos países. Las mismas se explicitaron a partir de la incursión estadounidense a Irak y se ampliaron con la intervención rusa en Georgia18.
La incursión rusa contra Georgia fue criticada por gran parte de la comunidad internacional. Aun así, pese a los cuestionamientos internacionales, en 2014, Rusia desplegó una nueva estrategia revisionista, anexándose Crimeao. Como con Georgia, la disputa por Crimea provenía desde la desintegración de la URSS. La anexión de Crimea por parte de Rusia, aunque democrática desde el punto de vista de las aspiraciones de la población de esa regiónmayoritariamente rusa, fue desconocida por NU y los grandes jugadores de la comunidad internacional. La incursión rusa tuvo importantes consecuencias para ese país. Las mismas incluyeron desde sanciones económicas impuestas por los EE. UU. y la UE, hasta la suspensión de su participación como miembro del G8 -que volvió a ser G7, y como cooperador de la OCDE (Palacio, 2019-a)2. Además, luego de Crimea, otras dos regiones ucranianas de la cuenca del Donbass (Donetsk y Lugansk) se autoproclamaron repúblicas y solicitaron su incorporación a Rusia, ocasionando un estado de conflicto permanente en Ucrania, desde 2014.
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE. UU., en 2017, su gobierno adoptó una geopolítica distinta a la de su predecesor (Obama). En lo que respecta a China, el gobierno estableció una política de confrontación directa -especialmente, en el plano económico (denominada guerra comercial); sin embargo, con Rusia entabló una relación de inusitado acercamiento y tolerancia, llegando -incluso, a producirse investigaciones en el ámbito político interno, respecto a la posible injerencia que pudo haber tenido Rusia en la política doméstica de los EE.UU. y, respecto del presunto apoyo que el gobierno ruso pudo haber brindado para el triunfo electoral de Trump, en las elecciones de 2017.
Sin embargo, tras la derrota electoral que experimentó Trump en su aspiración de reelección presidencial y, la asunción de Joe Biden como presidente de los EE. UU., a inicios de 2021, ese país experimentó otro giro geopolítico. Las relaciones de los EE. UU. con Rusia se volvieron a tensar y, significativamente, entre enero y abril de ese año, Rusia empezó a trasladar tropas a la frontera con Ucrania y a la península de Crimea, en lo que el secretario general de la OTAN-Jens Stoltenberg, definió como "la mayor acumulación de tropas rusas desde la anexión de Crimea" (El País, 01/03/22).
Entre los últimos meses de ese año y comienzos de 2022, el conflicto Rusia-Ucrania evidenció una escalada, derivando en la incursión rusa al territorio de este último, iniciada el 24 de febrero de 2022. La guerra entre Rusia y Ucrania trajo importantes desafíos para los países de Occidente y Oriente, ya que, no sólo puso, nuevamente, en cuestión el rol de la Comunidad internacional para frenar la incursión de una potencia en un país menos desarrollado2o, sino el de la OTAN frente a su histórico rival. Además, pese al apoyo que expresó China hacia Rusia, en los inicios de esa incursión, la misma representa un importante dilema para la seguridad internacional y la relación Rusia-China.
Desde la argumentación rusa, la incursión se justificó en nombre de la desmilitarización de Ucrania, la defensa de los derechos humanos en las autoproclamadas repúblicas de la cuenca del Donbass (prorrusas)2, pero -fundamentalmente, por la amenaza que representaría para la seguridad rusa, la incorporación de Ucrania a la OTAN. Desde el punto de vista de Ucrania y, la mayor parte de la Comunidad internacional, Rusia se convirtió en un estado agresor quetransgredió los principios del derecho internacional y la soberanía de Ucrania.
Lo cierto es que, tanto los EE. UU., como la UE, decidieron -hasta el momento, no intervenir directamente en el conflicto y reaccionaron imponiendo severas sanciones económicas y de otra índole a Rusia, con el fin de aislar a ese país del sistema internacional. Por su parte, China continuó jugando un papel de apoyo implícito al gobierno ruso, enfatizando en la necesidad de buscar una salida diplomática al conflicto, pero absteniéndose de condenar la invasión rusa a Ucrania, en el Consejo de Seguridad.
Aunque varios analistas observan con desconfianza la vinculación entre Rusia y China, los antecedentes de esta provienen desde 1996, cuando Rusia, China, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán conformaron el Grupo Shanghái (Shanghai Five), con el propósito de fortalecer la confianza en materia de seguridad y el desarme en regiones fronterizas. El
Grupo Shanghái propició una creciente convergencia de la agenda de Beijing con la de sus vecinos del Oeste y fue el germen de la Organización de Cooperación de Shanghái (OcS), creada en junio de 2001 por los cinco participantes del diálogo fronterizo - China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán, más Uzbekistán23.
La OCS se creó con el propósito de construir una nueva estructura de seguridad regional que permitiera consolidar la integridad territorial de cada Estado miembro2. Entre sus objetivos figuran, además, la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo25, problemas con los que han venido lidiando algunos de los miembros más relevantes de la organización.
Sin embargo, para algunos analistas, el propósito de la Ocs fue cercar la influencia de Occidente, contrarrestando la hegemonía de los EE. UU. en Asia central y la región Euroasiática. Otros postularon que, aun cuando hay una aparente convergencia de intereses entre China y Rusia, líderes de la OcS, en el fondo se avizora una aspiración de China de convertirse en el hegemón regional, sustituyendo el predominio de Rusia en la región (Larpin, 2011: 50-1). Incluso, podría argumentarse que las desavenencias entre sus dos socios mayores, Rusia y China, fueron responsables de los magros progresos que registró la OcS en sus dos décadas de existencia (Alonso Marcos & Nurimbetov, 2021).
Empero, no debe menospreciarse la trascendencia de la alianza chino-rusa, considerando que se trata regímenes históricamente confrontados. Por ello, la incursión rusa en Ucrania abre un nuevo escenario en la geopolítica del siglo veintiuno, ya que, más que plantearse una rivalidad implícita y/o indirecta (en términos económicos y de poder blando), como atestiguó el mundo en las primeras dos décadas de este siglo, parece resurgir el fantasma de una nueva Guerra Fría, con otras particularidades, donde, además de reabrirse la carrera por el rearme militar (Paz Armada), hay tres colosos que parecen tener intereses en conflicto, lo que incrementa la incertidumbre sobre la estabilidad del sistema actual.
Desde el análisis geoestratégico, posiblemente, la demanda rusa por el expansionismo de la OTAN hacia el Este pudo hallar su justificación desde la perspectiva de seguridad de aquel país2. Pero, lo cierto es que la imprevisión con que se realizó la incursión, además de la asimetría de poder existente entre Rusia y Ucrania, han representado no sólo un reto para Occidente, sino una muestra de fuerza para la propia China.
Indefectiblemente, Rusia pagará un costo elevado por esa incursión, aun cuando consiguiere algunos de sus objetivos, incluso, evitar la posibilidad de ingreso de Ucrania a la OTAN27. No sólo su economía -que ya estaba estancada desde hace una década, será afectada, sino que se tornará más dependiente de China y algunos aliados poco relevantes en la escena internacional que apoyan a Rusia desde otras latitudes2. Por otra parte, su prestigio está cada vez más denigrado, no sólo por el cuestionamiento que levantó la incursión rusa en distintas partes del mundo, sino porque la misma parece haber puesto en evidencia algunas falencias en el poderío militar de ese país.
Si volvemos la mirada al pensamiento de Robert Gilpin, podríamos decir que Rusia,posiblemente, percibió algunas precondiciones que aparecen asociadas al estallido de una guerra hegemónica, entre otras: a) el cierre del espacio y oportunidades que acontece cuando un sistema internacional madura y, la expansión de los Estados produce que la distancia entre ellos decrezca, llevando las relaciones a un juego de suma cero; y b) la percepción de que un cambio histórico fundamental está teniendo lugar y, que el poder dominante desafiado no tiene otra opción que la guerra hegemónica, ya que, las alternativas disponibles para un Estado cuyo poder está siendo eclipsado son, comprometerse en una guerra mientras el balance está todavía en favor del estado, o involucrarse en la guerra después, cuando la marea pueda haberse tornado en contra de él (Gilpin, 1981, citado por Palacio, 2019-a: 107-8).
Para el poder declinante, la guerra hegemónica es más un instrumento para minimizar pérdidas que para maximizar ganancias. Por ello, desde el análisis gilpiniano, hay quienes podrían argumentar que Rusia fue empujada a tomar la decisión de incursionar en Ucrania en momentos en que, no sólo su poder está declinando (fundamentalmente, desde el punto de vista económico), sino que, también, desde hace tiempo está en debate el declive del poder de los EE. UU.; por otro lado, todavía la OTAN no estaba consolidada a lo largo de la frontera rusa, ya que Ucrania no era aún miembro de esa organización. De modo que, la decisión de enfrentarse a Ucrania (sola) versus enfrentar a Ucrania como parte de la OTAN, claramente, tenían costos diferentes para Rusia en el corto plazo.
Desde la perspectiva histórica, la situación del sistema internacional actual parece evocar aquella que Edward Hallet Carr observaba en algunos países de Europa, hacia finales de la década de 1930, cuando afirmó que predominaba más el idealismo que el realismo. Además, también resuena la argumentación de Charles Kindleberger sobre la necesidad de un hegemón para garantizar la estabilidad del sistema internacional. Posiblemente, la falta de un hegemón es otro factor que pudo haber ponderado Rusia, al tomar la decisión de transgredir la soberanía de Ucrania.
Por último, los acontecimientos bélicos que tuvieron lugar entre la desaparición del orden bipolar y las primeras décadas del siglo veintiuno, incluyendo la incursión de Rusia en Ucrania, ponen en evidencia la anacronía y fragilidad del esquema institucional mundial que se organizó en la segunda posguerra que, pese a sus logros acotados, ha derivado más en una monstruosa burocracia sostenida por los Estados a nivel internacional que, en un sistema efectivo para garantizar la estabilidad y la paz mundial. Nuevamente, la ausencia de un hegemón que pueda garantizar la estabilidad del sistema internacional torna apremiante la necesidad de avanzar en reformas de los organismos multilaterales, a fin de incrementar su eficacia para contener la proliferación de conflictos bélicos.
c) El lado oculto de la alianza China-Rusia: temores, desconfianza y rivalidad histórica
Si bien la alianza entre China y Rusia proviene de larga data y, parece sostenerse, aún frente a los cuestionamientos que emergieron por la incursión a Ucrania, lo cierto es que dicha relación no estuvo exenta de conflictos, en décadas pasadas.
Por un lado, cabe señalar la histórica ruptura que se produjo entre China y Rusia, luego de la desaparición de Stalin y el intento de Krushev de acercarse a los EE. UU. Por otro lado, es importante recordar el cambio en la óptica geopolítica que llevó adelante este último país, bajo la administración Richard Nixon, cuando buscó el acercamiento con la China de Mao. Como señalara Kissinger (2014), se trató de una estrategia clave de los EE. UÚ. para contener a los soviéticos en plena Guerra Fría, así como, para evitar la conformación del temido bloque chino-soviético. El autor sostuvo que, Nixon emprendió la táctica de transformar el mundo de dos potencias en un triángulo estratégico, con el propósito de evitar que China fuese sometida a la Doctrina Brezhnev y, terminara bajo la dominación soviética, tal como había acontecido con Checoslovaquia, en febrero de 1948. Además, señaló que "Nixon y sus consejeros consideraron que la independencia china era indispensable para el equilibrio mundial" (Kissinger, 2014: 716-7).
Para Kissinger, la táctica de Nixon constituyó el retorno de los EE. UU. al mundo de la Realpolitik, aunque más no fuese por un breve lapso, ya que, tras su renuncia, los presidentes subsiguientes retomaron la tradicional retórica idealista. No obstante, el acercamiento que consiguió Nixon con Mao derivó en el Comunicado de Shangai (1972) que durante todo el decenio sirvió de guía para las relaciones chinoestadounidenses, estableciendo -entre otras cuestiones fundamentales, que ambos países se opondrían a todo intento de cualquier país por dominar Asia. Esa alianza de facto que, se pergeñó entre los dos colosos, fue posible debido a que la postura de Mao era que "[...] la principal amenaza a la seguridad era la Unión Soviética" (Kissinger, 2014: 722).
Aunque el mundo cambió drásticamente desde el final de la Guerra Fría, los temores y desconfianzas entre estos países no se han desvanecido. En las publicaciones que sacó a la luz WikiLeaks de documentos diplomáticos confidenciales de los EE. UU., quedó en evidencia la inquietud y desconfianza que mantienen los rusos sobre el incesante crecimiento económico, demográfico (Gráfico N° 5) y tecnológico de China; además, sobre la posibilidadde que este último invada y/o colonice parte del territorio de Rusia, a través de la expansión de su población, sobre todo, en la región del Lejano Oriente Ruso, donde Rusia tiene escasa población.

Gráfico N° 5: Población, total
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial, "Indicadores del desarrollo mundial". https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.PCAP.PP.KD?locations=CN-US-RU (consultado el 15/02/2022).
Como argumentó Waltz (1979), la configuración de un sistema internacional tripolar tiende a ser inestable y, el curso de los acontecimientos podría conllevar a que el sistema derive en una bipolaridad o multipolaridad (si la UE y/u otros actores de peso lograren reconstruir su poder para equilibrar las fuerzas a nivel mundial). Sin embargo, la bipolaridad es un escenarioviable, en el caso que los EE. UU. continúen presionando a China y/o Rusia. Aunque estos últimos comparten una alianza de larga data (Ocs) y tienen afinidades político-ideológicas, considerando sus desconfianzas y rivalidades, más que la afinidad podría unirlos la amenaza del poder de los EE. UU. De modo que, la geopolítica del terror es lo que, nuevamente, parece estar movilizando las alianzas internacionales en el siglo veintiuno.
Finalmente, es importante recordar que, durante la Guerra Fría del siglo veinte el temor a unaguerra total (nuclear) contuvo la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. Pero no hay garantías de que los líderes actuales continúen evidenciando ese nivel de responsabilidad. Como sostuvo Gilpin "[...] la política internacional puede ser caracterizada como lo era por Tucídides: la interacción de fuerzas impersonales y grandes líderes [...el] líder puede guiar el barco del estado en una dirección o en otra" (Gilpin, 1981, citado por Palacio, 2019-a: 31). Cualquiera que sea esa dirección, tendrá impacto en el sistema político y económico internacional, ya que, como reconocen numerosos analistas, la geopolítica y la geoeconomía están profundamente intrincadas.
## IV. COnclusiONES
Aunque podrían establecerse diversos paralelismos entre el sistema internacional actual y períodos históricos en los que se evidenció el retorno de la geopolítica -en términos de rearme y bipolarización mundial, no es posible determinar cuál será el curso de los acontecimientos internacionales. No obstante, las constantes históricas nos permiten afirmar que el terror que genera la posibilidad de una guerra total, posiblemente, permita que la diplomacia continue siendo una de las principales herramientas de definición del curso de la política internacional,en el siglo veintiuno. Además, la sola tensión que significa la posibilidad de una Tercera Guerra implicará severas consecuencias para la economía y el comercio mundial, que ya fueron afectados por la crisis que generó la pandemia del Covid, en los inicios de la tercera década del dos mil. En ese marco hay que evaluar, también, el alcance de las consecuencias económicas que, inevitablemente, generarán las sanciones impuestas a Rusia, debido a la incursión en Ucrania.
Si bien la geoeconomía demostró que no se ha generado bienestar y beneficio para todos los participantes, no hay dudas de que la integración al mercado mundial continúa siendo una vía para favorecer el crecimiento económico, así como para luchar contra el flagelo de la inflación que, vino deteriorando la productividad de algunas economías en América Latina -como Venezuela y Argentina, pero que, a inicios de esta década, amenaza con generar un ciclo ascendente a nivel internacional -posiblemente, de estanflación. A la gran emisión que efectuaron los países para contrarrestar la crisis ocasionada por la pandemia, en 2020 y 2021,se podría añadir la caída del comercio mundial y el incremento en los precios de las materias primas que está impulsando la guerra Rusia-Ucrania.
Como señalara De Mateo y Sousa (1993: 978), en la segunda mitad del siglo pasado, el equilibrio del terror cedió paso a la integración de grandes espacios económicos, y la geopolítica, encaminada hacia la guerra, fue desplazada por la geoeconomía. Sin embargo, el siglo veintiuno no sólo atestiguó un resurgimiento de la geopolítica -en su aspecto más militarista, sino que evidenció que, contrariamente a lo que sostenían los defensores de la globalización, los cambios producidos en la geoeconomía han suscitado importantes conflictos entre los Estados28, incrementando la incertidumbre sobre la futura estabilidad del sistema internacional.
Varios analistas señalaron que el cambio en la distribución de poder económico mundial -en favor de China, posiblemente, incidirá en la disputa por el liderazgo internacional. Ello también conllevó a que, en el propio corazón del capitalismo occidental, los EE. UU., el intervencionismo económico resurgiera con determinación, derivando en conflictos comerciales de magnitud significativa, principalmente, entre los EE. UU. y China. Aun así, la geoeconomía, entendida como la conformación de espacios económicos integrados a nivel internacional, seguirá existiendo y dependerá mucho de los grandes actores mundiales, como los EE. UU., China y Rusia3. La geopolítica y la geoeconomía no sólo están intrincadas, sino que, en gran medida, la primera determina el curso de la segunda.
Por último, los acontecimientos bélicos que tuvieron lugar entre la desaparición del orden bipolar y las primeras décadas del siglo veintiuno, incluyendo la incursión de Rusia en Ucrania, ponen en evidencia la anacronía y fragilidad del esquema institucional mundial que se organizó en la segunda posguerra que, pese a sus logros acotados, ha derivado más en una monstruosa burocracia sostenida por los Estados a nivel internacional que, en un sistema efectivo para garantizar la estabilidad y la paz mundial. Nuevamente, la ausencia de un hegemón que pueda garantizar la estabilidad del sistema internacional torna apremiante la necesidad de avanzar en reformas de los organismos multilaterales, a fin de incrementar su eficacia para contener la proliferación de conflictos bélicos.
La incursión rusa en Ucrania podría representar la sombra de una eventual guerra hegemónica, si los acontecimientos terminan precipitando una bipolarización inflexible, con el involucramiento directo de grandes poderes en dicho conflicto. En este sentido, es precisorecordar que, a diferencia de Waltz (1979) - quien consideraba que el sistema bipolar era el más estable, Gilpin (1981, citado por Palacio, 2019-a) señaló que la bipolarización es el escenario más peligroso que puede asumir el orden mundial, porque crea un escenario de juego de suma cero. Por ello, una nueva escalada del rearme militar -al estilo de una "Paz Armada", es otro factor que arroja incertidumbre sobre la estabilidad del actual sistema político y económico internacional.
El rol de China frente a estos desarrollos, nuevamente, aparece como trascendental para mantener el equilibrio internacional, no sólo por la importancia que reviste su economía a nivel mundial, sino por las dimensiones que podría conllevar la conformación de un bloque hostil chino-ruso. Como se mencionó anteriormente, la demostración de fuerza militar que está efectuando Rusia con su incursión en Ucrania, no sólo está destinada a Occidente, sino que puede ser una muestra para la propia China, país que cuenta con un poderío económico significativo, pero cuyo desarrollo armamentístico, en parte, todavía depende del aprovisionamiento de Rusia31.
### Artículos periodísticos
[^1]: Silvana Priscila Palacio es Doctora en Relaciones Internacionales y Magister en Relaciones Económicas Internacionales. Es Profesora Adjunta y Profesora de Posgrado de la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Económicas. Es Directora de Proyectos de Investigación Científica de la Universidad de Buenos Aires, desde 2010 hasta la actualidad, y su campo de investigación es Economía Internacional e Historia Económica. Como Investigadora Senior, trabaja para instituciones académicas nacionales e internacionales y es autora de varios libros y artículos. _(p.1)_
[^2]: En América Latina, además del efecto maligno y siniestro de la política de Hitler (parafraseando a Evans y Newnham, 1998), pareció evidenciarse -en ciertos sectores académicos, una tendencia a asociar la geopolítica con la doctrina de seguridad nacional que impulsaron los gobiernos militares, en la segunda mitad del siglo XX (Palacio, 2018). _(p.2)_
[^3]: Retirado como Brigadier General del Estado alemán, en 1919, tras concluir la Guerra, se desempeñó como Jefe de editores de la “Zeitschrift für Geopolitik", publicación patrocinada por la Universidad de Múnich, además de ser Profesor de Geopolítica, Decano y Director del “Institutí für Geopolitik” en dicha institución académica. Entre 1934 y 1937 fue Presidente de la Academia Alemana y, en 1938, Presidente de la Organización Popular de Alemanes Residentes en el Extranjero (Warner et al., 2016: 157-8). _(p.2)_
[^4]: Para algunos, considerada una subdisciplina de la geopolítica. _(p.2)_
[^5]: A modo de muestra del creciente interés en los estudios económicos internacionales, se destaca que en los años 1970 nació la Economía Política Internacional, como disciplina autónoma. _(p.2)_
[^6]: Recordemos que, ya Triffin (1962) alarmado por la crisis de balance de pagos de ese país, advertía el rápido deterioro que estaba evidenciando la economía de los EE. UU., desde la década de 1950. Por su parte, Thompson (2018), basándose en la evolución de algunos indicadores del poder de los Estados, también observó que el poderío de los EE. UU. fue declinando desde aquella década y, aunque ello no se evidencie desde la perspectiva militar, se traduce en el surgimiento de poderes desafiadores. _(p.3)_
[^7]: Si bien el crecimiento de los años noventa le había permitido a ese país experimentar una situación de relativo auge económico, el estancamiento volvió a evidenciarse a finales del siglo pasado. _(p.4)_
[^8]: La guerra contra Afganistán fue la primera reacción del gobierno de Washington al ataque del 11-S. Afganistán fue acusado cobijar a terroristas del grupo Al-Qaeda, ideólogos del mencionado atentado, y a su líder, Bin Laden. Los EE. UU., con la colaboración del Reino Unido llevó adelante los ataques que contaron con el apoyo de Canadá, Australia, Alemania y Francia, además de otros cuarenta países. _(p.4)_
[^9]: Entre los países que desde un comienzo se pronunciaron en contra de la invasión a Irak encontramos a: Alemania, Bélgica, China, Francia, Rusia, Siria, y los Países No Alineados (114 países), entre otros; mientras que se pronunciaron a favor, el Reino Unido, España, Italia, Australia, Kuwait, Israel (aunque no participó de la guerra) y países del Este de Europa, entre otros (Palacio, 2019-b). _(p.4)_
[^10]: maoríaaqs furon toudicados terroristas. _(p.4)_
[^11]: El crecimiento de los precios de las materias primas, entre otros del petróleo, fue un aliciente para que la economía rusa dejara atrás los funestos años de la década de 1990. _(p.4)_
[^12]: Las aspiraciones de Georgia y de Ucrania de unirse a la OTAN fueron algunas de las argumentaciones que adoptó Rusia para justificar las incursiones que transgredieron la soberanía de ambos Estados. _(p.5)_
[^13]: China es miembro e adesde Rusia sincorporó al FMI en 1992, y es miembro de la OMC desde 2012. China y Rusia empezaron a cooperar estrechamente con la OCDE desde el 2007, en el caso de Rusia con vistas a su futura adhesión a la organización. La negociación con Rusia se vio suspendida desde 2014. Sin embargo, China continúa cooperando con la OcDE, en carácter de socio clave. _(p.5)_
[^14]: LosEE.U. y China son las dos economías más grandes del mundo, pero los EE. UU. y Rusia representan los dos países con mayor poder nuclear, a nivel internacional. _(p.5)_
[^15]: Enestos datos esá contemplada la caída que atestiguaron las economías en 2020, producto de la pandemia del Covid-19. _(p.7)_
[^16]: egún el Banco Mundial, n, la economía rusa ocupó el puesto número 11 entre las mayores economíasdel mundo, muy por debajo de la economía estadounidense y china (que ocuparon el primer y segundo puesto,respectivamente). _(p.8)_
[^17]: vigencia a partir doctubre d. _(p.8)_
[^18]: 1La incursión a Georgia empezó el 7 de agosto de 208, tras la decisión del presidente de ese país, Mijail Shaakashvili, de recuperar territorios rebeldes, independientes de facto, pero dependientes de Rusia: Osetia delSur y Abjasia. Rusia llevó adelante una ofensiva militar aplastante contra Georgia que, en cinco días, acabó conla resistencia georgiana (Palacio, 2019-a). _(p.10)_
[^19]: El conflicto entre Rusia y Ucrania se inició el 21 de noviembre de 2013, cuando el presidente ucraniano, Víctor Yanukovich, decidió desestimar el Acuerdo de Asociación con la UE, para reforzar relaciones con Rusia. Entre fines de 2013 y comienzos de 2014, ocurrieron numerosas manifestaciones en contra de Yanukovich. El 22 de febrero, el Parlamento ucraniano destituyó a Yanukovich y designó presidente interino a Alexander Turchinov. Turchinov reclamó a Rusia por la injerencia armada en Crimea -que había sido aprobada por el Parlamento ruso a pedido de Putin. Mientras Crimea se proclamaba independiente, el referéndum para solicitar su incorporación a Rusia se realizó el 16 de marzo. Al día siguiente, Crimea solicitó su formal incorporación a Rusia, que fue aceptada el 18 de marzo (Palacio, 2019-a). - Pese a ello, varios analistas acuerdan en que los mayores perjuicios fueron para Ucrania, país que vino lidiando entre la dependencia económica de Rusia y sus aspiraciones de integrarse a la UE y la OTAN. _(p.11)_
[^20]: n su momentoocurró las incursins estadounidenss en Medio Oriente. _(p.11)_
[^21]: sk Luganskndeendenciafcoida el 21/02/2022. _(p.11)_
[^22]: cuenta con nueve miembros, considerando que n adhirieron India y Pakistán, y, en 2021, se concretó la adhesión de Irán como miembro de esa organización (Anadolu Agency-AA, 17/09/21). _(p.12)_
[^23]: 24Según la Declaración sobre el Establecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghai (2001), los estados miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai adhieren firmemente a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, principios de respeto mutuo por la independencia, soberanía e integridad territorial, igualdad y beneficio mutuo, resolución de todos los problemas a través de consultas mutuas, no injerencia en asuntos internos, el no uso o la amenaza del uso de la fuerza militar y la renuncia a superioridad militar unilateral en áreas vecinas. _(p.12)_
[^24]: Tal como surge de la Convención de Shanghái sobre la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo (2001). _(p.12)_
[^25]: 26En ocasión del conflicto por Crimea, Kissinger (The Washington Post, 05/03/2014) sostuvo que Ucrania no debía unirse a la OTAN, considerando no sólo la posición geoestratégica de ese país -en la frontera entre Oriente y Occidente, sino la larga relación histórica, política y cultural que Ucrania mantuvo con Rusia, desde hace siglos. a actualidad, era viable que se concrete elingreso deUcrana como miembro de la OTAN. _(p.12)_
[^26]: Como caso deVenzuela Niaragua, entre. _(p.12)_
[^27]: 2Y en el ámbito económico, social y político doméstico de numerosos países. _(p.15)_
[^30]: Si bien este último país no es un actor destacado en la economía internacional, su rol como uno de los principales exportadores energéticos del mundo, inevitablemente, repercutirá en el desempeño de la economía internacional. _(p.15)_
[^31]: Según Wezeman et al. (March 2020), Rusia es el segundo exportador más grande de armas en el mundo, después de los EE. UU., mientras que China representa el segundo cliente más importante de armas de Rusia, después de la India. _(p.15)_
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The Uncertainty of a Tripolar World: The Return of Militaristic Geopolitics and the Relevance of Geoeconomics in the First Decades of the 21st Century. A Brief Mention about the Russia-Ukraine Conflict